NUEVAS COSECHAS DE ANTIGUAS VERDADES – TERCERA PARTE

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NUEVAS COSECHAS DE ANTIGUAS VERDADES.

TERCERA PARTE

ÍNDICE 

CAPÍTULO 1.- 1a. Tesalonicenses 1. –

CAPÍTULO 2.- 1a. Tesalonicenses 2 (a)

CAPÍTULO 3.- 1a. Tesalonicenses 2 (b)

CAPÍTULO 4.- 1a. Tesalonicenses 3.-

CAPÍTULO 5.- 1a. Tesalonicenses 4.-

CAPÍTULO 6.- 1a. Tesalonicenses 5(a)

CAPÍTULO 7.- 1a. Tesalonicenses 5 (b) 

CAPÍTULO 8.- 2a. Tesalonicenses 1.

CAPÍTULO 9.- 2a. Tesalonicenses 2.-

CAPÍTULO 10.- 2a. Tesalonicenses 3.-

CAPÍTULO 11.- CRISTO en vosotros, la esperanza  de gloria – Rectificación 

CAPÍTULO 12.- 1a. epístola de Pablo a Timoteo. (a)

CAPÍTULO 13.- 1a. epistola de Pablo a Timoteo.(b)

CAPÍTULO 14.- 1a. epístola de Pablo a Timoteo.(c)

CAPÍTULO 15.- 1a. epístola de Pablo a Timoteo.(d) 

CAPÍTULO 16.- 1a. epístola de Pablo a Timoteo. (e)

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CAPÍTULO  1.-  1a. Tesalonicenses 1.-

Se considera que es la primera epístola escrita por Pablo, estimándose como la fecha más probable el año 54 de la era cristiana.El relato de cómo nació la iglesia en Tesalónica, consignado en Los Hechos 17: 1-9 nos resulta de mucha importancia para comprender mejor esta epístola. Todo indica que el tiempo que Pablo estuvo allí fue de solamente tres semanas, en las cuales predicó en la sinagoga los días Sábados en que se reunían. El resultado de esa predicación fue que se convirtió un gran número de griegos piadosos, y además mujeres nobles no pocas, según consta en el versículo 4b. 

  Evidentemente, después del primer Sábado,  durante la semana, Pablo, acompañado por Silas debe haber  compartido mucho todo el tiempo que las circunstancias permitieran, exhortándoles, enseñándoles y fortaleciéndoles en la fe que de forma tan reciente habían abrazado.

Como en tantas otras ocasiones, llenos de celos, los judíos que no creían  levantaron una fuerte persecución. Llama la atención sobremanera las primeras palabras que pronunciaron a gritos al acusarlos ante las autoridades de la ciudad:- «Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá.»

Debemos comprender que con anterioridad inmediata Pablo y Silas habían padecido mucho en Filipos, pero aún así fueron muy valientes en predicar igualmente con denuedo en Tesalónica. Decimos esto,, porque para ese resultado tan propicio y poderoso, debe tenerse en cuenta que habían pagado el precio, con tanto padecimiento y persecución. De todos modos, les valió la distinción de ser calificados de ser los que trastornan el mundo entero. Por cierto que esto nos hace sentir diminutamente pequeños.

En cuanto a Pablo, no debemos olvidar lo que el Señor le anticipó a Ananías, cuando le instó a ir  a imponerle las manos y orar que recobrase la vista. Después de  decirle que era un instrumento escogido para llevar Su nombre, agregó: «Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.» (Los Hechos 9: 16)

Pasamos ahora a comentar la  epístola en sí, y notamos en primer lugar que además de Silas, que lo acompañó en el encarcelamiento en Filipos, menciona a Timoteo como un segundo acompañante.  Vemos que en Su gran misericordia y comprensión, el Señor dispuso que Timoteo, siendo muy joven para afrontar el sufrimiento que le tocó a los dos apóstoles, no permitió que tuviera que padecer juntamente con ellos.

En la salutación inicial notamos la palabra gracia (no podía faltar!) Ya hemos puntualizado que en todas sus epístolas la encontramos al principio y al final, como así también entrelazada en la trama del texto, como denotando que todo empieza por gracia, continúa de  la misma forma y concluye también por gracia.

Sin querer entrar en controversia, la única excepción la encontramos en el principio de Hebreos, que contra la opinión de algunos, creemos que fue escrita por él.

De todos modos, la sencilla explicación es que el fue un depositario superlativo de la gracia divina, lo cual lo impulsaba a hacer un uso tan frecuente de esa palabra tan preciosa. No nos equivocamos en decir  que él la empleó más que ningún otro escritor del Nuevo Testamento.

En los versículos 2 y 3,  emplea el verbo en el plural, lo que nos da a entender que en lo que sigue participaba también Silas y seguramente asimismo el joven Timoteo. Afirma que los recordaban siempre delante del Señor con mucha gratitud, señalando tres virtudes encomiables de estos queridos nuevos convertidos:- el obrar de su fe, el trabajo de su amor y su constancia.

Nos limitamos a decir que si bien no somos salvos por obras, evidentemente la fe, si es genuina,se ha de concretar en obras, tal cual se nos señala en Santiago 2: 22.

Igualmente, el amor no es algo pasivo, sino una fuerza propulsiva que se exterioriza en labores propias del reino del amor.

Y desde luego la constancia es una virtud excelente, que debiera encontrarse en todo verdadero hijo de Dios. La falta de ella sólo puede conducir, a la larga, a una decadencia espiritual mu peligrosa. Cuidemos bien de que no nos falte el ser constantes en todo lo atinente al reino imperecedero y eterno. Seguidamente Pablo pasa a expresar la seguridad  de la elección de los tesalonicenses. No comentamos sobre este particular porque ya lo hemos hecho más de una vez en obras anteriores – sólo repetimos resumiendo en dos palabras, por así decir- la elección de Dios es según su presciencia o conocimiento anticipado.

La ministración del evangelio entre los tesalonicenses, como vemos en el versículo 5, no fue por cierto en palabras solamente, sino en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre – otra vez un  trío de verdades y virtudes cardinales.

Pablo concluye el versículo diciendo «…como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.» Ostentaban las verdaderas credenciales de todo auténtico siervo de Dios, de las cuales nos ceñimos a señalar tres – una conducta intachable, amor desinteresado y fe acompañada de la plenitud del Espíritu.

Ese ejemplo de Pablo, Silas y Timoteo reprodujo según su género, si cabe la frase. Efectivamente,, en el versículo 6 leemos que los queridos tesalonicenses vinieron a ser imitadores de ellos y del Señor mismo, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, y esto con gozo del Espíritu Santo.

Qué maravillosa manifestación del poder de Dios para transformar vidas por el poder del evangelio! Todo el pasaje que se extiende hasta el versículo 9 está lleno de verdades que lo atestiguan, a la par que demuestran qué tierra fértil habían resultado estos amados tesalonicenses. Tomemos los puntos principales.

1) Habían sido ejemplo a los que habían creído en toda la amplia zona de Macedonia, y también en Acaya, situada al Sur.

2) Partiendo de ellos la palabra del Señor se había proclamado no sólo en Macedonia y Acaya. En todo lugar – no sabemos exactamente el verdadero alcance de esto -la fe de ellos se había extendido.  

3) De este modo, Pablo y sus dos acompañantes no tenían necesidad de decir nada; todos los demás lo tenían delante de sí digamos, como evidencia cierta e incuestionable.

4) Y el resultado habla de por sí  con toda elocuencia.  Habían recibido a los siervos de Dios y su palabra, abrazándola de todo corazón. En su ignorancia anterior tenían  sus ídolos, pero ahora los habían dejado atrás por completo, pasando a servir al Dios vivo y verdadero.

5) Y no sólo esto – ahora tenían una nueva y gloriosa esperanza – aguardar al amado Señor que había muerto y resucitado por ellos – Jesús, Quien los había librado de la ira venidera.

Creemos que es un modelo precioso y perfecto del obrar auténtico de Dios, conjugándose con otros dos factores o requisitos imprescindibles a saber, siervos dignos de verdad y tierra fértil donde la palabra divina puede germinar favorablemente.

Como punto final sobre este breve pero muy sustancioso primer capítulo, debemos señalar que, al igual que los cuatro siguientes, concluye con la segunda venida. Un tema glorioso, que siempre se encontraba en el corazón y la visión de la iglesia primitiva, en los días de su máximo esplendor.

Creemos que es algo que la iglesia en general debe recuperar – ´Maranatha – ven pronto Señor Jesús! 

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CAPÍTULO 2-

La 1a. epístola de Pablo a los Tesalonicenses (b)

 En este segundo capítulo de la epístola , Pablo en cierto modo recapitula la entrada del evangelio a Tesalónica y al hacerlo nos da un riquísimo legado de verdades y principios propios del evangelio.

Después de señalar que su visita – la de él juntamente con Silas y  Timoteo – no había sido en vano, les recuerda que tras haber sido maltratados y ultrajados en Filipos, igualmente, apoyándose con denuedo en el Señor, les anunciaron el evangelio en medio de gran oposición.

Lo que sigue a continuación nos brinda una relación amplia y veraz de lo que es un auténtico siervo o sierva del Señor. Ya en el versículo 2 tuvimos la faceta de valientes de verdad, que en medio de gran persecución no se amilanan, sino que valerosamente cumplen con la misión que les ha sido encomendada de proclamar las gratas nuevas de salvación.

Ya anteriormente en Los Hechos 15: 26 se habla de  Pablo y Bernabé como «hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.» Lo mismo puede decirse ahor de Silas.

Aun cuando, por ahora por lo menos, no nos ha tocado el honor de exponer la vida por el  Señor, debemos desde luego ser valientes en muchos otros sentidos, menos heroicos o gloriosos tal vez, pero igualmente importantes. Entre otras cosas, podemos pensar en ser valientes obrando con limpieza, cuando en el trabajo, por ejemplo se nos pide que hagamos algo que no es limpio, o bien que no es honrado o que supone enredarse con una mentira de alguna manera.

Tengo presente el caso de un hermano mío en la carne y en el Señor, cuando hace muchos años se desempeñaba en un cargo de secretariado, con tareas, entre otras, la de redactar cartas en inglés y mecanografiarlas – en aquellos tiempos el ordenador y toda la tecnología actual eran desconocidos !

El gerente, que a menudo le dictaba cartas,  sabía que mi hermano no consentía en ser partícipe de algo que supusiera una mentira. A veces quería decir en sus cartas cosas que no eran estrictamente verdad. No obstante, sabedor de los escrúpulos de conciencia de Ronaldo – que así se llamaba y se llama – vacilaba un poco, y luego, buscando conciliar las dos cosas – lo que él quería decir pero sin contrariar los principios de Ronaldo, vacilaba un poco, diciendo «…a ver, ¿cómo podemos decir esto….? (1)

Otras virtudes propias de los verdaderos siervos y siervas se desprenden del versículo 3. La primera es la de una enseñanza y exhortación exenta de error.

En Juan 16: 13 el Señor Jesús dijo: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad…»

Aun cuando puede haber diferencias en algún detalle dentro de la vasta gama de la enseñanza, el verdadero siervo siempre traerá en los aspectos fundamentales la verdad clara y limpiamente trazada.

A renglón seguido se mencionan dos cosas harto evidentes, y que sólo han de aparecer en quienes no son por cierto de los verdaderos y auténticos – la impureza y el engaño.

Y a partir del versículo 4 y continuando hasta el 10, tenemos una buena lista de virtudes excelentes que ostentaba Pablo, y también sus acompañantes, teniendo en cuenta que en todo esto siempre emplea el verbo en el plural.

Tomémoslas, una por una. La primera es la de haber sido aprobados por Dios para que se les  confiase el inmenso privilegio de ser portadores del evangelio. No dejamos de  valorar por  cierto el lugar del instituto bíblico, siempre y cuando sólo inculque la enseñanza dentro de los parámetros bíblicos, sabiendo que tristemente hay aquellos en que el liberalismo, la alta crítica y demás proliferan por doquier.

Muchos años ha, mi fallecida esposa y un servidor, bastante antes de haber contraído el matrimonio, hicimos un curso en un  centro de enseñanza bíblica. No obstante,  a pesar de haber sacado buenas calificaciones en los trabajos por escrito que tuvimos que presentar, en verdad no salimos aprobados por el Señor para que se nos confiase el evangelio. Sí, habíamos predicado al aire libre, enseñado y predicado en algunas congregaciones  y testificado en la obra de evangelismo personal – pero todavía nos faltaba mucho.  Sólo el trato personal del Señor moldeándonos a través de experiencias de las más variadas, y esto a través de unos buenos años, pudo lograr que al final pudiésemos salir como obreros aprobados.

Lo que quiero significar en todo esto es que el hecho de haber cursado estudios bíblicos y aprobado exámenes no necesariamente lo convierte a uno en un obrero aprobado. Es por supuesto una buena aportación el prodigarle al estudiante un buen caudal de enseñanza bíblica. Pero al final de cuentas el que realmente aprueba es el Señor mismo, y esto más que de cursar estudios bíblicos y adquirir buenos conocimientos, se trata de de pasar por la escuela del Maestro de los maestros, digámoslo así. Él y sólo Él sabe como ningún otro la mejor forma de tratar, humillar, enseñar y equipar a fin de formar el carácter y la vida de un verdadero siervo Suyo.

En el mismo versículo 4  Pablo agrega «…así hablamos, no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones.»

Cuando a uno de veras se le ha confiado el evangelio, la responsabilidad ante el Señor es muy grande. No se debe de ninguna manera transigir «para quedar bien» agradando a los hombres.

Las palabras finales del versículo – «…quien prueba nuestros corazones» por cierto que calan muy hondo. En Hebreos 4: 12b leemos que la palabra de Dios discierne los pensamientos y las intenciones  del corazón,» tras lo cual en el versículo siguiente se añade: «y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.»

Son sin duda palabras que deben tomarse muy seriamente, y que nos deben llevar a un sano y saludable temor y temblor delante del Altísimo.

Seguidamente en el versículo 5, Pablo, siempre poniendo el verbo en el plural, asevera que Dios era testigo de dos            cosas elementales pero asimismo muy importantes. La primera de ellas, que no usaron palabras lisonjeras, las cuales evidentemente son propias de los falsos, y no de los genuinos siervos del Señor.

Y la segunda, que no encubrieron avaricia, es decir la intención de que se les diera dinero por los servicios prestados. Es lo que solemos llamar amor desinteresado, que sirve sencillamente por amor y sin la segunda intención de ser recompensado económicamente.

No obstante, en el siguiente versículo Pablo . agrega algo que merece que lo comentemos en detalle. «…ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.» 

Sirviendo al Señor como lo hacían, naturalmente tenían gastos de viaje y para sus necesidades personales. Tenían el derecho de que eso se reconociese y se les diese por lo menos lo suficiente para cubrir esas dos necesidades – la derivada de sus viajes y las personales, como alimento y hospedaje.

  Incluso debemos recordar que el mismo Señor afirmó en Lucas 10: 7 «que el obrero es digno de su salario.» lo cual, para mayor abundamiento, en 1a. Corintios 9: 14 Pablo lo rubrica al escribir «Así también ordenó  el Señor a los que anuncian el evangelio que vivan del evangelio.»

Entendemos que lo correcto es que ese principio establecido por el Señor se tenga en cuenta y sea puesto por obra. No obstante, el verdadero siervo del Señor nunca habrá de reclamarlo ni recordárselo a quienes les esté ministrando. Si se olvidan de hacerlo o bien las circunstancias no lo permiten – como por ejemplo muchas veces pasa en congregaciones de gente muy humilde, que apenas si llegan a cubrir sus gastos de alquiler del local de reuniones – entonces el siervo consciente y correcto no habrá de decir nada, sino confiar en el Señor, a Quien sirve y no a los hombres, sabiendo que Él será fiel para recompensarlo por sus labores cuándo y cómo lo vea indicado.

En los dos versículos siguientes – el 7 y el 8 – Pablo no sólo da a entender que de ninguna manera habían hecho uso de ese derecho que en realidad tenían, sino que pasa a manifestar el amor tan entrañable que sentían por esos nuevos convertidos de Tesalónica. 

«Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura s sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.»

Una expresión de amor singularmente entrañable y profunda.

¿Será que al padecer tanto al engendrar estos hijos espirituales, sería algo así como una madre normal siente tanto cariño por la criatura que ha dado a luz con sus muchos dolores de parto?

¿O será que el bendito amor del Crucificado, que dio Su vida por nosotros Sus amados, se había comunicado por la gracia del Espíritu  a ellos, los dignísimos apóstoles Suyos? Pensamos que las dos cosas caben, tal vez la segunda derivada de la primera.

Pero además ese amor tenía un aspecto muy práctico, a la  vez que sacrificado y noble.

«Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.»

El trabajo para costearse todos sus gastos y necesidades, sería el de hacer tiendas. Además de la instrucción intelectual, la costumbre entre el pueblo judío era que cada uno aprendiese también un oficio manual. El de Pablo, que como hemos dicho era de hacer tiendas, lo tenemos consignado en Los Hechos 18: 2-3, donde vemos que lo hacía juntamente con Aquila  Priscila.  Es muy posible que Silas, que también era judío, haya aprendido el mismo oficio con anterioridad, y podemos vislumbrar al joven Timoteo aprendiéndolo allí mismo en Tesalónica, bajo la tutela de Pablo.

De todos modos, lo que se desprende de todo esto es el esfuerzo y sacrificio enorme que todo esto demandaba. Por cierto que no se trataba de una vida fácil ni regalada, sino todo lo contrario. No obstante, como eran emisarios auténticos de un Dios fiel y consecuente, no dudamos que recibirían una gracia sobrenatural para sobrellevarlo airosamente.

  Como todavía falta bastante en este extenso segundo capítulo de la epístola, y para que el presente capítulo nuestro no se alargue en demasía, desglosamos, pasando a tratar la otra mitad en el siguiente.

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CAPÍTULO 3

1a. Tesalonicenses 2 (b)

En los versículos 10 y 11 Pablo, siempre poniendo el verbo en el plural, les vuelve a señalar la forma ejemplar e intachable en que se habían comportado durante las tres semanas en que habían estado con ellos en Tesalónica.

 Esto de ninguna manera debe interpretarse  como una muestra de auto alabanza. Había dos razones importantes. La primera es que sin duda los nuevos convertidos tesalonicenses iban a modelar sus vidas según el ejemplo de ellos – Pablo, Silas y el joven Timoteo.

  De hecho, en el versículo 12 que sigue inmediatamente, vemos que les habían exhortado en ese sentido: «…y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.» 

Y la segunda razón, también muy poderosa y además de largo alcance, es que el Espíritu Santo, sabedor por anticipado que esta epístola iba a formar parte de las Sagradas Escrituras, se encargó de que Pablo delinease las verdaderas credenciales de los auténticos siervos y siervas del Señor.

Esto ya se había hecho en oportunidades anteriores, tanto por la enseñanza del mismo Señor Jesús en los evangelios, y la oral de Pablo, Pedro y los demás apóstoles en muchas ocasiones anteriores. 

No obstante, sabemos  que la repetición reiterada de verdades capitales y cardinales, es una norma que el Espíritu Santo, muy sabiamente por cierto, se ha encargado de que no falte en todo lo largo de la Santa Biblia.

Pero volvemos atrás a los versículos 10 y 11 en que Pablo habla de la conducta de ellos durante esas tres semanas aproximadamente en que estuvieron en Tesalónica. «Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes, así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros.»

Acude a mi recuerdo haber leído en un escrito – creo que era del gran siervo de otrora Carlos Finney – sobre la santidad. Rebatiendo las afirmaciones de algunos de ese entonces que vivir en verdadera santidad era algo de la vida en el más allá, y no mientras se vive aquí en la carne, puntualizaba el testimonio de que esos tres siervos habían vivido en total santidad durante esas tres semanas, lo cual presuponía que lo podían seguir haciendo todo el resto de la vida.

Por otra parte, esa santidad iba acompañada de una justicia y de un proceder intachable, o irreprensible, para emplear el vocablo con que Pablo lo expresa.

Pero, además de esos tres aspectos, el comportamiento de ellos había sido muy entrañable. Tratándolos como padres a sus hijos,  exhortaban y consolaban individualmente a cada uno de ellos. Dos puntos finales sobre esto – eran hijos espirituales de verdad pues los habían engendrado en el evangelio, al igual que él a los corintios, según  leemos en 1a. Corintios 4: 15.

El otro punto es la labor ímproba y tesonera de hacerlo con cada uno de ellos, lo que habrá supuesto horas de darse con todo ahínco y nobleza.

«Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres,  sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes:» (Versículo 13)

Un versículo extenso y que nos presenta en primer lugar la profunda gratitud de Pablo – siempre empleando el verbo en el plural – por la recepción de los tesalonicenses al oír la palabra de Dios. No había ningún escepticismo ni duda – sabían bien que no eran palabras de hombres, sin peso ni sustancia, sino según era en verdad, la auténtica palabra divina.

Debe haber sido de mucho estímulo para los apóstoles que hubiera tan buena disposición en los corazones de ellos.

Y en segundo lugar, era una palabra viva, eficaz y transformadora, que actuaba poderosamente en los queridos tesalonicenses. Como ya hemos visto, les hizo dejar los ídolos de su vida anterior, para servir al Dios vivo y verdadero. 

«Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos.» (versículo 14)

Esto nos hace saber algo que no consta en el relato de Los Hechos. Efectivamente, en el mismo se nos dice que la persecución vino de parte de los judíos, celosos de ver la buena y abundante acogida de la palabra traída por Pablo y sus dos acompañantes. (Ver Los Hechos 17: 5-8)

Ahora, por el versículo 14 de la epístola citado más arriba, entendemos que también hubo persecución de parte de los incrédulos del pueblo y la ciudad de Tesalónica misma

En los dos versículos siguientes, Pablo expresa la maldad obstinada y perversa de los judíos que rechazaban la palabra.

«…los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios y se oponen a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo.» 

Entre otras cosas, llaman la atención en este pasaje las palabras «se oponen a todos los hombres» como si les fuera imposible vivir en concordia con alguno.

En realidad, esta rebeldía del pueblo de Israel ha sido algo crónico y que, acompañada de la idolatría, ha representado un quebranto para el corazón d Jehová, el Eterno, Quien los rescató del horno de fuego de Egipto, haciendo señales y milagros portentosos.

Verdad es que hubo épocas en la historia en que hubo en general una cierta fidelidad. Distinguimos entre otras el período del libro de Josué, y los tiempos de reyes fieles que hicieron lo recto ante el Señor, como David, Salomón, con la excepción de su apostasía hacia el final de su reinado, y otros buenos monarcas como Josafat, Ezequías y Josías. Pero, hubo etapas de francamente increíble rebeldía e idolatría, al punto de que el Señor, primero al reino del Norte, y más tarde al del Sur con Jerusalén  como capital, los hizo llevar cautivos a tierra extraña como escarmiento.

No obstante, como muestra de Su infinita misericordia, y también recordando Sus promesas a los tres patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob, hizo volver del cautiverio a una  buena parte de ellos en tiempos de Zorobabel,Esdras y Nehemías, para la reedificación del templo primero y posteriormente para la restauración del muro.

Sin embargo, en la vigilia de oración anoche – a 15 de Septiembre de 2020 -me ha venido una sano y saludable recordatorio de la mucha paciencia que el Señor ha tenido conmigo en épocas de desobediencia y gran declive espiritual, aún después de mi conversión.

En Romanos 2: 1 Pablo escribe:- » Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas, pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.» Insensiblemente me he puesto en el lugar del inexcusable!

 Avanzando ahora y sin querer entrar en el terreno algo escabroso de la escatología, un último punto sobre todo esto.

Si bien en el tiempo presente sólo hay un pequeño remanente de israelitas fieles al evangelio – ver Romanos 11:4-5 – una vez que se cumpla la plenitud de los gentiles – ver Romanos 11: 25b y Lucas 21: 24 – tenemos la gran promesa de que todo Israel será salvo – Romanos 11: 26-27.

Sólo podemos cerrar con las palabras de Pablo en Romanos 11: 33-36 que lo resumen y rubrican mejor que cualquier comentario nuestro. 

«!Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ! Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O Quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.»

Avanzando ahora hacia la parte final del segundo capítulo de 1a. Tesalonicenses en que estamos, vemos que la tónica del texto cambia. Pablo ahora pasa a expresar su gran deseo de volver a ver a esos queridos nuevos creyentes. 

«Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestros rostros.» (versículo 17)

El versículo 18 que sigue nos da bastante que pensar. «…por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó.» 

¿Sería que no era la voluntad del Señor que fuese otra vez a Tesalónica, por lo menos en ese punto de tiempo?

A veces, nuestro gran deseo, por noble y altruista que sea, no concuerda exactamente con lo que el Señor tiene para nosotros en un tiempo determinado. De ahí que permita que Satanás lo obstaculice e impida.

  Es la reflexión que presentamos, pensando que no resulta admisible que queriendo uno de buen grado hacer la voluntad del Señor, Él, que sin duda está en el Trono y muy por encima de Satanás, le permita no obstante frustrar Sus planes.

Confiamos no estar equivocados en la interpretación de este versículo.  

«Porque, ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro  Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo.» (Versículos 19 y 20)

Aquí Pablo reitera otra vez el cariño entrañable hacia los santos de Tesalónica, con el verbo también en el plural. Para él y para sus compañeros sería una culminación bendita, una corona preciosa, verlos presentados ante el Señor como fruto de sus labores tan valientes, y a la vez sacrificadas 

Y ¿cómo no? La nota final de la segunda venida del Señor, como ya vimos, que figura en la conclusión de cada capítulo, como la gran esperanza, bienaventurada y gloriosa.

 MARANATHA!

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 Capítulo 4 – 1a. Tesalonicenses 3

«Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos quedarnos solos en Atenas.y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros  respecto a vuestra fe.» (3:1-2)

Debemos tener en cuenta que entre su marcha de Tesalónica y el tiempo en que escribió la epístola, Pablo con sus compañeros habían estado en Berea. Al surgir en ese punto también una fuerte persecución, Pablo continuó viaje a Atenas, acompañado de hermanos, seguramente de Berea. mientras que Silas y  Timoteo se quedaron en Berea.

  No obstante, a  través de esos mismos hermanos que lo habían acompañado, envió un mensaje a Silas y Timoteo, pidiéndoles que viniesen de Berea a Atenas, donde él se encontraba lo antes posible.

Por el relato del capítulo 17 de Los Hechos, notamos que Pablo, enardecido por la terrible idolatría que imperaba en Atenas, de inmediato se puso a proclamar el evangelio. Pero como una muestra más de su gran corazón y la gran intensidad con que asumía  la tarea que le había sido encomendada, amén de ese enardecimiento por la situación tan idolátrica de Atenas, no podía soportarlo mas en cuanto a los amados nuevos convertidos de Tesalónica. Consecuentemente, y no pudiendo estar en los dos lugares al mismo tiempo, dispuso enviar al joven Timoteo. Lo hizo, recomendándolo como servidor de Dios y colaborador con él y Silas en el evangelio.

La labor que tenía que cumplir en Tesalónica era sin duda de gran envergadura – confirmar y exhortarlos respecto a la fe que habían abrazado recientemente. 

Esta encomienda nos da una idea bien clara de la mucha confianza que tenía en el joven Timoteo. Creemos que todo lo que había acontecido en lo que llevaban de la gira, con todas las vicisitudes, y las fuertes persecuciones, habían servido para ir formando y fogueándolo en una buena medida.

En cuanto a las persecuciones en sí, como ya vimos, en Filipos no fue encarcelado con Pablo y Silas, pero en las de Tesalónica y Berea estuvo muy presente en el fragor de la lucha, si bien es justo consignar que el amado Pablo fue indudablemente el blanco de los ataques de los perseguidores, tanto  judíos como tesalonicenses opuestos al evangelio.

Pero la encomienda tenía otra faceta muy importante. Efectivamente:- «…a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos. Porque también estando con vosotros, os predecíamos que íbamos a pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis.» (versículos 3 y 4)

Las palabras para esto estamos puestos llaman mucho la atención. Están en total consonancia con lo que el Señor le dijo a Ananías cuando dispuso que fuese a orar por Pablo para que recobrase la vista:- «porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.» (Los Hechos 9:16)

Si bien nos toca a cada uno una cierta dosis de pruebas y tribulaciones, uno podría decir que en este mundo occidental, por lo menos en la actualidad, estamos siendo mimados por el Señor, en comparación con lo que padeció este apóstol tan sobresaliente, y también lo que sufren, aun hoy día, muchos siervos muy dignos en tierras de gran hostilidad al evangelio. 

«Por lo cual también, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano. Pero cuando Timoteo volvió de vosotros, y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor, y que siempre nos recordáis con cariño, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, por ello, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe.» (Versículos 5,6 y 7)

Vemos otra vez el entrañable cariño del amado apóstol Pablo – no pudiendo soportar  más ! Como ya vimos, el amor de un padre, que los había engendrado en el evangelio en medio de fuerte oposición, y sufrimientos, compartidos también – no lo debemos olvidar – por Silas, el fiel compañero de milicia.

Aquí tenemos la demostración clara de que el evangelio es un evangelio de amor, noble, sacrificado y desinteresado.

Tristemente, se dan los casos en que no es así. Pablo mismo se encontró con algo muy distinto mientras estaba encarcelado en Roma. En Filipenses 1: 15-16 leemos:- «Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contención…no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones.»

Así ha sido, y seguirá siendo siempre, pero gracias al Señor, por Su parte Él ha levantado y seguirá levantando los Suyos de verdad, con las credenciales de las virtudes que Él mismo ostentó en Su vida terrenal.

«Pero cuando Timoteo volvió de vosotros a nosotros, y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor y que siempre nos recordáis con cariño, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, por ello, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe; porque ahor vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor.» (versículos 6, 7 y 8)

Bien podemos imaginarnos con qué alegría habrá vuelto Timoteo, trayendo noticias tan gratas.

Y los versículos 7 y 8. como así también el resto del capítulo, nos hablan de por sí de la forma tierna, entrañable y profunda en que Pablo lo expresa – siempre con el verbo en plural. «…porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor.» 

«Por lo cual, ¿qué acción de gracia podemos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro gozo, y completemos lo que falte a vuestra fe?» (versículos 9 y 10)

He leído esta epístola muchísimas veces a través de mi dilatada trayectoria, pero debo reconocer que nunca he llegado a ponderar en la amplitud con que ahora lo hago, la forma intensa, sí, increíblemente intensa, en que Pablo vivía el ministerio.

En esto vemos el hondo sentido de las palabras del Señor al discípulo Ananías, cuando le encomendó que fuese a orar por él – Saulo como entonces se lo llamaba – para que recobrase la vista. «Ve, porque instrumento escogido  me es éste, para llevar mi nombre»

No he podido verificarlo, pero me consta que estas palabras – instrumento escogido – es la única vez que aparecen el Nuevo Testamento.

No obstante, que todo esto que decimos no denote en ninguna manera desmerecer a Pedro, Juan, y muchisimos otros siervos muy dignos, tanto de la iglesia primitiva, como de los tiempos posteriores a ella. 

Volviendo al  versículo 10, el deseo de completar lo que faltaba a la fe de los tesalonicenses se debía sin duda al hecho de que Pablo, Sillas y Timoteo sólo habían estado por tres semanas con ellos. El consejo de Dios es tan amplio, y Pablo sobre todo, sabía muy bien que hacía falta lo que bien podemos llamar una fuerte labor confirmatoria. Por el relato del libro de Los Hechos vemos una y otra vez cómo se esmeraba en llevar a cabo esta labor tan importante  en todas las iglesias.

«Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros. Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.»  (versículos 11, 12 y 13) 

Dentro del vasto espectro del consejo de Dios, si bien es verdad que son muchas las virtudes que han de encontrarse en todo buen hijo y siervo del Señor, creemos que las tres citadas en los versículos 10, 13 y 14 – es decir fe, amor y santidad, son las más importantes de todas. El mismo Pablo lo hace resaltar tanto en 1a. Timoteo 1: 5 como  en 2: 15.

Desde luego que estamos en la dispensación de la fe – no de la ley – y sin la  misma es imposible agradar a Dios, como se nos dice en Hebreos 11: 6.

En realidad dudar de Dios y Su palabra y Sus promesas es hacerlo a Él mentiroso, como bien se puntualiza en 1a. Juan 5: 10. Los escépticos e incrédulos no se dan cuenta del terreno gravísimo en que están ubicados.

En cuanto a las otras dos virtudes – el amor y la santidad – en realidad abarcan todos los aspectos imaginables de la vida,

Además, Dios en Sus tres personas – Padre, Hijo y Espíritu Santo – es esencialmente un Dios de amor, pero al mismo un Dios tres veces santo. Sus verdaderos hijos y siervos por cierto que habrán de ostentar estas dos virtudes cardinales.

Y así llegamos al final de este  tercer capítulo, y ¿cómo no? con la nota distintiva de esta sustanciosa epístola  – la segunda venida.  

MARANATHA – VEN PRONTO SEÑOR JESÚS

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CAPÍTULO 5 .- 1a. TESALONICENSES 4.-

Este cuarto  capitulo se divide en dos partes. La primera consiste en consejos prácticos en cuanto a la nueva vida en Cristo que habían comenzado a vivir recientemente.

La segunda nos habla de la segunda venida del Señor, dándonos importantes y preciosos aspectos de la misma, algunos de los cuales no  figuran en ninguna otra parte de las Escrituras

Comenzando por la primera parte. vemos que Pablo, siempre con el verbo en plural, les ruega y exhorta en el Señor Jesús que recuerden lo que habían aprendido de ellos – Pablo, Silas y Timoteo – durante el tiempo en que estuvieron en Tesalónica.

Evidentemente, toda esa enseñanza estaba avalada por la conducta de ellos, y antes de pasar a detalles, la resume diciendo que era la forma de conducirse a fin de agradar a Dios, lo cual debe ser la aspiración de todo hijo e hija del Señor.

Y lo hace con el agregado de que en ese sentido abundaran más y más. Esto nos da lo que debe ser una norma para el creyente, a saber, no quedar estancado sino crecer y desarrollarse.   Cuando eso no sucede, a  menudo puede llegarse a lo contrario – un declive espiritual.   

Pero después de dar esa exhortación digamos en términos generales, pasa a entrar en detalles, tocando puntos prácticos.

Es muy importante comprender que de lo general debe pasarse a particularizar. Se puede exhortar a que se ame al Señor y se busque agradarle en todo, pero la experiencia nos enseña que eso no es suficiente. Hay que  tocar, y a veces con insistencia y mucha claridad, puntos prácticos en que ese amor y ese agradarle en todo se manifieste de forma real en la vida diaria.

Así entonces, a partir del versículo 3 pasa a particularizar, y lo hace tocando el tema de la santificación, aplicada – nos podría parecer sorprendentemente – a apartarse de la fornicación.

Aquí nos detenemos en un paréntesis más bien largo, para narrar un par de experiencias muy relacionadas por cierto con el versículo 3 en que estamos.

Desde luego que, por buen gusto, no damos ni nombres ni el lugar de lo acontecido.

  El primero de los dos casos, que sucedió hace unos buenos años, fue el de una pareja de jóvenes que estaban de novios, y de repente cundió la noticia que ella estaba embarazada de varios meses. El novio era un hermano convertido, muy efusivo en la alabanza.

En  un momento determinado, en conversación con mi esposa, la novia alegó que nunca se había enseñado o dicho en las reuniones de predicación y edificación que eso estaba mal, que no se debía tener relación sexual antes del matrimonio.

Para muchos de nosotros se da por sentado que lo correcto, por varias razones obvias, es esperar que se concrete el enlace matrimonial. Mi mujer y yo siempre lo tuvimos clarísimo.  No obstante, esto nos hizo ver que no todos lo habían aprendido ni sabido.

El segundo caso también tuvo lugar hace ya un buen tiempo.

Un siervo del Señor llegó por primera vez a un lugar determinado a ministrar en una iglesia integrada mayormente por jóvenes de ambos sexos. Sin saber nada de antemano, pero evidentemente guiado por el Espíritu Santo, el siervo en la predicación afirmó que tener relación sexual antes del matrimonio equivale a fornicar, un pecado gravísimo, y que en la palabra de Dios se afirma que quienes lo practican,  no han de heredar el reino de Dios. (Ver 1a. Corintios 6: 9-10)

Para ser preciso, no recuerdo si lo que dijo el siervo era exactamente eso, pero por cierto  estaba claramente enfocado  en esa tónica.

El resultado fue que hubo una gran conmoción en la iglesia, porque varios jóvenes estaban viviendo en esas condiciones. 

Afortunadamente hubo una respuesta favorable, con arrepentimiento y pasando a ponerse las cosas en el orden correcto.

Sin embargo, y como conclusión, esto ratifica la necesidad de ser puntuales, y no limitarse a generalizar.

De hecho, la palabra de Dios nos enseña, por ejemplo ,que el primer y más grande mandamiento es el de amar al Señor nuestro Dios por encima de todo, y al prójimo como a uno mismo.

  No obstante, no se detiene ahí, sino que en muchas ocasiones encontramos claras advertencias de pecados puntuales, como la fornicación, el adulterio, el robo, chismes y habladurías, y un largo etcétera.

Y para mayor abundamiento, al dirigirse así a los queridos tesalonicenses Pablo toca eso que es tan elemental – «que os apartéis de fornicación» –  Ya lo había hecho estando entre ellos en Tesalónica, pero ahora lo repite por escrito, muy consciente de que hay que ser muy claro e insistir de tal manera que nadie quede en dudas.

Y agrega en los versículos 4 y 5 que la relación matrimonial  sea en «santidad y honor, y no en pasiones de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios.»

Seguidamente pasa a más cosas elementales, como no agraviar ni engañar , sabiendo que el Señor no lo pasará por alto ni lo dejará sin castigo.  Y todo esto,  como una repetición y ratificación de lo que ya les habían afirmado oralmente cuando estaban con  ellos.

Resume este aspecto escribiendo en los versículos 7 y 8 que no habían sido llamados a inmundicia sino a santificación. Y por si alguno estuviera en desacuerdo o lo rechazase, que supiese que lo estaba haciendo no a hombres – los que juntamente con Pablo se lo testificaban, sino a Dios, con toda la solemnidad que ello conlleva.

Con el agregado importantísimo que ese Dios a ellos -los siervos del Señor – Dios les había dado el Espíritu Santo, lo que le daba a cuanto le testificaban una autoridad real y de lo alto.

Y pasa al tema del amor en los versículos 9 y 10. Por una parte reconoce que habían aprendido bien de Dios que debían amarse los unos a los otros y lo estaban haciendo. Nos obstante, les ruega que lo hagan má y más !

Siendo el reino de Dios un reino de amor, debemos morar en esa esfera bendita del amor, cándido, desinteresado y noble. Como bien se nos dice  en 1a. Juan 4: 16b «Dios es amor, y el que  permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.» 

De ahí, pues, la acertada insistencia de Pablo en que abunden más y más.

Llegando al final de esa parte del capítulo, tenemos ahora otro par de exhortaciones. «….y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar  con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada.» (versiculos 11 y 12)

Otra vez cosas elementales, pero al mismo tiempo muy importantes. Sosiego y calma – sin la perturbación y ansiedad propias de la carne; cada cual en la esfera particular que por la providencia divina le ha tocado, trabajando en la actividad manual que le corresponde, y sobre todo conduciéndose con mucha honradez ante los inconversos. Aunque no parezca, estos parecen tener una visión microscópica de cómo viven, que hacen y no hacen los creyentes, cómo hablan y en fin todo su vivir.

Que los incrédulos nunca vean algo fuera de lugar en nuestras vidas; antes bien que las mismas sean una buena recomendación del evangelio para con ellos que observan nuestro diario vivir.

Ahora pasamos al hermoso pasaje sobre la segunda venida del Señor, señalando de paso la continuidad de esa nota distintiva de está epístola.

Enumeramos cada aspecto de la gloriosa esperanza, intercalando breves comentarios de cada uno.

«Tampoco queremos, hermanos,que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.» (versículo 13)

Como es bien sabido, en el Nuevo Testamento, de  los muertos o fallecidos en el Señor se dice que duermen.

Creemos tener buen fundamento al decir que ese dormir no es inconsciente, sino consciente. Lo avala el pasaje de Lucas 16  en que el Señor nos habla del mendigo Lázaro, el rico y el padre Abraham, sobre todo los versículos 25 y 26.

1) Así como Jesús murió y resucitó, como primicias de la resurrección, los que durmieron en Él precederán a los que estén en vida cuando el Señor venga. (Versículos 14 y 15)

2) La venida en sí vendrá acompañada de tres manifestaciones portentosas, a saber:- a) con voz de mando; b) con voz de arcángel y c) con trompeta de Dios.

Apenas hace falta señalar la solemnidad, que tendrá  eso – la voz de mando, la voz del arcángel y la trompeta de Dios, con la mayor estridencia y potencia que se haya conocido, haciéndose oír con sus formidables vibraciones por todo el planeta, y sin duda por el universo entero también.

La hora tan esperada por los Suyos por fin habrá llegado, y el destino eterno para perdición de muchos también.

Al escribirlo uno lo hace con temor y temblor, pensando en familiares,, amigos o vecinos que todavía no han abrazado la fe, y anhelando que en Su inmensa misericordia Él conteste las oraciones que se han elevado muchas veces a favor de ellos.

En ese punto crucial que marcará un hito sagrado y maravilloso en la historia de este mundo, se cumplirá lo que ya dijimos anteriormente -los muertos en Cristo resucitarán primero. 

3)  Seguidamente los santos que estén todavía en vida serán arrebatados juntamente con ellos en las nubes para así recibir al bendito Señor en el aire. y estar con Él por siempre jamás.

Notemos que Pablo no pone los santos todavía en vida terrenal, sino «nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado.» Esto constituye una muestra de que esa segunda venida se la debe tener como algo inminente, y  no postergada para un futuro indefinido, como muchas veces puede suceder cuando uno está absorbido por los afanes y negocios de este siglo.

Finalmente Pablo concluye diciendo a los tesalonicenses que cobren aliento con «estas palabras.»  Y no se nos debe quedar en el tintero lo afirmado previamente en el versículo 15:- «os decimos esto en palabra del Señor.»

Todo lo que está en las Sagradas Escrituras lleva el sello de la inspiración divina, pero aun así, en cuanto a esta verdad gloriosa, Pablo se encarga de decir que era palabra literalmente recibida del Señor por él.

Como dijimos anteriormente, hay en este pasaje detalles que no figuran en otras partes de las Escrituras, pero que se complementan con muchas otras que encontramos en otros pasajes sobre el tema. En conclusión, otra vez:

 Maranatha – ven pronto Señor Jesús

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Capítulo 6.- 1a. Tesalonicenses 5.-(a)

 Este capítulo, en los tres primeros versículos sigue con el tema de la segunda venida, pero considerándolo desde otro punto de vista.

Empieza con las palabras «acerca de los tiempos y las ocasiones» agregando que no era necesario que les escribiese, pues ellos ya lo sabían – evidentemente enseñados por él, Silas y Timoteo – que«el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche.»

Esto es algo que figura en varios otros pasajes de las Escrituras, aun cuando con muy ligeras variantes. (Ver Mateo 24: 43, Lucas 12: 39 y 2a, Pedro 3: 10)

El agregado de que «cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina» (versículo 3a) es algo sintomático, que se dio antes del diluvio en los días de Noé, como así también en muchas otras ocasiones a través de la historia.

En las mismas se ha puesto la mira y la esperanza en alianzas, expectativas y pronósticos que se han acordado o formulado sin contar para nada  con el Ser Supremo, Creador y Rey del Universo.

Bien se nos dice en Isaías 44:24-25 «Así dice Jehová, tu Redentor… que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su sabiduría.»

A partir del versículo 4 la tónica cambia, pasando ahora Pablo a señalar el contraste, la diferencia, y desde luego la dicha de ellos, extensiva por supuesto a nosotros, los que somos verdaderos hijos de Dios por renacimiento. 

«Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda  como ladrón. Porque vosotros sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.» (Versículos 4, 5 y 6)

Dos cosas hermosas que Pablo dice de lo verdaderamente  convertidos – hijos de luz e hijos del día. Si mal no recuerdo, no figuran en ninguna otra parte de las Escrituras.

Y consecuentemente, claro está, la exhortación a vivir de acuerdo con esa verdad, es decir, no «durmamos como los demás», que están en el letargo y la oscuridad de no tenerlo a Él. la luz del mundo. (Juan 8: 12)

Por el contrario, velemos y seamos sobrios. Y notemos, de paso, que el verbo está en la 1a primera persona del plural, es decir que Pablo se identifica a sí mismo en cuanto a esa exhortación.

Y qué triste la condición de los que no son ni hijos de luz ni hijos del día. 

«Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.» (Versículo 7)

Nunca podremos dejar de agradecerle al Señor por Su inmensa misericordia, en librarnos de la potestad de las tinieblas, y trasladarnos al reino de Su amado Hijo. (Colosenses 1: 13)

Qué sería de mí, y qué sería de ti, amado hermano lector, si el Señor no hubiera venido a nuestras vidas con Su gracia soberana y maravillosa! 

«Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de la salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él. Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.»(Versículos 8 a 11)

Aquí Pablo sólo menciona dos partes de la armadura de Dios – la coraza y el yelmo, En el pasaje de Efesios 6: 10-17, estando preso en Roma, añade ceñidos vuestros lomos, calzados vuestros pies, el escudo de la fe y la espada del Espíritu.

No cabe duda que al hacerlo estaría influenciado al ver a el o los soldados romanos que lo custodiaban.

No obstante,  este pasaje de ninguna forma significa que cada día al levantarse uno tiene que ir poniéndose la coraza, el yelmo, el escudo, la espada, etc.

En Romanos 13:14 se nos dice «vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.» Además, hay muchos otros pasajes en que se nos exhorta a permanecer en Él, a fortalecernos en él y en el poder de su fortaleza.

En realidad, estando atrincherados en Él, por así decirlo, estamos en una posición invulnerable. Hay otros pasajes que lo confirman, como 1a. Juan 5: 18 en que se nos dice que estando en Él, y no practicando el pecado, somos intocables.

La malicia del enemigo siempre busca seducir a los hijos de Dios a salir de ese terreno, sabiendo que es la única forma en que nos puede  daño.

  De ahí que la primera parte de Romanos 13:14 – Vestíos del Señor Jesucristo» esté complementada por la segunda – no proveáis para los deseos de la carne.» 

Como alguna vez recuerdo haber dicho, de una manera gráfica y algo sencilla y familiar, al predicar en una reunión de los queridos hermanos gitanos de Filadelfia en España – que en cuanto al pecado, todos los estantes de nuestra despensa estén totalmente vacíos!

Continuando ahora, resulta muy reconfortante y de mucho aliciente saber que Dios no sólo no nos ha puesto para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Pero además, con el agregado especial de que murió por nosotros, para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con Él. Tanto que sigamos en vida, velando aquí en ese mundo, o bien que durmamos – la típica palabra con que en el Nuevo Testamento se habla de la muerte de los que están en Cristo – vivamos juntamente con Él -la persona más maravillosa, la cual Dios el Padre nos ha dado como regalo supremo.

Con qué razón Pablo concluye exhortando a los queridos tesalonicenses que se animen y edifiquen mutuamente, y esto aun sabiendo que ya lo estaban haciendo.

¿No es una verdad triste y lamentable que muchas veces, no valoramos debidamente, ni nos regocijamos como debiéramos, por la gloriosa e incomparable herencia que nos ha tocado? 

Muy en sazón, unos pocos versículos más adelante, a los cuales llegaremos dentro de poco, se nos exhorta a que lo hagamos.

No obstante, como este capítulo sexto sobre el quinto de la epístola ya sea ha hecho bastante extenso, interrumpimos aquí para proseguir en el siguiente.

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Capítulo 7.- 1a. Tesalonicenses 5 (b)

La siguiente porción del capítulo, en sus dos primeros versículos nos da una nota de sumo interés. 

«Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.» (versículos 12 y 1 3)

Por esto entendemos que a pesar del tiempo muy breve en que Pablo, Silas y Timoteo estuvieron con ellos, antes de partir dejaron a hermanos – por lo menos dos ,ya que emplea el plural – como encargados para presidir la congregación que había quedado formada.

Notemos que no los llama ancianos,, lo que daría a entender que no los reconocieron, oficialmente como tales.

En contraste, en Los Hechos 14: 23 se consigna  que Pablo y Bernabé, en la primera gira misionera de Pablo, constituyeron ancianos en Listra, Iconio y Antioquía , incluso después de haber orado con ayunos.

Creemos que la diferencia estriba en que ahí ya llevaban un tiempo en la fe, mientras que en Tesalónica apenas como máximo tres semanas.

  De ahí también la encomienda que Pablo hace a los demás que los reconocieran y tuvieran en mucha estima y amor por causa de su obra. Eran hermanos nuevos en la fe, y seguramente que sus tareas como encargados de la obra les llevaban bastante tiempo, además de la labor de ganarse el pan.

Adicionalmente, como hemos señalado anteriormente, al comentar la epístola de Pablo a Tito en una parte anterior de esta misma obra,  Pablo sabía muy bien la importancia de estar bien seguros antes de proceder al nombramiento en sí, por las serias dificultades que se presentarían si no diesen la talla, y se hiciese necesario destituirlos.  Sobre esto ya dimos bastante detalle en el comentario que hicimos  sobre Tito 1:5-9. 

Seguidamente, en los versículos  14 y 15 se consignan exhortaciones de orden general y bastante elementales, pero que, como se comprueba en la práctica, siempre es necesario  repetir e insistir sobre ellas. 

«También os rogamos, hermanos, que amonesstéis a los ociosos, que alentéis a los de pco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes con todos.Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes bien seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.»

 El hecho  de que se exhorte a amonestar a los ociosos, relacionado con 4:11 de la misma epístola – «….que procuréis …ocuparos en vuestros negocios y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado.» – es una clara indicación de que había entre los nuevos convertidos los que no estaban bien dispuestos para trabajar y ganarse el propio pan.

  Asimismo vemos que había los débiles que era necesario sostener  y los de poco ánimo que debían ser alentados, lo que nos da un cuadro general de bastante variedad.

A pesar de lo breve de su estancia en Tesalónica, Pablo tenía una idea muy clara de esa gran variedad, pero por lo comentado en un capítulo anterior, vemos que eso no era óbice para que los amase entrañablemente.

De eso se trata el ministerio, tanto  apostólico como pastoral – hay toda variedad de ovejas, y hay que comprender a cada una, y también darle el trato individual indicado, pero sobre todas las cosas, amarlas de verdad.

  Como creo haber puesto en alguna oportunidad, y haciéndome eco de lo dicho acertadamente por un gran siervo ya fallecido – cuando el Señor nos envía a un lugar determinado a servir a otros, uno de los requisitos más importantes es que vayamos con amor hacia ellos. Y agregamos que si uno no satisface ese requisito, mejor que no vaya!

A partir del versículo 16 y hasta el 22 inclusive, tenemos una serie de exhortaciones muy breves, pero todas ellas de hondo contenido.

Tomemos la primera: «Estad siempre gozosos.»

¿Qué decir de ésta ? Creo que si somos sinceros hemos de reconocer que no nos resulta nada fácil cuando estamos atravesando por pruebas y situaciones difíciles.

En Romanos 12: 12 Pablo primero  escribe  «gozosos en la esperanza», Pero en seguida agrega «sufridos en la tribulación.»

Por otra parte, en 1a. Pedro 1: 6 se nos dice: «En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas.»

Creo que ahí tenemos un equilibrio muy acertado. Aunque está en el Antiguo Testamento – Eclesiastés 3:4 -las palabras  «tiempo de llorar y tiempo de reír» indudablemente tienen su razón de ser.

 No obstante, en 2a. Corintios 6: 10 Pablo escribe «como entristecidos, más siempre gozosos.»

Esto nos da un nivel mucho más alto, y a través de la historia, no cabe duda de que a siervos y siervas sobresalientes el Señor les ha dado consuelos y aun gozo inefable en medio de  pruebas muy pesadas y difíciles.

Hemos estado leyendo últimamente las cartas de un gran puritano del siglo XVII – Samuel Rutherford. Casi todas fueron escritas y enviadas estando encarcelado, y han sido de muchísima bendición a innumerables santos desde entonces. A muy poco de fallecer, se publicó la primera edición de un buen número de ellas, tal era el valor que se les atribuía.

En una de ellas recuerdo haber leído palabras más o menos en este sentido: «Mis enemigos que me odian, me han enviado a la cárcel para disfrutar de continuos banquetes con mi Amado Señor, el hermoso de los hermosos!»

En una línea bastante distinta, creemos necesario diferenciar entre el verdadero gozo, que es algo profundo brotado de las entrañas, y que no necesariamente se manifiesta exteriormente, y la alegría y el buen humor.

En por lo menos dos oportunidades recuerdo haber oído decir de distintas personas que eran muy gozosas. Lo fundamentaban en el hecho de que solían reírse y hacer reír a los demás.

Eso es un error – de tales personas lo correcto es decir que son muy risueñas, alegres, o bien dadas al buen humor y a la risa. 

«Orad sin cesar» (versículo 17) En esto debemos entender una actitud de dependencia continua del Señor en todo y para todo, aunque la misma no necesariamente se vocalice siempre.

Hay oportunidades en que una situación crítica demanda una oración prolongada. Tenemos presente el caso de un instituto bíblico en el Sur de Gales. Un misionero egresado del mismo, al cual conocimos hace muchos años en la Argentina, nos contó que en ese instituto solían orar entre doce y catorce horas diarias! Entiendo que era una etapa muy  difícil durante la segunda guerra mundial. 

«Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.» (versículo 18)

En primer lugar, desde luego que debemos ser agradecidos y expresar nuestra gratitud, tanto al Señor por Sus muchas mercedes, como a nuestros semejantes cuando recibimos algún favor o ayuda de ellos. Quien no sabe hacerlo, o sencillamente no lo hace, demuestra con ello carecer de buena educación.

Pero debemos ahondar, notando que debemos dar gracias en todo, a diferencia de por todo.

Hay situaciones en que se nos presentan cosa desagradables ya sea  por la providencia divina, o la falta de amor y bondad  para con nosotros de parte de otros.

Aunque no es fácil, en tales circunstancias debemos igualmente dar gracias, pensando que nuestro Buen Señor lo ha permitido.  «Sabemos  que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien» según se nos dice en Romanos 8: 28,

Aquí se nos brinda entonces una oportunidad para demostrar entereza en una situación dura o difícil – no protestar o quejarnos, sino confiar en que nuestro Amado Dios que lo ha permitido se encargará de que obre a la postre para nuestro bien.

Este bien no ha de interpretarse necesariamente como colmarnos de alegría y bendiciones, sino uno más elevado, y que en realidad se desprende del mismo  pasaje de Romanos  8 ya citado: un nuevo peldaño en la marcha ascendente hacia el ser hechos conformes a la imagen de Su Hijo. «No apaguéis al Espíritu»

En 1a. Corintios 14: 26-33 se habla de las reuniones abiertas en que cada uno podía participar, ya sea con un salmo, doctrina, lengua, o interpretación, etc.

 La salvedad importante era que todo debía hacerse para edificación. Por lo tanto, si alguno tuviese o hiciese una aportación no edificante, creemos que eso equivaldría en cierto modo a apagar al Espíritu.

No obstante, dado que la iglesia en Tesalónica sólo llevaba unas tres semanas de vida, no creemos que en la misma se hayan celebrado, por ese entonces por lo menos, reuniones abiertas.

Por lo tanto, la interpretación más acertada nos parece que sería la de evitar cosas de la  carne, el mundo y la pasada manera de vivir, las cuale evidentemente apagan al Espíritu. 

«No menospreciéis las profecías. examinadlo todo, retened lo bueno.» (versículos 20 y 21)

Quizá Pablo al escribir esto pensaba en lo escéptico que se puede ser, menospreciando una profecía que tal vez por ejemplo no tenga aplicación para uno mismo, pero sí para algún otro hermano o hermana.

Lo correcto es examinarlo todo – es decir, no irse al otro extremo de aceptarlo todo – sino de sopesar lo oído detenidamente y aquello que resulte de provecho o edificación retenerlo y por lo tanto absorber o asimilarlo.

 «Absteneos de toda especie de mal.» (versículo 22)

La versión del Rey Santiago en inglés pone «Absteneos de toda apariencia de maldad.» Esto le da un sentido más directo y claro de guardar el testimonio. Por ejemplo, podría ser el de no hacer una visita a una hermana casada en ausencia de su marido. Aun cuando no hubiese la menor mala intención, sino incluso todo lo contrario, los vecinos que lo viesen o supiesen estarían dispuestos de inmediato a una mala interpretación, pensando que el hermano que lo hizo era inmoral, y la mujer a su vez infiel a su esposo. Tenemos presente el caso de un siervo del Señor irlandés – tal vez  ya lo hayamos consignado en una obra anterior, o más probablemente en la prédica verbal. Su esposa estaba enferma y no podía acompañarlo, y él de toda buena fe, pero con mucha falta de sabiduría, hacía visitas a mujeres en ausencia de sus maridos. Fue calumniado de tal manera que terminó por quitarse la vida. 

«Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.» (versículos 23 y 24)

Por cierto que  estos dos versículos que preceden a la salutación y bendición final, constituyen un digno broche de oro de la epístola. Notemos en primer lugar que como  seres tripartitos que somos, hay un orden correcto, que es el que da el primer lugar al espíritu, el segundo al alma y el tercero al cuerpo. Quien no observa esa norma inevitablemente desemboca  en lo anímico, sentimental y racional, que no se presta para la interpretación de la voluntad divina y la valoración de lo eterno e imperecedero. 

Lo de ser santificados por completo debemos comprenderlo como una sana y correcta aspiración, que debe estar latente en todo hijo de Dios que anda puntualmente en el Espíritu.  Por otra parte, se sobreentiende que dicha santificación, en su sentido totalmente categórico y absoluto, no es algo alcanzable mientras estemos en el cuerpo, como seres finitos y falibles.

Pero estaría totalmente fuera de lugar permitir que esto se convirtiese en una excusa para no proponerse andar en la más cumplida limpieza, rectitud y santidad.

La culminación de que «fiel es el que os llama, el cual también lo hará», es el sello perfecto de un capítulo digno de ser considerado entre los sobresalientes por lo ricamente sustancioso de su contenido.

Y por supuesto, en la salutación final, volvemos a encontrar que no falta la palabra  gracia.

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CAPÍTULO 8.- 2a. Tesalonicenses 1.-

Todo indica que fue escrita no mucho después de la primera epístola, y como vemos por la introducción en el primer versículo, Pablo sigue acompañado por Silas y Timoteo. La salutación inicial otra vez consigna la infaltable palabra gracia.

Pero nos detenemos brevemente para comentar sobre las palabras «…a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo», que también figuran en la introducción de la primera epístola. Evidentemente, la proclamación de la palabra, por parte mayormente de Pablo, perseguía ese fin de que estuviera sólida y firmemente fundamentada tanto en el Dios Padre como en el Hijo Eterno, y esto desde luego impartido con la gracia del Espíritu Santo.

Decimos esto sobre todo porque,  tristemente, a veces uno se ha encontrado con situaciones en que lo  que se llamaba «iglesia» era un grupo de personas que habían aprendido un evangelio diluido, o bien basado en la elocuencia, el carisma o la sabiduría humana.

Por otra parte, también se oyen a veces expresiones com Comisión pro-Templo, o bien referencias a la «iglesia» cuando debiera decirse edificio o local, o bien recinto donde se celebran las reuniones.

En el Antiguo Testamento, por cierto,  el templo estaba construido con materiales como madera, oro y demás.

No obstante,, en el Nuevo, y en el orden del Nuevo Pacto, la verdadera iglesia, templo del Dios Vivo, está constituida por los hombres y mujeres renacidos por el poder del Espíritu Santo.

Esta es una verdad claramente expresada en las Escrituras del Nuevo Testamento y resulta en un sentido lamentable oír el término iglesia cuando no corresponde. Como hace muchos años el siervo George Fox señalara con tanto acierto,  la iglesia, es entre otras cosas la desposada de Cristo, por la cual Él murió.

Y por cierto que Él ni murió ni se ha desposado con un edificio de ladrillos y hormigón armado!

Pasamos ahora a ocuparnos de esta 2a. epístola. Después de comenzar con la acostumbrada salutación inicial en el versículo 2, a partir del versículo 3, Pablo pasa a expresar – siempre usando el verbo en el plural –  una profunda gratitud por saber que la fe de ellos – los queridos  tesalonicenses – estaba creciendo, como así también el amor mutuo. 

Y no sólo eso, sino que también se gloriaban ante las demás iglesias de Dios por un hecho muy importante. En efecto, estaban padeciendo  persecuciones y tribulaciones, y lo estaban soportando con paciencia, fe y entereza.

Esto, era sin duda una prueba palpable del justo juicio de Dios, en el sentido de que fuesen tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual lo estaban padeciendo.

No debemos olvidar esto que en realidad es una nota importante, y que a menudo se halla ausente en la predicación y enseñanza.

Yo mismo recuerdo que en mi juventud, cuando todavía era muy bisoño, en alguna ocasión para presentar el mensaje evangelístico de una manera apetecible y fácil de aceptar, afirmé, al hacer la exhortación final, que al recibir a Cristo, quien lo hiciera sería feliz para siempre jamás!

Por supuesto que hay en esta vida tiempos de bendición y felicidad, y en el más allá esa será la norma y la dicha eterna y en grado superlativo.

No obstante, debemos tener muy presente lo que Pablo escribe en 2a. Timoteo 3: 12  «Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.«

Prosiguiendo con el texto , la secuela posterior a que los tesalonicenses padecieran sería un punto en que se invertirían los papeles.

La justicia de Dios se iba a encargar de que quienes los atribulaban a ellos iban a ser atribulados.  y a ellos darles reposo – por supuesto un reposo sin igual y eterno –   juntamente con Pablo y sus acompañantes, y desde luego todo los auténticos hijos de Dios, cuando el Señor Jesús se manifieste con los ángeles de Su poder,

Y aquí tenemos nuevos detalles, no precisamente consignados en otras partes de las Escrituras y muy portentosos por cierto, de la segunda venida.

El Señor ha de venir, acompañado, con los ángeles de su poder, en llama de fuego para dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

Horrorosamente,  sufrirán la pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.

Una verdad tajante, que nos mueve a orar y suplicar que el Señor tenga misericordia de familiares, vecinos o amigos que todavía no han abrazado la fe del evangelio.

Por otra parte, para los que lo han hecho, creyendo de verdad, Su venida será para ser glorificado en sus santos, y ser admirado en todos los que creyeron.

 Seguramente que esa admiración brotará de contemplar una hermosura indescriptible y esplendorosa, cual nunca hayamos visto durante nuestra peregrinación terrenal.

Consciente de que los queridos tesalonicenses habían creído de veras, Pablo  – siempre con el verbo en plural – señala que oraban siempre por ellos, para que el Señor los tuviera por dignos de su llamamiento celestial y cumpliese todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, a fin de que se llegase a la feliz y bienaventurada conclusión de que el nombre de nuestro Señor Jesucristo fuese glorificado en ellos y ellos en Él,  por la gracia de nuestro Dios y de Su Hijo Amado, el Señor Jesucristo.

Como vemos, una digna culminación de un capítulo muy sustancioso. 

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 Este segundo capítulo comienza con un extenso pasaje dedicado al polémico tema de la 2a. venida del Señor Jesucristo y nuestra reunión con Él – lo que se suele llamar el arrebatamiento. 

Se les exhorta a los tesalonicenses a no perturbarse ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si procediese de él y sus acompañantes, en el sentido de que la venida del Señor era inminente. 

Hemos de notar que evidentemente había casos en que se enviaban cartas falsas , y por eso al final de esta misma  epístola pone las significativas palabras    «La salutación es de mi propia mano,  de Pablo, que es el signo en toda carta mía; así escribo.»  (3:17)

Les recuerda lo que les habían dicho estando entre ellos, y que resumidamente era lo siguiente: 

 1) Antes tenía – y tiene –  que venir la apostasía, con la manifestación del hombre de pecado, el hijo de perdición. ( versículo 3) 2) El mismo se ha de levantar y oponer contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, al punto de sentarse en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios.(versículo 4)

3) Ellos sabían – porque se los había advertido – lo que lo detenía – y debemos agregar detiene – antes de que a su tiempo se manifieste.

4) Ya estaba funcionando el misterio de iniquidad ; agregando que había quien lo detenía, hasta que él su vez fuese quitado de en medio. Esto, que en realidad es algo ambiguo, generalmente se interpreta como el tiempo en que el Espíritu Santo no estará más en la tierra redarguyendo  de pecado, justicia y juicio.  Esto daría a entender que ya habría acontecido el rapto o arrebatamiento.

5) En ese punto se manifestaría aquel inicuo a quien el Señor ha de matar con el espíritu de su boca, y destruirlo con el resplandor de su venida.

6 )El obrar de este inicuo sería por Satanás con gran poder y señales y prodigios mentirosos.

7)  Esto ha de traer todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.

 8) Como consecuencia de ello, Dios les ha de enviar un espíritu engañoso, para que en lugar de creer en la verdad crean en la mentira. Es algo inevitable que quien se niegue a creer la verdad, termine por creer la mentira.

9) A fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad – y aquí se presenta un agregado importante – sino que se  complacieron en la injusticia. En efecto, el no creer la verdad, con las muchas virtudes que la acompañan, entre ellas la de la justicia, inexorablemente lleva a complacerse en lo contrario, es decir la injusticia.

Como vemos, un panorama horrible para quienes rechazan el amor de la verdad.

Pero a partir del versículo 13 y hasta el final del capítulo, la tónica cambia por completo. Ahora Pablo pasa a referirse – siempre con el verbo en plural – a los muy amados tesalonicenses, exteriorizando su continua gratitud por haber sido ellos elegidos para salvación.

Esta elección, notémoslo bien, ha sido desde el principio, en el pretérito pluscuamperfecto, gramaticalmente hablando – como hemos señalado con anterioridad varias veces  – previo a Génesis 1.

Y también tengamos bien presentes los dos ingredientes fundamentales – si bien entre muchos otros,  también importantes – 1)mediante la santificación por el Espíritu y 2) la fe en la verdad.

A lo cual los llamó, claro está, por el evangelio que les fue proclamado por Pablo y sus acompañantes, con el altísimo fin de alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Esta gloria, desde luego, es tanto multifacética como inconmensurable, pero no podemos detenernos ahora para ampliar sobre la misma, dado que sería más que muy extenso, un tema inagotable.

En los versículos 15 y 16 Pablo pone fin al capítulo con dos cosas.

1) A estar firmes y retener la doctrina que habían aprendido, ya sea por la prédica oral de ellos, los siervos del Señor, o por la escrita contenida en las dos epístolas dirigidas a ellos.

2) Expresando el deseo, seguramente                        volcado a menudo en oración fervorosa, de que el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos ha dado consolación eterna y buena esperanza  por gracia, confortase sus corazones y los confirmase en toda buena palabra y obra. Como vemos, algo muy denso y de riquísimo contenido.

Así llegamos al fin de este segundo capítulo,  cuyo contenido lo resumimos diciendo que lleva un reverso sobre la manifestación y el fin de la iniquidad y los que rechazan el amor de la verdad, y el anverso de la esperanza y bendición eterna de los que la aman y reciben de buen grado. 

Capítulo 10.- 2a. Tesalonicenses capítulo 3.-  

En los dos versículos iniciales de este capítulo Pablo pide oración a favor suyo y de sus acompañantes en dos sentidos. 1) Que la palabra del Señor corriese  y fuese glorificada, así como lo había sido entre ellos. Muchas veces en calendarios cristianos se cita este versículo en su primera parte, como un sano anhelo de que lo mismo suceda en la actualidad en el entorno en que uno se desempeña.

En los versículos 3 a 5 cambia el enfoque , y ahora Pablo pasa a manifestar la confianza de que a ellos, los tesalonicenses, el Señor los habría de afirmar  y guardar del mal, y asimismo que se guardaban -presente – y se guardarían – futuro – de seguir fielmente los preceptos y exhortaciones que les habían impartido.

Concluye expresando el deseo de que sus corazones fuesen encaminados  hacia el amor de Dios y la paciencia de Cristo. Dos virtudes cardinales: el amor y la paciencia.

De los versículos 6 al 12 se aborda el tema muy práctico y elemental por cierto de la necesidad de trabajar para ganarse el pan propio

Estimamos que esto es una dignidad mínima, y quien no lo hace – salvo por enfermedad o algún otro impedimento atendible –  se encuentra tristemente falto de esa dignidad.

En ese sentido Pablo manifiesta que ni él ni sus acompañantes habían andado desordenadamente entre ellos comiendo de balde el pan de otros.

Antes bien, con afán y fatiga habían trabajado día y noche para no ser gravosos a nadie. Lo hacían para dar un ejemplo a ellos – los tesalonicenses.

Desde luego que tendrían derecho a que se les sustentase a ellos, como siervos dignos y sacrificados que eran. Pero como siempre, Pablo andaba en una norma tan elevada y altruista, para que, como siervo y embajador de Cristo, pudiera   servir de manera  irreprochable delante de los demás.

Él sabía muy bien, lo que todo verdadero siervo del Señor debe saber: que lo que podríamos llamar la mirada microscópica de los que nos rodean, hace imprescindible que nos guardemos celosamente en todos los órdenes de nuestro diario vivir.

En el versículo  10 notamos que estando entre ellos les habían ordenado que el que no quisiese trabajar tampoco comiese.

Una forma muy práctica por cierto de curarlos de esa pereza. En efecto, el hambre se convertiría en un medio muy eficaz para transformarlos en personas muy trabajadoras!

Acercándonos al final del capítulo y la epístola vemos que, tras exhortarles a que no se cansasen de hacer el bien, les dicen que si alguno no hiciese caso de lo que decían por medio de esa carta, no se juntasen con él, a fin de que se avergonzace. No obstante, no debían tratarlo como enemigo, sino amonestarlo como a hermano.

En la salutación final encontramos tres cosas

1) Que el Dios de paz les diese paz en toda manera y estuviese con ellos.

2) La salutación de su propia mano que le confería legitimidad a la carta, a  lo cual ya nos hemos referido anteriormente, al puntualizar que evidentemente se daban casos de cartas falsas, no  escritas por Pablo.

 3)Y ¿cómo no? otra vez la infaltable palabra gracia, repetida tantas veces por este siervo depositario de gracia en grado tan superlativo.

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CAPÍTULO 11 .- Cristo en Vosotros la esperanza de gloria.-

Rectificación 

  En el mes de Febrero de 2015 se publicó mi décimo tercer libro, con el título que se consigna más arriba.

Pasados unos años,he  llegado a entender que en el mismo hay un error, más bien importante, y me hago un deber reconocerlo y rectificarlo.

Efectivamente, en la página 19, tercer párrafo, di un ejemplo práctico que ahora paso a transcribir textualmente.

«Para usar un ejemplo un poco material para el tema espiritual que nos ocupa,, pero que nos sirve para presentarlo de una manera práctica: ocupando Él el asiento del conductor y con la mano firmemente sobre el volante. Por nuestra parte, sentados no en el asiento  trasero como meros espectadores, sino a Su lado, en estrecha comunión y colaboración con Él,  pero con las cosas muy claras. Él es  Quien señala el rumbo y fija el ritmo de marcha, y sobre Sus anchos hombros descansa la responsabilidad de que todo proceda bien y lleguemos a buen fin en el tiempo y la forma que coincida con Su perfecta voluntad»

Prescindiendo de la parte final – que todo proceda bien y lleguemos a buen fin, etc.- he llegado a comprender el error de que Él, con la mano  firmemente en el volante, es virtualmente Quien lo hace todo, mientras uno está a Su lado, acompañándolo estrechamente sí, pero más bien en una actitud pasiva.

La forma en que en realidad se desenvuelve esta morada Suya en el corazón, es que la misma, vivificada por el Espíritu Santo, nos va impartiendo las virtudes y cualidades Suyas, de manera que decimos lo que Él diría, hacemos lo que Él haría y así sucesivamente.

De esta manera no desempeñamos un rol pasivo, sino que vivimos y actuamos en conjunción y unidad con Él.

Confiando en que esta rectificación resulte clara, cierro aquí el tema. 

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CAPÍTULO 12.- 1a. epístola de Pablo a Timoteo. (a)

La salutación de Pablo comienza de una forma contundente -«Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor  Jesucristo, nuestra esperanza.»

De veras que habla como un hombre segurísimo de su llamamiento, si bien . justo es señalarlo – todo verdadero siervo debe tenerlo bien claro, aun cuando diste de tener una talla semejante a la de Pablo

Se dirige a Timoteo como a lo que en realidad era, y de manera indubitable – su verdadero hijo en la fe, lo cual va seguido de la infaltable palabra gracia, pero acompañada esta vez por 3 a 6  y paz – una triple bendición !

En  los versículos 2 a 6 tenemos una encomienda importante y que muestra que, a pesar de la juventud y hasta cierto punto de lo bisoño que era  Timoteo, Pablo tenía confianza y una alta valoración de él.

El punto en que sucedió esto no parece estar consignado en el relato de Los Hechos. En efecto, Timoteo  no quedó en Éfeso, sino que era uno de los que acompañaba a Pablo.

Esto no nos debe extrañar.  En 2. Corintios 11: 23-33, al dar una lista de sus muchos padecimientos en el ministerio, figuran varios que no aparecen en ninguna parte del relato de Los Hechos.

Nos resulta lógico pensar que en el mismo sólo se narra algunas de las muchas cosas acaecidas en sus viajes misioneros.

En cuanto a la encomienda en sí – que ahora le reitera – (ver versículo  4 al final)- en primer lugar consistía en que debía mandar a algunos en Éfeso que no enseñasen doctrina diferente ni prestasen  atención a fábulas y genealogías interminables, que sólo conducen a disputas perjudiciales en lugar de edificación. .Para esto y lo demás, desde luego que hacía falta autoridad espiritual, lo que confirma lo ya dicho de la confianza y alta valoración que Pablo tenía  de él.

Y a continuación pasa a centrarse en lo que llama el propósito del mandamiento: el amor, nacido de corazón limpio, de buena conciencia y de fe no fingida.

Tres virtudes cardinales: 1) el amor que él mismo  define a fondo en 1a. Corintios 13: 1-8.

2) La santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14.

3) la fe, sin la cual es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6)

Cpmp sucede, y tristemente con frecuencia, algunos se apartaron de esas columnas fuertes de la verdad, sobre lo cual Pablo nos da cuenta en los versículos 6 y 7, escribiendo cosas de las cuales podemos sacar conclusiones importantes. 

«…de las cuales cosas desviándose  algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores  de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.» Las palabras que hemos puesto en negritas, claro está, suponen una evidente muestra de vanidad. 

De esto sacamos una doble conclusión, elemental pero de suma importancia.

La primera parte de la misma consiste en que el envanecimiento conduce a apartarse de las verdades fundamentales y a desviarse del camino correcto.

Y la segunda – una derivación sencilla y lógica – es que quienes perseveran en la verdad, son personas que saben guardarse de la vanidad y vivir muy en obediencia a la exhortación del Señor en Mateo 11:29 :-«…aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón…»

En los versículos siguientes – del 8 al 11 – Pablo señala que la ley es buena, siempre y cuando se la aplique debidamente, y que no fue dada para el justo, sino para los impíos y desobedientes y cuantos hagan lo que sea contrario a la sana doctrina.  Termina diciendo «…según el glorioso evangelio de Dios que a mí me ha sido encomendado.»

Seguramente sin despreciar de ningún modo  a otros siervos sobresalientes, Pablo aquí se gloría  – pero no vanidosamente, por supuesto y como se ve un poco más adelante, de que que el glorioso evangelio le había sido encomendado. 

Ahora, a partir del versículo  12 y hasta el 16, pasa a explicar y definir el ministerio recibido del Señor.

En primer lugar  le agradece por haberlo fortalecido y por haberlo contado por fiel. De eso pasa al horrible pasado, en que fue blasfemo, injuriador y perseguidor, encendido seguramente por el odio satánico,  Pero gracias al Señor, Su misericordia lo acogió debido a que lo había hecho por ignorancia y  en incredulidad.

No que nos creamos de la talla de Pablo ni mucho menos, pero a cuántos de nosotros el bendito y misericordioso Señor nos ha perdonado y contado por fieles, para ponernos en el ministerio,  habiendo tenido un pasado igualmente horroroso!

En el versículo 14 señala que la gracia del Señor fue más abundante para con Él, derramando fe y el amor de Cristo en una elevadísima medida.

Como él mismo escribió en Romanos 5: 20, «…cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.»

El versículo 15 es tan conocido y precioso, y recuerdo haberlo memorizado y repetido muchas veces en mis primeros tiempos como creyente hace ya unos 77 años.

 Por cierto que es una palabra fiel y digna de ser recibida por todos – que el bendito y eterno Hijo de Dios se encarnó, viniendo a este mundo tan corrompido para salvar a los pecadores.

Y tantos de nosotros nos sentimos identificados con las palabras finales que pone Pablo:– de los cuales yo soy el primero. 

Recuerdo haber repetido este versículo completo ante un primo mío, a muy poco de convertido. Él cuestionó la parte final – ¿Cómo es que decía eso?,  

Mi hermano menor, que también era convertido a esa altura,y yo, le testificamos pero no llegó a entregarse al Señor. Posteriormente ingresó en la marina, y años más tarde alcanzó una alta  graduación.

 lamentaba no haber seguido el mismo curso que nosotros en la vida.No sé si llegó a hacer profesión de fe, aunque a esa etapa tan tardía  – ojalá que sí. Retomando el hilo, refiriéndose a las palabras finales del versículo, aplicadas a sí mismo, Pablo explica que precisamente por eso él fue recibido a misericordia – con el fin de que el Señor mostrase en él primero toda su clemencia para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.

Desde entonces, cuántos hombres y mujeres de todos los países, rangos y de las condiciones más variadas, hundidos en el fango del pecado, han hallado no sólo perdón, sino también una vida totalmente nueva con maravillosas y dichosas realizaciones de alcance tanto temporal como eterno!

Como consecuencia y culminación de todo ello, en el versículo 17 Pablo irrumpe en una preciosa doxología, que transcribimos textualmente. 

«Por tanto, al Rey de los  siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.»

Tras esto, en el versículo 18 y la primera parte del 19, Pablo pasa a una exhortación a Timoteo. La misma se centra en recordarle profecías que anteriormente  se habían hecho en cuanto a él.

No nos resulta fácil identificar la ocasión u ocasiones en que se hicieron. De todos modos, la exhortación va en el sentido de que, apoyándose en el Señor y el tener presente el buen destino que las mismas le señalaban, se mantuviese firme en conservar esa fe, y guardarse en santidad reteniendo una buena conciencia.

La segunda mitad del versículo 19 y el 20 nos dan la otra cara de la moneda, por así decirlo.

Nos habla de algunos que, desechando el rumbo de la exhortación de Pablo a Timoteo, naufragaron en cuanto a la fe. De entre ellos cita a dos – Himeneo y Alejandro – con los cuales se vio obligado a tomar una medida extrema y gravísima, pero, como veremos, muy efectiva. «…a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.»

 No sabemos específicamente qué procedimiento  empleó Pablo para efectuar esa entrega, pero lo cierto que de esto se desprenden por lo menos dos verdades importantes.

  1. 1) Aunque a regañadientes, y totalmente en contra de sus deseos, el diablo a veces trabaja para cumplir o facilitar los propósitos divinos.
  2. 2) En este caso, como resultado de esa entrega al diablo, Himeneo y Alejandro recibirían tal castigo que les serviría de un fortísimo escarmiento, para dejar así de cometer esa cosa tan horrible – blasfemar contra el Dios Santísimo, Omnisciente  y Todopoderoso.

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  1. CAPÍTULO  13 – 1a. epístola de Pablo a Timoteo (b)
  2. Comenzamos ahora a comentar el segundo capítulo  de esta epístola.
  3. En los primeros tres versículos Pablo exhorta a orar – presentando rogativas, peticiones y acciones de gracias, todas ellas relacionadas con los reyes y demás autoridades en eminencia. El fin que se ha de perseguir con esto es el de poder vivir «quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.»
  4. Pablo afirma que esto es agradable delante del Señor, y desde luego que lo es, pues denota respeto,, apoyo y sumisión a esas autoridades, que como él mismo afirma en  Romanos 13:1, han sido establecidas por Dios.
  5. Esto es la regla general y uno no puede sino aceptar de lleno toda la exhortación.
  6. No obstante, entrando en un terreno algo escabroso, ¿qué hacer cuando el gobierno de un país es incuestionablemente malo, despótico y las medidas que toma son desacertadas y conducen al desempleo, al malestar social y la  falta de paz y concordia en la población?
  7. Evidentemente para los cristianos la rebeldía e insumisión deben descartarse totalmente. y no vemos otro recurso que el de la oración, enfocada a que sea reemplazado por uno mejor.
  8. El versículo 4 nos da una importante y esperanzadora verdad, reiterada en 2a. pedro 3: 9, aunque en términos ligeramente distintos.
  9. Citamos textualmente ambos versículos.
  10. «…el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.»(versículo 4 del capítulo en que estamos)
  11. «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. (2a. Pedro 3: 9)
  12. Esto es otro motivo, además de otros que ya hemos señalado con anterioridad, para orar de una manera insistente  y con buena expectativa a favor de  familiares, vecinos o amigos que aún siguen insensibles ante los valores eternos. Recordemos que nosotros mismos estábamos en ese estado lamentable y peligroso, antes de dar el paso decisivo de recibir la salvación plena que nos ofrece el evangelio. 
  13. «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.»(versículo se emplea la palabra 5)
  14. La insistencia con que  se emplea la palabra solo -tanto para Dios como para el mediador – debería ser más que suficiente para disuadir a quienes piensan que puede haber otro mediador o mediadora.
  15. Para quienes evangelizan, ya sea individualmente o en público, les añadimos otro versículo que refuerza con fuerte hincapié la misma verdad. 
  16. «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.» (Los Hechos 4: 12)
  17. Después de las palabras «Jesucristo hombre» con que termina el versículo 5, Pablo añade :  el cual se dio a sí mismo en rescate por todos
  18. Es un punto de suma importancia. Existen dentro del Cuerpo de Cristo algunas iglesias, no muy numerosas, pero de verdaderos creyentes.
  19. No obstante, sostienen la enseñanza de lo que llaman «redención particular» y algunas se denominan «Estricta y particular.»
  20. Creemos que estas cuatro palabras – en rescate por todos, bastan para refutar tal enseñanza y postura.
  21. No obstante hay muchas más. Citamos algunas:»Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.»(1a. Juan 2:2)
  22. «El Señor …es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca , sino que todos procedan al arrepentimiento.» (2a. Pedro 3: 9) y también 1a. Timoteo 2: 3b-4: «Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.»
  23. Apenas si hace falta agregar que Dios nunca podría desear que todos los hombres hagan algo, y al mismo tiempo haber provisto lo necesario para que lo hagan sólo algunos en particular. Resulta un evidente contrasentido.
  24. Retomando el hilo, después de afirmar que a su debido tiempo se dio testimonio de que Cristo en rescate por todos, en el versículo 7 Pablo pasa a afirmar las tres facetas principales del ministerio que había recibido del Señor, a saber, predicador, apóstol y maestro de los gentiles, y lo refuerza con las palabras en fe y verdad lo que refuerza su autoridad en cuanto a las exhortaciones que pone a continuación.
  25. La primera, contenida en el versículo 8 – que los hombres oren en todo lugar levantando manos  santas, sin iras ni contiendas – está clarísima y no necesita explicación ni comentario.
  26.  En  el versículo 9, Pablo toca el tema del vestir decoroso de la mujer C on cierta tristeza, debemos afirmar que en estos tiempos no siempre se atiende debidamente a esta exhortación.
  27. El versículo 10, que nos dice que en vez de ataviarse con vestidos costosos, la mujer debe hacerlo con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan la piedad, al igual que el 8 referido a los hombres que ya vimos anteriormente, está clarísimo y no necesita explicación ni comentario.
  28. La porción final del capítulo, que se extiende desde el  11 al 15, constituye un pasaje delicado por un parte, pero también de suma  importancia. 
  29. Hemos oído decir que, dado que Pablo escribe «porque no permito a la mujer enseñar etc.» usando el verbo en singular, se puede decir que eso era en cuanto a él personalmente, pero que no debe tomarse como una norma general.
  30. Por nuestra, no nos parece un razonamiento fácil de aceptar. y creemos que lo que escribe en 1a. Corintios 14: 34’35 apunta en sentido contrario.
  31. Con todo, debemos reconocer que, como ya dijimos,  se trata de un tema muy delicado, sobre el cual a través de los siglos ha habido muchas controversias, algunas de ellas dolorosas y que han acarreado posiciones opuestas y enconadas entre muy buenos siervos del Señor.
  32. En aras de estricta justicia, debemos puntualizar que, en base a 1a. Corintios 11: 5, resulta claro que la mujer puede tanto orar como profetizar en reuniones congregacionales.
  33. Por otra parte, en cuanto al pasaje de 1a. Corintios 14: 34-35, en alguna ocasión hemos oído decir que, por referirse el texto claramente a mujeres casadas, esta prohibición que pone Pablo no es aplicable a las mujeres solteras.
  34. Tampoco en este caso nos parece un razonamiento convincente..
  35. Como vemos, se trata de un tema muy complicado y polémico. Podríamos agregar que en un hogar normal, sería muy triste que sólo los varones pudiesen hablar y las mujeres debieran estar calladas. Y no deja de ser verdad que, en un sentido, la iglesia puede conceptuarse como el hogar  de los creyentes.
  36. Adicionalmente, en reuniones a que asistíamos hace muchos años y en las cuales no se permitía a la mujer hablar y ni siquiera orar, captábamos un ambiente de legalismo y tristeza my poco edificante.
  37. En conclusión, un tema en el cual creemos que debe haber un sano respeto por las posturas que no concuerden con las propias, y una actitud de sincero amor fraternal que busca evitar polémicas que acarrean divisiones y contenciones. En cambio, procurar en cuanto sea posible conservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. según se nos exhorta en Efesios 4: 3.
  38. El capítulo termina en el versículo 15 afirmando que la mujer  «se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia.»
  39. Recordamos haber oído afirmar que esto se refiere a un parto feliz, es decir, sin esas serias dificultades que a veces hasta se derivan en la muerte de la mujer.
  40. Como detalle interesante,  que no queremos pasar por alto, señalamos que en este caso, a las tres virtudes cardinales que tantas veces  se  nos recuerdan, aquí va al final la de la modestia, seguramente en la doble acepción de humildad y  mansedumbre por una parte, y pudor por la otra.
  41. – – – – – – ( ) – – – – – –
  42. Capítulo 14 .- 1a. epístola de Pablo a Timoteo (c)
  43. «Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea.» (3: 1)
  44. Ya hemos señalado y demostrado que obispo, pastor y anciano son tres funciones distintas de un mismo cargo, es decir que el pastor es obispo y anciano a la vez.
  45. Pablo aquí escribe que quien anhela ese cargo, buena obra desea. No obstante, a renglón seguido, significativamente, antes de entrar a consignar los requisitos, antepone la palabrita pero. Nos suena como si dijera – «que sepa quien anhela esa buena obra, que para dar la talla hay que ostentar un nivel muy alto.»
  46. En cuanto a lo requisistos podemos decir que son prácticamente los mismos que se consignan en Tito capítulo 1, pero con tres agregados importantes.
  47. El primero es que gobierne bien su casa, teniendo los hijos en sujeción. El segundo, que no sea un neófito, notando que Pablo señala el peligro de que se envanezca y caiga así en la condenación del diablo.
  48. Cuánta razón hay en esta advertencia ! El bisoño, aprendiz o principiante, con raras excepciones, casi siempre tiende a engreírse, y es tan importante que el tiempo y el trato del Señor en la vida le inculquen a uno la verdadera humildad y mansedumbre. Notemos que al mismo apóstol Pablo – aunque en un nivel muy superior – después de haber tenido la experiencia maravillosa que nos narra en 2a. Corintios de haber sido arrebatado hasta el tercer cielo y oír palabras inefables que no le es dado al hombre expresar, el Señor lo puso bajo la severa disciplina del aguijón en la carne. ¿Y con qué fin lo hizo? El de evitar que se envaneciera !
  49. Esto nos muestra a las claras la profunda propensión del ser humano, desde la caída en el pecado, a esa tendencia tan terrible, propia del diablo, de volverse un envanecido.
  50. Y qué ejemplo precioso y perfecto el de nuestro Señor Jesucristo, tan manso y humilde y que nunca necesitó disciplina alguna para mantenerse en ese estado tan bendito !
  51. El tercer agregado es que se tenga un buen testimonio de los de afuera. Es decir, que la mirada microscópica de los inconversos que nos observan a los hijos de Dios, no viera en él ningún vestigio de falta de honradez, doblez, vicios, mal hablar ni cosa semejante. Cualquiera de esas cosas, desde luego le haría caer en descrédito.
  52. Por último notemos que el segundo punto resulta en caer en la condenación del diablo, y el tercero en el lazo del diablo – la diferencia no hace falta explicarla.
  53. En los versículos 8 al 13 Pablo pasa a dar los requisitos para el diaconado.
  54. Es la única vez que aparecen los mismos en sus epístolas, Sin embargo, debemos agregar a los que aquí consigna, tres más que aparecen en Los Hechos 6: 3 en la ocasión en que los primeros siete diáconos fueron nombrados en la iglesia primitiva de Jerusalén, a saber, buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y sabiduría.
  55. También debemos notar que Pablo consigna una salvedad importante: debían ser puestos a prueba primero, y ser confirmados en el cargo si su proceder fuera irreprensible. En el caso de la iglesia en Jerusalén a que nos hemos referido, esto no fue posible dada la urgencia de la necesidad, pero conviene señalar que los requisitos  eran mayores, sobre todo el de la plenitud del Espíritu.
  56. No obstante la salvedad hecha por Pablo de ser puestos a prueba primero antes de concretar el nombramiento, es muy sabia y sensata, pues como hemos puntualizado en una ocasión anterior, desnombrarlos, si cabe el vocablo, después de un tiempo en que no diesen la talla siempre acarrearía problemas escabrosos.
  57. En el versículo 11 se nos habla de las mujeres, diciendo que debían ser honestas, no calumniadoras, sobrias y fieles en todo. No debemos olvidar que las mujeres también podían y pueden ejercer el diaconado.  Tenemos el ejemplo de Febe, la diaconisa de la iglesia de Cencrea, de la cual en Romanos 16: 1-2 Pablo escribe en términos muy encomiables.
  58. Por último, debemos comentar sobre el versículo 13 en que leemos que «los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.»
  59. Esto da lugar al tema que podríamos denominar la promoción de los diáconos aprobados.
  60. En Los Hechos 8: 26-40 tenemos el ejemplo muy bueno de Felipe, que fue uno de los siete nombrados en Jerusalén en la ocasión a que ya nos hemos referido. Ahora lo vemos comisionado por un ángel del Señor a una labor evangelística, la cual tuvo grandes repercusiones tanto inmediatas como con posterioridad.
  61. En el versículo 15, después de haber manifestado en el anterior su esperanza de ir pronto a ver a Timoteo, Pablo agrega estas significativas palabras:  «…para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.»
  62. Como sabemos y se ha recalcado más de una vez, la verdadera iglesia no es el edificio ni el local donde se celebran las reuniones. En cambio, está constituida por los hombres y mujeres verdaderos hijos de Dios por renacimiento. y en los cuales Dios mora por Su Santo Espíritu. Esta es una verdad clarísima, sobre la cual no vamos a detenernos entrando en detalles, confiando en que el lector comprenda el tema perfectamente.
  63. Pablo se refiere aquí a la iglesia, la casa de Dios, es decir la vivienda en que Él mora – aparte de Su trono en las alturas, claro está, merced a Su Omnipresencia.
  64. Agrega que esa casa es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. la  Esa verdad la resumimos diciendo que es por una parte la doctrina de Cristo – ver 2a. de Juan versículo 9 –  y la doctrina de los apóstoles – ver Los Hechos 2: 42 – que en realidad suponen la misma cosa, es decir la doctrina que Cristo impartió a los apóstoles, y que ha  quedado fielmente inscripta en la Biblia, las Sagradas Escrituras,  como legado fundamental para la iglesia de todos los tiempos.
  65. En el versículo 16 con que concluye el capítulo Pablo define el misterio de la piedad. La palabra misterio aquí no tiene la acepción corriente de algo que trae suspenso, temor o una gran incógnita. En cambio significativa algo secreto – generalmente un gran tesoro – escondido en el pasado, pero que ahora es revelado en es ta dispensación de la gracia.Si mirásemos en un diccionario corriente, encontraríamos como definición de la piedad al go así: «Virtud que por el amor a Dios nos mueve a actos de bondad y compasión para con los semejantes.» L:a definición que Pablo nos da es muy distinta ! «Dios fue manifestado en carne.
  66. Justificado en el Espíritu,
  67. Visto de los ángeles,
  68. Predicado a los gentiles,
  69. Creído en el mundo,
  70. Recibido arriba en gloria.»
  71. Lo cual resume de manera preciosa la trayectoria de nuestro amado Señor Jesucristo desde Su encarnación hasta Su ascensión.
  72. Y esto denota, sencilla y hermosamente, que la verdadera y perfecta piedad no es ni más ni menos que Él  mismo en persona.
  73. Terminamos con una advertencia. La primera parte de esta definición de la piedad nos dice Dios fue manifestado en carne,
  74. Esto constituye una clara afirmación de la deidad de Cristo, cosa que por otra parte está claramente atestiguada en mucha otras Escrituras.
  75.  Debemos estar agradecidos al Señor por la muy buena y fiable versión del año 1960 de la Biblia Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, que corrientemente se emplea en la mayoría de las iglesias evangélicas de habla hispana.
  76. En estos últimos tiempos han ido apareciendo muchas nuevas traducciones, no todas ellas trigo limpio por cierto.
  77. Con el deseo expresado, ya sea de actualizar el idioma, o bien hacer la Biblia más accesible al hombre de la calle, o bien aclarar el sentido, nos encontramos con cosas falsas. Una de ellas – no la única, pero tal vez la principal – es la de negar veladamente la deidad de Cristo.
  78. Esta primera parte la hemos visto traducida Él apareció en un cuerpo, no poniendo Dios como está en el original, lo que supone una tácita negación de esa bendita deidad de nuestro Señor Jesucristo. Cuidémonos de no dejarnos llevar o guiar por nuevas traducciones de esta índole.

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CAPÍTULO 15.- 1a. epístola de Pablo a Timoteo. (d)

Los primeros 5 versículos de este cuarto capítulo de la epístola en que estamos, tratan el importante tema de la apostasía en los últimos tiempos.

Nos advierten claramente que habrá quienes, apartándose de la fe, escucharán a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.Y esto, por la hipocresía de mentirosos, cuya conciencia estará cauterizada.

Son cuatro cosas gravísimas – (1)Malos espíritus que propagan el engaño ; (2) Doctrinas o enseñanzas propias nada menos que de demonios; (3) Hipocresía de mentirosos; (4) un estado de conciencia cauterizada.

Se trata indudablemente de una situación en que el enemigo echa mano de todo su arsenal, en una embestida feroz, con el fin de arrastrar a cuantos pueda a la ruina de la perdición eterna que a él y a sus huestes de maldad les aguarda.

Desde luego que esta apostasía ya está en marcha desde hace unos buenos siglos, si bien en los últimos tiempos se ha de acelerar a un punto máximo.

Veamos las dos partes principales.

(1) Prohibirán casarse.  Esto va en sentido diametralmente opuesto a lo dispuesto por el Señor en los albores de la creación. En Génesis 2: 20-24 vemos que Dios estableció el matrimonio como una institución divina, con el fin de la procreación y al mismo tiempo para el amor y consuelo mutuo.

En 1a. Corintios 7: 7-9 Pablo señala que hay quienes tienen el don de continencia y no necesitan casarse. Personalmente conozco a varios hermanos en Cristo muy dignos que viven en un celibato satisfactorio. Con todo, evidentemente son una minoría, y lo normal es que el hombre se case, lo cual también sirve para madurar y completar su vida en muchos aspectos importantes.

Pero el error, y gravísimo por cierto, es el de imponer el celibato, y a eso se refiere Pablo en el pasaje que estamos comentando.

El resultado horrible que ha producido es que hombres – y también mujeres – que no han tenido don de continencia –  no han podido contenerse, y luego, para no ser descubiertos, han provocado abortos, con la consiguiente consecuencia de encontrarse lugares con numerosos cadáveres de criaturitas abortadas y sepultadas secretamente.

El otro aspecto de la apostasía que Pablo señala es el de mandar abstenerse de alimentos.

Como sabemos, el ayuno es algo claramente establecido en las Sagradas Escrituras, como un medio para dedicarse a la oración y búsqueda del Señor con mayor eficacia .

La diferencia entre esto y el imponerlo  de la forma a que se refiere Pablo es abismal. Por empezar, el ayuno bíblico es voluntario, nunca impuesto como una obligatoriedad en determinadas fechas del calendario. Esto necesariamente lleva a muchos a desenfrenos en el comer con anterioridad, y también con posterioridad a esas fechas de abstinencia obligatoria.

Por otra parte, también está bajo ese mismo punto  la insistencia  en no permitir ciertas comidas. En esto también se atenta contra la libertad de conciencia de cada uno.

Cada uno debe saber si hay algún tipo de comida que no le sienta bien, según su metabolismo, que a menudo difiere del de otros.

Por nuestra parte, la única prohibición que reconocemos es la dispuesta para los gentiles en el concilio de Jerusalén que se nos consigna en Los Hechos 15, en especial el versículo 29 – a saber, lo sacrificado a ídolos, sangre y ahogado

.No obstante,, en mi caso particular las comidas grasientas y un exceso de frituras no me sientan bien, por lo cual procuro abstenerme de las mismas. En suma, dentro de un marco de flexibilidad, y con respeto mutuo, cada uno debe saber la forma más indicada para su propio organismo y metabolismo. En cuanto a lo que decimos del respeto mutuo, en Romanos 14: 2-3 tenemos una exhortación precisamente en esa línea de la alimentación. «Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios le ha recibido,.

Pablo redondea el pasaje diciendo que todo lo que creó Dios es bueno y nada es de desecharse si se toma con acción de gracias, «porque por la palabra de Dios y la oración es santificado.»

Esto,claro está, no necesita comentario. Con todo, acoto que personalmente suelo desayunar opíparamente, nutriéndome mayormente de una gran variedad de fruta. Y desde luego le agradezco al Señor, tanto por la misma  como por la dicha de tener un buen apetito. Tristemente, hay quienes no pueden hacerlo, por falta de apetito, por una causa u otra.

A partir del versículo 6 y hasta el final del capítulo, la  tónica de la epístola cambia, pasando Pablo a dar una serie de consejos prácticos a Timoteo, que iremos desgranando a continuación. 

«Si  esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido en la palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.» (versículo  6)

Vemos reflejado en esto el gran deseo de Pablo de que el joven Timoteo llegase a ser un buen ministro de Jesucristo, lo cual supone una meta importante y elevada.

Como hemos manifestado en alguna ocasión anterior, el aprovechamiento del tiempo que hacía era algo admirable. En sus viajes levantando nuevas iglesias, y confirmando a las ya levantadas – lo que ya en sí representaba una ardua – hacía asimismo otra labor importantísima. En efecto, al ser acompañado por jóvenes como Timoteo, Tito, Tíquico y otros, conducía lo que me he atrevido a llamar la Escuela Móvil de Formación Ministerial.

 De modo que 1) levantando nuevas iglesias en sus viajes de lugar a lugar, o bien 2) confirmando a las ya existentes, y como si fuera poco 3) llevando la Escuela Móvil de Formación Ministerial a que ya nos hemos referido. Más no se puede pedi !

«Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad.» (versículo 7)

La primera parte la podemos hacer extensiva a toda conversación superficial y no edificante.  Una de las marcas de un buen siervo del Señor es que sólo se le oye hablar de lo provechoso y que resulte de inspiración.

En cuanto a la segunda parte, ya hemos puntualizado la forma en que el misterio de la piedad – 3: 16) – está idealmente representada por la trayectoria ejemplar y sin mácula del Señor Jesús.

En 1a de Juan 4:17 leemos «…pues como él es, así somos nosotros en est e mundo.» Esto en realidad supone una cristalización .de «Cristo en vosotros, la esperanza de gloria»(Colosenses 1: 27b

Sin duda, se trata de  algo que nos debe motivar a recapacitar, y tal vez replantearnos muchas cosas de nuestro hablar y conducirnos en la vida cotidiana.

El versículo 8 que sigue en el texto nos presenta un contraste que merece un breve comentario. En su primera parte dice «…porque el ejercicio corporal para poo es provechoso.» 

Con todo, no cabe duda que correctamente realizado y en la medida correspondiente, el mismo reporta evidentes beneficios, como reducir el estrés, estimular  el flujo sanguíneo, evitar el peligro de la falta de elasticidad y aun de movilidad por atrofia y muchos más. Pero, claro está, todo esto sólo vale para la vida presente, y en comparación con la piedad, que sirve  para toda una eternidad, su provecho es poco. Creemos que esta es la interpretación equilibrada que debe darse a este versículo.

En el versículo 9 Pablo rubrica lo dicho en el  anterior diciendo «Palabra fiel es ésta, y digna de ser recibida por todos.» Debemos comprender esto en el sentido de que tantos se preocupan no sólo del ejercicio corporal, sino de todo lo terrenal, y por el contrario se despreocupan de lo imperecedero y eterno. Y como contraste agrega en el 10 que sigue a continuación «Que por esto trabajamos y sufrimos oprobio, porque esperamos en el Dos viviente…» Este trabajar y sufrir oprobio lo dice por su dedicación por entero al ejercicio de la piedad, lo cual la mayoría no solamente no lo hacía, sino que lo menospreciaban y hasta le costaba padecer el oprobio de muchos, lo cual también sucede hoy día. No obstante, no desmayaban, sino que esperaban y confiaban el Dios viviente.

Las palabras que siguen en el texto «…que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen» algunos las interpretan, relacionándolas con algún otro versículo, como Colosenses 1: 20 – «…y por medio de él reconciliar todas las cosas, así las que están en la tierra, como las que están en los cielos…»- como base para una doctrina de salvación universal.

La reacción de la mente natural aceptaría de buen grado esta enseñanza – así ningún familiar, vecino o amigo inconverso se perdería.

Pero presenta la inevitable objeción:-  ¿cómo un Dios justo y soberano podría acordar a los inicuos, blasfemos y desobedientes que han rechazado el evangelio del amor y la salvación en Cristo,  un perdón gratuito  al igual que a los fieles que le han amado y servido?

La interpretación más acertada nos parece la de considerar lo de «Dios ser salvador de todos los hombres» como potencial, o en potencia, si cabe la expresión. Y lo que confirma esto de manera absoluta y sin dejar lugar a ningún  cuestionamiento es 1a. Juan 2: 2:- Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.»

Se sobreentiende, y lo confirma toda la tónica del resto de la epístola, que no por el valor universal de esa propiciación todo el mundo será salvo – sólo aquéllos que se acogen a la misma y abrazan de verdad la fe del evangelio.

Antes de seguir adelante Pablo exhorta a Timoteo en el versículo 11 que mande y enseñe lo precedente, aunque seguramente sin entrar en detalles sobre lo que acabamos de expresar en cuanto a la teoría de la salvación universal.  Lo más probable es que ni siquiera haya hablado con él sobre el tema. 

«Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor espíritu, fe y pureza.» (versículo 12)

Timoteo tenía el problema que a veces se les presenta a personas jóvenes bien dotadas. Hay la mala tendencia, casi generalizada, de despreciar a la juventud, y es cierto que en muchísimos casos jóvenes inmaduros cometen precipitaciones, y una variedad de errores propios de personas sin experiencia. Personalmente, para ser franco, yo recuerdo haberlo hecho en buena medida en más de  una  oportunidad y desde luego el Señor, y a veces mis padres también, tuvieron que tener una buena dosis de paciencia para conmigo.

Pablo le da a timoteo el mejor consejo que se le puede a un joven, y es el de conducirse como una persona seria y responsable, Resulta de interés considerar las seis virtudes que le aconseja cultivar.

 Palabra, teniendo en cuenta las palabras del Señor J esús «de la abundancia del corazón habla la boca»(Mateo 12: 34) A veces, con discernimiento, después de oír a alguien hablar por unos minutos, se puede saber qué clase de persona es.

 Conducta, recordando que lo que a veces se llama la mirada microscópica de los inconversos, y ¿por qué no decirlo?, de los creyentes también, no se pierde detalle de lo que uno hace o deja de hacer en una y otra situación.

 Amor.- ¿Qué hemos de decir sobre el amor? Siendo Dios un Dios de amor, Su reino siempre se ha de  desenvolver y manifestar dentro de esa esfera del amor.

Si, por ejemplo, alguien se siente impulsado o con deseo de ir a enseñar, instruir o ayudar a otros de alguna forma u otra, que sepa que para ser uno verdaderamente enviado por el Señor, deberá necesariamente ir con un sincero amor para con aquéllos a los se siente enviado. Y en caso de no sentir ni tener ese sincero amor, mejor que no vaya. 

Espíritu.- En 1a. Pedro 3: 3 se nos habla de «el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.»

Si bien este versículo está dirigido a la mujer, evidentemente el principio es plenamente aplicable al varón también.

Recordamos haber leído de un gran siervo de Dios de otrora, de aquellos que no se ven hoy día, algo muy edificante y aleccionador, Un colaborador suyo – también siervo ejemplar y bien conocido –  y que vivió muchas horas a su lado, entre  muchas otras cosas dijo dos que nos quedaron grabadas.

La primera, que tenía un don de discernimiento muy agudo  del espíritu de otros, y al mismo tiempo conservaba un absoluto dominio de su propio espíirtu. Es tan fácil, ¿verdad?cuando sucede algo que no nos cae bien, sentirnos irritados y  al mismo tiempo abrigar pensamientos de encono, protesta o crítica.

La segunda diríamos que era inverosímil. Afirmó de él que en las muchas horas en que estuvo en compañía suya, ya sea viajando, ministrando la palabra, y aun ante la actitud hostil o contradictoria de algunos, nunca le vio hacer o decir algo fuera de lugar.

Creo que muchos de nosotros nos diríamos «Largo camino te resta» para alcanzar semejante medida de gracia y virtud! 

Fe.- Hemos de diferenciar entre: 1) La fe que salva – «por gracia sois salvos por medio de la fe» – (Efesios 2: 8) – 2) La fe que es el fruto del Espíritu para nuestra vivencia diaria – (Gálatas 5: 22) y 3) La fe como un don del Espíritu – (1a. Corintios 12: 9)

Esta última se entiende como la fe necesaria para desenvolverse en el ministerio a que uno es llamado.

Como, por ejemplo, hace unos buenos años el siervo George Müller  se sintió llamado para acoger a niños huérfanos en un orfanatorio en la ciudad de Bristol, al S.O. de Inglaterra.. Él no tenía medios para financiarlo, pero por la fe, y sin pedir nada a nadie, la obra siguió  adelante  satisfactoriamente por nos buenos años.

A este tercer grado se está refiriendo Pablo al escribirle a Timoteo en esos términos. Debía cultivar y salvaguardar esa fe que le había sido acordada para el feliz desenvolvimiento del ministerio a que el Señor lo había llamado.

.Pureza.- Es decir que debía cuidarse mucho de vivir en santidad, «sin la cual nadie verá al Señor», tal cual se nos dice en Hebreos 12: 14.

En varias oportunidades en la prédica oral hemos señalado que, sin desconsiderar la importancia de todas las facetas del vasto consejo de Dios, la santidad tiene una muy particular. En efecto, se puede haber trabajado con ahínco, y buen fruto en la viña del Señor, pero si – como tristemente le ha acontecido a algunos siervos del Dios – por descuidarse en ese aspecto tan especial de la auténtica  pureza, uno queda manchado en el fango del pecado, toda la buena labor anterior  queda echada por tierra.

Cuidémonos mucho de no bajar la guardia, ni de tomarnos ninguna libertad indebida, ni darle siquiera un milímetro de ocasión a ese enemigo declarado de nuestra alma, que siempre está al acecho.

  Así el Espíritu Santo podrá honrar nuestras labores, que llevarán en sí el sello de «la hermosura de la santidad.» (Salmo 29: 2, 96:9 y 110:3)

 «Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la enseñanza y la exhortación.» (versículo 13)

Todo siervo de Dios debiera ocuparse de la lectura, prioritariamente de las Sagradas Escrituras, pero también de buenos libros, que sean de inspiración y provecho espiritual, y nunca novelas baratas y no edificantes.

Siendo bilingüe, tengo el privilegio de poder nutrirme y deleitarme con la lectura de escritos o biografías de varones insignes de otrora, como George Fox, Robert Murray Mc Cheyne, etc. Actualmente estoy leyendo las 365 cartas del renombrado Samuel Rutherford, en la edición de Andrés Bonar..

Otro siervo también renombrado – Richard Baxter, ha dicho de ellas que después de la Biblia, el mundo no ha conocido un libro igual. Asimismo el famoso C.H. Spurgeon se refirió al mismo en los términos más elogiosos.

Algunos pocos de estos libros han sido traducidos al castellano. Quisiéramos que fuesen más.

A la exhortación de ocuparse en la lectura, Pablo añade la de dedicarse  a la enseñanza y exhortación. Pero debemos leer detenidamente y con reflexión para que no se nos pasen por alto cosas de importancia. Antes de esta exhortación, en el versículo 12, se consigna la de ser ejemplo en los seis puntos que hemos comentado.

¿Por qué? Porque si no se es un ejemplo vivo y limpio, ostentando con humildad pero también con firmeza esas virtudes, la enseñanza y la exhortación carecerán de autoridad y peso. 

En otras palabras, y redondeando sobre esto, el predicador o maestro y su mensaje deben ser una misma cosa, o bien, que se trata de predicar y enseñar lo que se vive y vivir lo que se predica y enseña. 

«No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.» (versículo 14)

En realidad no es fácil identificar el lugar ni la ocasión en que sucedió lo que nos dice este versículo. 

En cuanto al don en sí, creemos que se debe traer a colación 2a. Timoteo 4:5 – «haz obra de evangelista.»El hecho de que, evidentemente, por lo visto anteriormente, Timoteo también enseñaba y exhortaba, no lo desvirtúa, porque la experiencia práctica atestigua que muchos que tienen el don de evangelista, también son buenos en la enseñanza y la exhortación.

Asimismo conocimos casos de hermanos que después de hacer una buena labor evangelística en un lugar determinado, se encontraron  con que habían levantado una iglesia, y eso los obligó a desempeñarse tanto en la enseñanza como en la exhortación.

De hecho, Pablo – sin duda dotado de una gracia superlativa – por cierto que era evangelista, pero al mismo tiempo también maestro, profeta, y apóstol. Y en el hilo histórico, y aun en la actualidad, nos encontramos con casos semejantes, aun cuando, desde luego, no tengan  la  talla sobresaliente de Pablo. 

«Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos»(versículo 15)

Otra exhortación importante. Se trata de seguir y perseverar con diligencia en todo lo que antecede.A veces, sobre todo en la juventud, es posible aburrirse, por así decirlo, de el o los temas en que uno está, y ponerse a buscar algo distinto. Pero no – debía perseverar firmemente en todas esas cosas . En ellas estaba su llamamiento y su norte en la vida, y al hacerlo sería además un buen ejemplo para los demás, que verían y se sentirían estimulados por  sus loables progresos.

Y no debemos dejar de añadir que esta exhortación, y por supuesto todas las demás de la epístola, llevaban el peso contundente de la vida muy ejemplar de quien las hacía. De poco o nada podrá servir la exhortación que no tenga el respaldo de una vida acorde.

«Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina;  persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.» (versículo 16)

Hemos conocido algún caso, muy triste por cierto, de uno que tenía mucho celo por la sana doctrina, pero que lamentablemente no supo cuidarse a sí mismo. Esto de hecho le trajo consecuencias fatales y fue un pésimo ejemplo para los demás.

La reiteración persistente de que al enemigo declarado de nuestras almas, como solemos llamarlo, no hay que darle ni un milímetro de lugar, es algo que siempre está en sazón.

Al mismo tiempo debe ir acompañado por saber permanecer en la sana doctrina aprendida desde un principio. Y tanto más en estos días, en que por internet, además  de cosas buenas y provechosas, se  encuentran bastantes que no son trigo limpio, Viene bien aquí traer a colación lo que Pablo escribió en Efesios 4: 14:- «…para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que  para engañar emplean con astucia las artimañas del error.»

Esto nos da a entender claramente que hay  personas tan vendidas al mal, que es como si fueran emisarios del maligno, sagazmente ubicados por éste entre almas incautas para llevarlas al error. Y esta clase de error, digámoslo categóricamente, es  de los que lleva a la perdición.

Así vemos la necesidad fundamental e imperiosa  de salvaguardar celosamente las dos cosas – el testimonio personal con una vida intachable, y la auténtica verdad bíblica.

Esto, como concluye Pablo,  tendrá el doble fin de salvar al mismo siervo del Señor, y a los que lo oyeren y fueren guiados por él.

Llegamos así al final de un capítulo colmado de  advertencias, enseñanzas, exhortaciones y consejos de los más variados, pero todos muy prácticos y utilísimos para quienes desean servir fiel y eficazmente en la viña del Señor. 

– – – – – – ( ) . . . . . .

CAPÍTULO 16.- 1a. epístola de Pablo a Timoteo.(e)

En este capítulo la tónica de la epístola vuelve a cambiar. Ahora se trata de la actitud y conducta para con los demás: ancianos,  ancianas, jóvenes, jovencitas y viudas.

Se sobreentiende que estos consejos dirigidos a Timoteo, son plenamente aplicables a todo verdadero hijo de Dios.

Empecemos por ancianos y ancianas. Pablo le escribe a Timoteo que no debía reprenderlos, sino exhortarles como a padre y madre.

Tácitamente, esto nos da a entender que habrían hecho algo incorrecto o fuera de lugar. En sí, esto constituía entonces un encargo muy delicado – que un joven como Timoteo corrigiese a personas de edad avanzada.

Lo normal sería todo lo contrario, pues los años enseñan, o por lo menos deberían enseñar, tino y cordura.

No obstante, no siempre sucede así. En las Escrituras tenemo el caso del rey Salomón, que después de una buena trayectoria hasta la mediana edad, en que muchos venían a escuchar su sabiduría e incluso pudo volcar mucho de la misma en el libro de los Proverbios, en la vejez, impulsado por el amor a las muchas mujeres paganas que tuvo, cayó en un desvarío absolutamente lamentable.

En Eclesiastés 10: 1 se nos dice:-«Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura al que es estimado sabio y honorable.» 

En esto tenemos una advertencia importante. La locura lamentable de Salomón le trajo mucho quebranto y vergüenza . Pero es verdad que una pequeña locura, también puede acarrear mucho descrédito y «mal olor», como lo puntualiza el versículo citado, empañando el curso de  quienes han llegado a ser sabios y honorables.

Moraleja: a andar siempre en puntillas, nunca bajando la guardia ni apartándose de la disciplina dl Espíritu.

Es muy bueno empezar bien la carrera cristiana; también lo es el perseverar correctamente en la misma. Pero sobre, todo concluir la misma con todos los honores y ninguna nube oscura que empañe lo bueno hecho anteriormente.

Antes bien, que aspiremos a que nuestro fin sea el de un cielo límpido y despejado, en el cual el bendito Sol de Justicia brille con todo Su esplendor.

«..a los más jóvenes como a hermanos;…a las  jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.»(versículos 1b y 2b)

La autoridad suya para exhortar, sobre todo a los jóvenes, radicaba  en el ejemplo que su vida debía ser.. Sabemos que en general a los jóvenes no les resulta fácil obedecer a otro que también es joven como ellos..

En cuanto a las jovencitas.»…como a hermanas, con toda pureza» – debemos enfatizar que para todo siervo de Dios el trato con el sexo opuesto debe ser siempre además de puro, sabio.

Aunque aplicable con todas en general, sobre todo con las jovencitas debía haber, y debe por supuesto  haber, una sana y sabia seriedad. A veces entre los jóvenes se puede fácilmente empezar con chistecitos, risitas y sonrisitas, que a la postre acarrean perjuicios y malos resultados. Creemos que la palabra pureza en este contexto involucra asimismo sabiduría y seriedad.

Y ahora, a partir del versículo 3 y hasta el 16, un largo pasaje sobre las viudas,  que desde luego nos requerirá una buena dosis de reflexión para poder comentarlo debidamente,

«Honra a las viudas que en verdad lo son» se nos dice en el versículo  3, y en el 5 se las define con claridad:- «Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios y es diligente en súplicas y oraciones noche y día.

Tenemos presente el caso, muy loable por cierto, de Ana,  profetisa, hija de Fanuel, de la cual en Lucas 2: 36-37 leemos otra descripción muy precisa y acertada de lo que es una viuda de verdad: 

«Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel,  de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.»

 Por otra parte, en el versículo 6 Pablo nos da una definición muy tajante y radical de la que no lo es: «Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta.» (!)

En el versículo 4 tenemos varios puntos importantes, y aquí se ponen los puntitos sobre las íes, como se suele decir. 1) Si alguna viuda, a diferencia de la que ha quedado sola (versículo 5)  tiene hijos o nietos, estos deben asumir la responsabilidad y recompensar a la que fue su madre o abuela.

Esto está en total consonancia con el mandamiento de honrar al padre y a la madre, consignado primeramente en Éxodo 20: 12, repetido en Deuteronomio 5: 16 y reiterado en el Nuevo Testamento en Efesios 6: 2, con el agregado en el versículo 3 que sigue, que a quienes lo hagan les irá bien y se les recompensará con una buena longevidad.

En la sociedad occidental, hoy día, en muchos casos y por diversas circunstancias, matrimonios que ya han criado sus hijos, salen ambos a trabajar y financian el cuidado de la abuela o el abuelo, contratando a una persona idónea para hacerlo.

Antiguamente no era así, sino que la abuela o el abuelo convivían con el matrimonio, lo cual era más familiar y. hogareño. No obstante, a veces se presentaba el serio problema de que ya sea el marido, o bien la mujer, no congeniaba con la suegra o el suegro.

En fin, cada cosa parece casi siempre tener sus pros y sus contras.

En el versículo 7 Pablo redondea escribiendo:, «Manda también estas cosas para que sean ,irreprensibles».

 Y a continuación en el versículo 8  tenemos una  afirmación categórica y tremenda sobre la responsabilidad de que uno cuide de los suyos.

«…porque si alguno no provee para los suyos y mayormente para los de su casa,  ha negado la fe y es peor que un incrédulo»

 

 

 

 

 

 

 

NUEVAS COSECHAS DE ANTIGUAS VERDADES – SEGUNDA PARTE

DERECHOS RESERVADOS

NUEVAS COSECHAS DE ANTIGUAS VERDADES
SEGUNDA PARTE

RICARDO HUSSEY

INTRODUCCIÓN

Después de visualizar las cumbres de revelación que nos prodiga Pablo en Efesios 1, mayormente derivadas de esa actividad divina en el pluscuamperfecto previo a Génesis 1: 1, pasamos ahora a una proyección o nivel distinto.

Creemos que no está fuera de lugar que lo hagamos, alternando lo nuevo del libro eterno de Dios con lo viejo del mismo, aunque siempre teniendo bien presente la superioridad del nuevo, hacia lo cual lo viejo del mismo a menudo apunta con sombras y figuras, como así también a veces con predicciones vívidas y certeras.

Esta obra, al igual que la anterior en su tiempo, irá quedando inconclusa por un tiempo, dado que el autor irá agregando capítulos paulatinamente. De manera que lo informamos al lector que pudiera estar interesado, para que periódicamente visite esta 2a. parte en que encontrará nuevos capítulos que se irán añadiendo.

Í N D I C E

Capítulo 1 – La profecía de Joel.

Capítulo 2 – El.El libro de Eclesiastés (a)

Capítulo 3 – El libro de Eclesiastés (b)

Capítulo 4 – El libro de Eclesiastés (c)

Capítulo 5 . El libro de Eclesiastés (d)

Capítulo 6 – El libro de Eclesiastés (e)

Capítulo 7 – La 2a. epístola de Pedro (a )

Capítulo 8 – La 2a. epístola de Pedro (b)

Capítulo 9 – La 2a. epístola de Pedro (c)

Capítulo 10 – La 1a. epístola de Pedro (a)

Capítulo 11 – La 1a. epístola de Pedro (b)

Capítulo 12 – La 1a.epístola de Pedro (c)

Capítulo 13 – La 1a. epístola de Pedro (d)

Capítulo 14 – La 1a. epístola de Pedro (e)

Capítulo 15 – 1a. epístola de Pedro (f)

Capítulo 16 – La epístola de Pablo a Tito.(a)

Capítulo 17 – La epístola de Pablo a Tito (b)

Capítulo 18 – La epístola de Pablo a Tito (c)

Capítulo 19 – La adoración.

Capítulo 20.- El Sermón del Monte. (a)

Capítulo 21.- El Sermón del Monte (b)

Capítulo 22 – El Sermón del Monte (c)

Capítulo 23 – El Sermón del Monte (d)

Capítulo 24 – El Sermón del Monte (e)

 

 

CAPÍTULO 1 – LA PROFECÍA DE JOEL

El nombre Joel significa Jehová es Dios, y el de su padre Petuel, ensanchamiento de Dios. No se agrega nada en el texto que nos oriente en cuanto al lugar de su residencia, ni se dice que haya profetizado en el reinado de ningún rey de Israel o de Judá. Seguramente que un erudito en la historia del pueblo de Israel podrá ubicar el tiempo de su profecía con precisión. Por nuestra parte nos ceñimos al versículo 6 del capítulo 3, en que se menciona a “los hijos de los griegos” lo cual colocaría al libro y su autor en una época posterior al cautiverio.

Como en todos los auténticos profetas, en Joel encontramos algo característico y que ya hemos señalado, y que los diferencia fundamentalmente de los falsos. Mientras estos vaticinan paz y seguridad en tiempos de rebeldía, infidelidad e idolatría, aquéllos acertadamente profetizan lo contrario, es decir juicios muy severos, para sólo pasar a promesas de restauración, paz y prosperidad una vez que los juicios hayan llevado a un arrepentimiento sincero y profundo.

Consecuentemente con este principio, Joel comienza por preanunciar una devastación desoladora en el campo, que sería tan absoluta que sus efectos los sentirían todos sin excepción, tanto en el campo los labradores y las bestias del campo, como en la ciudad hombres y mujeres, jóvenes y niños, sacerdotes y ministros del altar.

Para colmo de males, la predicción se extiende a la venida de un fuerte ejército invasor del Norte, que sería irresistible y entraría en la ciudad, subiría por las casas, entrando por las ventanas a manera de ladrones, llenando a todos de pánico y pavor.

La descripción de todo este panorama tan sombrío y horroroso se extiende a lo largo del primer capítulo y hasta el versículo 11 del segundo. Pero a continuación nos encontramos con un fuerte llamado al arrepentimiento que viene de parte de Jehová por medio de Su siervo Joel. El mismo tenía que ser absolutamente genuino. Veamos los ingredientes que debía contener, y que de hecho son típicos de todo auténtico arrepentimiento.

“Convertíos a mí de todo vuestro corazón, con ayuno, y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón y no vuestro vestido, y convertíos a Jehová vuestro Dios.” (2:12-13a)

El hecho de que se diga primera convertíos a mí y luego se reitere diciendo “convertíos a Jehová vuestro Dios” nos señala un punto muy importante. Ese arrepentimiento debía ser para con el Señor por encima de todo lo demás. Aun cuando pueda y deba abarcar mucho más, el arrepentimiento verdadero y real siempre está enfocado prioritariamente al Dios Santo, al cual se le debe todo, y al cual se ha ofendido reiteradamente y con contumacia.

Esta exhortación al arrepentimiento y de convertirse de forma real al Señor, se apoya en la gran misericordia del Señor: “…porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia y que se duele del castigo.” (2:13b) Como tantas veces se ha dicho, siempre emplea primero la exhortación y la advertencia, pero si no surten efecto, muy a su pesar, recurre al castigo. El fin del mismo no es solamente punitivo, sino también como el medio de llegar por la vía del dolor y el escarmiento, a una restauración real e integral.

En los versículos 15 al 17 del capítulo 2 continúa la exhortación a ese arrepentimiento tan necesario, expresada en términos muy tiernos y emotivos.

“Tocad trompeta en Sión, proclamad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia. Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová y digan: Perdona, oh Jehová a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?

La respuesta del Dios tan misericordioso no se hace esperar: “Y Jehová, solícito por su tierra perdonará a su pueblo.” Contiene en seguida la promesa de enviar pan, mosto y aceite a ese pueblo tan hambriento por la devastación previa, y hacerlo con tal abundancia que quedarían plenamente saciados.

De esa manera quitaría el oprobio que había representado, por ser el pueblo escogido del Señor, de haber pasado hambre y desolación tanto en el campo como en la ciudad. Además, estaba la gran promesa de alejar a ese ejército del norte tan formidable, y llevarlo a tierra seca y desértica y desintegrarlo hasta el grado de pudrición, y esto por haberse envanecido y haber querido desolar y destruir al pueblo de Dios.

Todavía encontramos más promesas. Debían alegrarse y gozarse porque el Señor Jehová iba a ser grandes cosas. Aun a los animales del campo se les insta a que no teman porque los pastos del desierto iban a reverdecer y la higuera iba a dar su fruto, y como si no bastase, la maravillosa promesa que desde los cielos Él haría descender sobre ellos la lluvia temprana y la tardía, como al principio.

Las eras además se iban a llenar de trigo, y los lagares rebosarían de vino y aceite, y luego sigue la preciosísima promesa del versículo 25: “Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros.”

¡Cuánta verdad hay en esto, aplicable en el reino espiritual a nosotros, que en esta dispensación somos el Israel de .Dios! (Ver Gálatas 5:15-16.)

La oruga, el saltón, el revoltón y la langosta no era ni más ni menos que un gran ejército que el Señor deliberadamente había enviado contra ellos. Todo intento de labrar la tierra provechosa y fructíferamente quedaba totalmente frustrado y desbaratado. Pero eso tenía un fin muy bendito y era el de llevarlos a ese arrepentimiento y a esa conversión al Señor tan necesaria y a la vez tan saludable. Una vez logrado eso, que era totalmente imprescindible, en Su gran misericordia el Señor se compromete a restituirles todo eso que habían perdido, resarciéndolos total y cabalmente.

Quien esto escribe se identifica plenamente con el contenido de este versículo. Según lo consigna en su autobiografía, pasó una época muy oscura que duró en total nueve años. Antes había servido al Señor con esfuerzo y cariño, pero de la manera explicada en la autobiografía, pasó a atravesar esa etapa tan sombría. Al cabo de la misma todavía necesitó un largo período de terapia divina por el enorme daño que le había causado el enemigo durante esos largos nueve años. Pero a la postre comenzó a venir una cosecha en la cual no sólo le fue resarcido todo lo que había perdido, sino que pasó a recibir mucho, muchísimo más.

Por todo esto, bien se puede hacer eco de las palabras de Romanos 12: 33-36. “!Oh profundidad de las riquezas de las sabiduría y la ciencia de Dios! !Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”

Pero no cabe duda alguna de que el punto álgido del libro de Joel es la predicción del derramamiento del Espíritu, contenida en el capítulo 2, versículos 28-32. El día de Pentecostés, Pedro inmediatamente reconoció que lo que estaba aconteciendo era el cumplimiento preciso de tan importante profecía y la citó en la primera parte de su discurso.

Los puntos principales fueron los siguientes: –

1) En los postreros tiempos el Señor derramaría de su Espíritu. El hecho de que esto fuese seguido por las palabras “sobre toda carne” no debe tomarse al pie de la letra, como si sería sobre todo ser humano del planeta tierra. En cambio, ha de interpretarse que sería de toda clase de personas: hijos, hijas, jóvenes, ancianos, siervos y siervas, y habría profecías, sueños y visiones. Por el versículo 11 de Los Hechos 2 vemos que al hablar en lenguas proclamaban las maravillas de Dios de manera claramente comprensible para cada uno de los que les oían en sus diversas lenguas propias – partos, medos, elamitas, etc. Si bien en el relato no se consigna ningún sueño ni visión, eso no quiere decir que no hayan acontecido, y de hecho, vemos que en Los Hechos 9: 10 Ananías tuvo una visión muy concreta, al igual que Pablo más tarde, según se nos narra en Los Hechos 16: 9. También debemos visualizar que esa proclamación de las maravillas de Dios en tantas lenguas distintas, era como un anticipo de que eso iba a acontecer en todo el orbe con la proclamación de la más grande maravilla de Dios – el evangelio de la gracia suprema y sublime que hoy día se está cumpliendo y va de camino a un cumplimiento completo.

2) Profetizarían hijos e hijas, denotando que sería para ambos sexos.

3) La hermosa promesa de que todo el que invocare el nombre del Señor sería salvo, algo futuro en el libro de Joel, pero feliz y gloriosamente presente para los que estamos en la dispensación de Pentecostés. La misma nos brinda además un fuerte punto de apoyo para la palanca de nuestra fe, valga la expresión, al orar por familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo que aún no se han convertido.

Pedro no citó la parte final de la predicción de Joel – “porque en el monte de Sión, y en Jerusalén habrá salvación como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado.”

Con todo, eso también estaba sucediendo y cumpliéndose cabalmente. De paso añadimos que las palabras “…entre el remanente al cual él habrá llamado” confirman lo dicho anteriormente de que las palabras “sobre toda carne” no significan al pie de la letra la totalidad de la población del mundo en que vivimos.

El libro de Joel termina en el capítulo 3 prediciendo el juicio a las naciones antagónicas u opuestas a Israel, acerca de lo cual nos abstenemos de comentar. En cambio, reiteramos que ese bendito principio en Jerusalén el día de Pentecostés apuntaba a algo que iba a crecer y propagarse por el mundo entero, alcanzando a multitudes de toda raza, lengua y nación, según Apocalipsis 7: 9-17, donde tenemos la gloriosa visión panorámica.

Por cierto que en esto tenemos una culminación imponente y maravillosa de la gran profecía del libro, la cual resalta como una gran perla de múltiples colores y matices, brotada del Señor a través del que sólo sabemos que se llamaba Joel, hijo de Petuel,

como una muestra deleitosa de humildad y pequeñez,

y de grandeza a la vez.

– – – – – – ( ) – – – – – –

Capítulo 2.- El libro de Eclesiastés (a)

El autor es el rey Salomón, y es un libro que a primera vista nos presenta, sobre todo para quienes disfrutamos de la dicha de ser hijos de Dios por renacimiento, lo que bien podemos calificar de una abierta contradicción.

Las palabras vanidad de vanidades, todo es vanidad, o bien esto también es vanidad, que aparecen reiteradamente en el texto, por cierto que no concuerdan con nuestra experiencia como hijos de Dios.

Verdad que a veces se pasa por tiempos difíciles, de pruebas y dificultades, pero eso no es la norma, y la bendición de ser verdaderos hijos de Dios con todo el inmenso bien que conlleva, hace que no podamos asentir o corroborar ni mucho menos que todo es vanidad.

Muy por el contrario, la nueva vida en Cristo es una de ricas y profundas satisfacciones, siempre y cuando, desde luego, andemos en obediencia cumplida y en el marco de la voluntad divina cada día.

Pero hay una clave que nos ayudará a comprender este libro, que de otra forma nos quedaría como un gran enigma. La misma se encuentra en tres palabras que también aparecen reiteradamente en el texto, a saber debajo del sol.

Sabemos que no somos de este mundo, y que nuestra ciudadanía está en los cielos. (Filipenses 3: 20) Estamos de paso, como peregrinos y nuestra vida y comunión con el Señor y nuestros hermanos en la fe se desenvuelven en la esfera de lugares celestiales en Cristo Jesús, según se nos dice en Efesios 2: 6, y no debajo del sol, espiritualmente hablando.

Con todo, se nos dice en 2ª. Timoteo 3: 16 que “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.”

Dios sabe por qué ha querido que se incluya este libro en la Biblia, y a pesar de la abierta contradicción de que hablamos, mirando atentamente podemos entresacar cosas provechosas y edificantes.

Pasamos, pues, a señalar y comentar algunas de ellas.

“Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas.” (2:13)

Sencillamente, podemos visualizar a dos individuos a manera de contraste. Uno es prudente en su conducta, cumplidor y respetuoso, y que sabe cuándo hablar y cuándo callar. El otro, por su parte, habla más de lo necesario, a menudo diciendo cosas que mejor sería omitir, y entre otros desaciertos, malgasta el tiempo que muy bien podría invertir en cosas provechosas.

El primero transita por un camino de luz que le resulta muy favorable, mientras que el segundo, en realidad anda en una oscuridad que, a menos que enmiende sustancialmente su proceder, terminará en un muy mal fin.

“Al hombre que le agrada Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar para darlo al que agrada a Dios. (2: 26)

Narramos un caso que conceptuamos inaudito, pero que nos consta que fue absolutamente verídico. Un hermano que se encontraba en estrechez económica, repentinamente se sintió impulsado a ubicarse en un lugar determinado en la carretera – probablemente en las inmediaciones de un cruce.

Al poco pasó un vehículo a cierta velocidad, y, casi increíblemente, por una de las ventanillas salió, impulsado por el viento, un buen número de billetes que representaban una importante suma de dinero.

Curiosamente, el vehículo siguió su marcha y pronto desapareció, de manera que el hermano ubicado en las inmediaciones, lo recogió como algo “llovido del cielo” para él.

No sabemos si el conductor, o bien algún acompañante que pudiera haber tenido, era pecador o no, pero lo cierto es que, bien el uno o el otro, sirvió para suplir la necesidad del hermano en cuestión.

Por lo cual, por cierto que en este caso no concordamos con las palabras “también esto es vanidad y aflicción de espíritu” con que finaliza el versículo citado. Lejos de ello, fue una provisión divina para un hombre necesitado, y que, evidentemente era del agrado de Dios.

En el capítulo 3 se nos puntualiza con mucho acierto que “todo tiene su tiempo, y que todo lo que se quiere debajo del sol tiene su hora.”

Sigue luego en el texto una serie de cosas, todas en pares de contraste, y de la cuales comentamos algunas. La primera “tiempo de nacer y tiempo de morir” (3:2) no necesita explicación ni comentario.

No obstante, aplicamos aquí el concepto espiritual de renacer, citando en relación al mismo Oseas 13: 13b:- “…es un hijo no sabio, porque ya hace tiempo que no debiera detenerse al punto mismo de nacer.”

¡Qué bien describen estas palabras a uno que ha oído el evangelio muchas veces y lo ha entendido, pero vacila una y otra vez antes de dar el paso decisivo de entregar su vida a Cristo!

Redargüido y convencido, antes de ir adelante y hacerlo, piensa en las implicaciones de ese paso – la burla de algunos amigos, la oposición de alguien cercano, la suegra por ejemplo, o tener que asistir asiduamente a las reuniones en lugar de otras cosas que le resultan muy atractivas, y en fin, un sinnúmero de obstáculos, y en vez de ser sabio y valiente, a último momento se echa atrás.

Que no haya ningún lector que se encuentre en esa situación tan desacertada y peligrosa.

“Tiempo de llorar y tiempo de reír…” (3:4) Ése es el orden correcto, y quienes en su trayectoria lo hacen a la inversa, es decir, empiezan por reírse, y más de la cuenta, a menudo terminan tristes y amargados.

Tenemos presente el caso de un joven de unos veinte abriles, a quien conocimos cuando todavía residíamos en la Argentina. Continuamente buscaba formas de bromear y hacer chistes, al punto que se le decía con cierta ironía, «Miguel. que así se llamaba, ¿qué vas a hacer cuando seas grande?»

Tristemente oímos que en su etapa final terminó muy amargado.

Nos parece oportuno recalcar aquí que hay tres formas de llorar y tres de reír. Tanto la una como la otra puede ser la de los demonios, que a veces hacen lo uno y a veces lo otro, con un llorar o reír falso y engañoso. También hay una segunda forma natural de llorar, como válvula de escape de una congoja interior, o de reír por algo realmente cómico. Finalmente, una tercera forma de llorar por estar quebrantado por el Espíritu, o bien reír de un gozo, también del Espíritu, brotados ambos de lo más profundo del ser.

Dos contrastes más que no hace falta explicar, pero que son muy aplicables cuando la ocasión sucede. “…tiempo de callar y tiempo de hablar…” (3:7) otra vez en el orden correcto, “…y tiempo de guerra y tiempo de paz…” (3:8) pensando en cuanto a esto último en el nivel o terreno espiritual.

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.” (3: 11)

Un versículo riquísimo que seguramente en más de una ocasión se ha prestado para una predicación saturada de muchas importantes y preciosas verdades.

No nos dejamos tentar a extendernos, dándole el amplio comentario que se merece, sino que nos conformaremos con sintetizarlo en unos pocos párrafos.

Desde el encanto de la criaturita recién nacida, que a poco empieza a mirar alrededor, acostada en la cuna, viendo cosas que la rodean que nunca ha visto antes, en un mundo nuevo para él al cual acaba de llegar; siguiendo por la infancia, la niñez, la adolescencia, la juventud, el noviazgo con miras al matrimonio, la mediana edad y las canas honradas de una madurez y ancianidad en que se ha aprendido tanto de los más variados matices – todo lo ha hecho hermoso nuestro maravilloso Dios

Pero debemos recalcar la importancia de que todo tiene su tiempo. Si por ejemplo la alegría de oír a la criaturita balbucear un papá o mamá se posterga más de lo normal, o bien continúa un buen tiempo sin más progreso en el hablar, eso ya no es hermoso, sino una señal de dolor para los padres, que ven en ello un triste retraso.

Igualmente, si el noviazgo comienza demasiado pronto, muy bien puede acarrear consecuencias lamentables.

Por algo Dios en la creación ha dispuesto la maduración de las cosas. Nos explicamos: si vamos a un ciruelo y recogemos de su fruto antes de tiempo, habrá que tironear para desgajarlo, y al llevarlo a la boca nos encontraremos con un gusto muy agrio. Por el contrario, si esperamos que el sol, el viento y el tiempo hagan su parte, al recogerlo casi se nos caerá en la mano sin ninguna necesidad de tirar para arrancarlo, y disfrutaremos de un sabor dulce y jugoso.

Pero a todo esto hay que añadir las palabras claves del versículo –“…ha puesto eternidad en el corazón de ellos…” es decir, del ser humano.

¡Qué verdad que la mayoría de las personas, antes de que les amanezca la luz de la verdad divina, que es tan importante, viven como si los años de vida aquí en la tierra fueran lo único, sin un más allá!

E incluso no deja de ser cierto que aun creyentes convertidos a la fe del evangelio, no pocas veces viven para el presente terrenal, casi sin poner para nada la mira en el siglo venidero.

La parte final del versículo – “…sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”– hace que nos tengamos que extender más de lo que esperábamos.

Sobre todo para los que tenemos la dicha de ser hijos de Dios por renacimiento, al crecer y desarrollarnos en la fe empezamos a entender que el Soberano Creador y Dios Supremo nos conocía muy bien, aun antes de ser un pequeño embrión en la matriz de nuestra madre – que tenía un planificación individual y personal para cada una de nuestras vidas, y algunas o muchas más cosas.

Con todo, nos damos cuenta, por la maduración y las verdades de las Sagradas Escrituras, de que ha habido un sin fin de actividad divina a nuestro favor, tan vasta que está fuera de nuestro alcance entenderla toda en su inmensa magnitud. Tenemos que concluir que eso sólo será posible en la vida venidera, cuando conoceremos como somos conocidos, según 1ª. Corintios 13: 12.

Debo acotar que todo esto que vengo escribiendo, me ha motivado a volcarlo en la prédica oral, junto con muchas otras cosas que, por razones de espacio, no van consignadas aquí.

Como el capítulo se ha extendido más de lo esperado, suspendemos aquí para continuar en el siguiente.

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Capítulo 3 – El libro de Eclesiastés (b)

Continuamos entonces citando 3: 14.- “He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios para que delante de él teman los hombres.”

Si bien nos queda todavía mucho terreno por delante, creemos que éste es el versículo cumbre del libro, y que constituye una perla pura, brillante y preciosísima.

Las palabras “todo lo que Dios hace” denotan con toda claridad que no hay excepciones – cuanto hace – y por añadidura, cuanto dice – brota de Su personalidad total y absolutamente perfecta, de manera que no hay posibilidad alguna de error ni nada que se asemeje.

Esto, digámoslo de paso, hace que al inclinarnos en adoración y sumisión a Él estemos pisando terreno sólido y seguro, y haciendo lo que en verdad es propio y consecuente que hagamos.

Pero, como consecuencia de esa perfección tan absoluta, pretender ya sea agregar o bien quitar, siquiera en parte, a lo hecho o dicho por Él, es una temeridad y algo totalmente irreverente, brotado sin duda de un corazón entenebrecido y obstinado.

Tomamos dos temas muy importantes en que la aplicación de esta verdad se presenta en vivo relieve.

El primero está muy cerca del final de Apocalipsis, en los versículos 18 y 19 del último capítulo. En los mismos se hace una solemne advertencia que parafraseamos así: “He escrito mi libro sagrado. Nadie se atreva a añadir al mismo, o quitar de él, so pena de que vengan sobre él las plagas del libro, o que se quite su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, respectivamente.

¡En qué situación horrorosa se ubican quienes cuestionan o niegan la veracidad de la Biblia, ya sea parcial o totalmente!

Desde luego que hay cosas en ella que escapan de nuestra finita y parcial comprensión. Pero si comprendiésemos todo lo que dice y hace el Dios Eterno Omnisciente, Omnipotente y Omnipresente, seríamos de la medida Suya, y en cambio ¡cuán diminuta e insignificantemente pequeños somos, ante el Gran Gigante de la Eternidad!

Y por supuesto la postura más prudente y sabia es dejar a un lado por ahora lo que no entendemos, seguros que en el más allá, cuando conoceremos como somos conocidos, lo habremos de comprender cabalmente.

Todo esto con la importante reflexión de que, loado sea Dios, lo que nos interesa en el terreno práctico de cómo proceder, hablar y conducirnos en general para agradarle a Él, el Juez Supremo, está clarísimo en el más amplio sentido de la palabra.

Pasamos ahora al segundo tema, relacionado con la obra y el sacrificio expiatorio hechos en el Calvario por nuestro amado Señor Jesús.

Las Escrituras nos dan amplio testimonio de que Sus palabras finales muy poco antes de expirar – Consumado es – definen cabalmente lo que fue una obra perfecta y totalmente eficaz y suficiente.

Damos algunas citas al respecto sin consignar el texto: Hebreos 9: 12b, 9:26b 10: 10 y 10: 14.

Hablando del pueblo de Israel, mayoritariamente ajeno a la fe del evangelio hoy día, Pablo escribe: “Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios.” (Romanos 10: 2-3)

En esta actitud hay algo terco y autosuficiente, que al mismo tiempo, de manera insultante, niega validez al glorioso sacrificio del Calvario.

Como Pablo bien lo puntualiza en Gálatas 2: 21:- “No desecho la gracia de Dios; si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.”

Para mayor abundamiento, consignamos algo importante relacionado con el famoso siervo de otrora Carlos Finney. Como es bien sabido, él había sido abogado, y por eso naturalmente comprendía abogacía y todo cuanto concierne a la ley y a los requerimientos de la justicia, de la manera que nosotros, que somos profanos, careciendo de conocimientos y autoridad en la materia, no podemos alcanzar a comprender.

Creo recordar que en su autobiografía, o por lo menos en uno de sus escritos, él narró que a veces convocaba a colegas suyos y les explicaba el sacrificio expiatorio de Cristo, con la minuciosidad propia de su elevada comprensión del mismo.

Los que lo escuchaban quedaban rendidos ante la evidencia de algo perfecto, en que no quedaba sin cubrirse el más mínimo requerimiento de la ley y la justicia más estricta y severa. Así, se convertían al Señor totalmente convencidos, y termino agregando que para él ¡eran la clase de personas más fáciles de llevar al Señor!

No sé cuántos abogados podrá el lector haber llevado a los pies de Cristo. En cuanto a quien esto escribe, que sepa ¡en su dilatada trayectoria aún no ha logrado hacerlo con ninguno!

Retomando el hilo, es evidente que la justicia por la ley resulta inalcanzable para todo ser humano librado a sus propios recursos, por ser Dios un Ser tan Santo, Sublime y Majestuoso. De ninguna manera podría ninguno de nosotros cumplir ni siquiera remotamente los altísimos requerimientos de la misma..

Esto lo subrayó muy clara y acertadamente Pedro en la gran polémica en que los judaizantes insistían en que los gentiles debían guardar la ley, tratada en Jerusalén según se la narra en Los Hechos 15.

Dijo en el versículo 10:- “Ahora pues, ¿Por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Y a esto agregó en el versículo siguiente:- “Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús, seremos salvos de igual modo que ellos.”

¡Cuánto más fácil y bendito recibir gustosamente la oferta gratuita de perdón y vida nueva en Cristo, que con tanto amor y bondad se nos ofrece!

Como este capítulo se hace bastante extenso, pasamos al siguiente.

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Capítulo 4 – El libro de Eclesiastés (c)

Continuamos citando 10:11:- “Si muerde la serpiente antes de ser encantada, de nada sirve el encantador.”

La sencilla pero contundente verdad de este versículo, contiene algo plenamente aplicable a la situación en que vive y se desenvuelve hoy día nuestro mundo occidental.

Efectivamente, la forma en que se construyen polideportivos con piscinas, canchas de fútbol, tennis, fútbol sala, frontennis, etc., la seguridad social para el cuidado de la salud y la promoción de la longevidad, los salones de ocio y recreo para la edad media y avanzada – en fin, todo eso de que se disfruta para el bienestar y la felicidad, y sin embargo, ¡qué desconcertante y triste a la vez ver que poco o nada de esos fines se logra!

Por el contrario, el crimen, la delincuencia, la drogadicción, matrimonios destrozados ya sea por incompatibilidad o infidelidad, la falta de respeto a los mayores, la insumisión o abierta rebeldía, la corrupción moral que lleva a tantos y tantas a conducirse de la forma más inescrupulosa con tal de hacerse de pingües sumas de dinero – y en fin, todo un mundo de maldad que aflora por doquier.

La razón está en que la maldita serpiente, en un principio dio una mordedura venenosa al hombre y a la mujer que le prestaron atención, dándole la espalda al Dios Creador que les había dado todo.

Como sabemos, el encantador, valiéndose de una musiquilla grata y placentera, logra apaciguar a la serpiente, aunque sólo transitoriamente.

Pero loado sea Dios, la solución divina ha venido por un medio totalmente distinto. El amado y eterno Hijo de Dios se encarnó y vino a este mundo, pero por cierto no para tratar de apaciguar a la serpiente con melodía dulce y suave, sino para darle un golpe de gracia certero, final y terminante.

Ya a muy poco de acontecer la mordedura a nuestros primeros padres Adán y Eva, vino la promesa de que la simiente bendita – Cristo – si bien iba a ser herida en el calcañar, le habría de herir a ella – la serpiente – en la cabeza.(Génesis 3: 15b)

Hacemos una importante reflexión sobre estas dos cosas. En la prédica oral, y también por escrito, hemos puntualizado que el dolor espiritual, emocional, anímico y físico que experimentó el bendito Crucificado a favor nuestro, en ese largo túnel del Getsemaní al punto final del Calvario, es algo que en su total magnitud sólo podremos comprender cabalmente en el más allá, cuando conozcamos en plenitud como somos conocidos. (1ª. Corintios 13: 12b)

Y sin embargo, a todo eso en esta predicción de Génesis 3: 15 que hemos citado, se lo compara – sorprendentemente – ¡a una mera herida en el talón, que duele de verdad, pero que a poco tiempo se sana, cicatriza y desaparece!

Por el contrario, la herida en la cabeza es un golpe final y definitivo, y eso es lo que le pasó a la serpiente en el Calvario – ha recibido un golpe de gracia que ha desmoronado su reino por completo y ha quitado el pecado de la tierra y del mundo. (Zacarías 3: 9b y Juan 1: 29)

¡Bendita solución divina! Y además, puesta al alcance de todo aquél que, humillado, y arrepentido de sus muchas faltas y pecados, reciba en su corazón el perdón – total, gratuito y eterno – junto con una nueva vida, totalmente distinta, en Cristo Jesús.

Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal.” (4: 11)

Que hoy día, en nuestra democracia del mundo occidental, en general la ley es demasiado blanda para con la delincuencia, es un hecho evidente y creemos que deben ser muy pocos los que opinan lo contrario.

Algunas cárceles cuentan con calefacción y aire acondicionado, e incluso televisión para el uso y beneficio de los presos, amén de otras facilidades, según el caso.

Nos viene a la mente un caso, muy risueño por cierto, de un hombre de negocios cuya empresa quebró, de manera que quedó en la más absoluta indigencia.

Para solucionar el problema básico de no tener ni para comer ni para pagar el alquiler, hizo algo inaudito. Fingió cometer un atraco – de un banco, creo – logrando así el fin de que se lo pusiera preso, y de esa forma ¡contar con alojamiento y comida gratuitos!

Aunque cueste creerlo, fue un caso verídico, que aconteció en España hace más o menos un par de años, aun cuando no podemos precisar en qué lugar de la península.

Recordamos otro muy distinto, y que ilustra la contundente eficacia de un trato muy severo del criminal o delincuente. Nos lo narró hace unos buenos años una hermana en Cristo que conocimos en la localidad de Lérida y que con anterioridad había residido por un tiempo en Venezuela.

Sucedió que falleció un hijo del primer mandatario del país, y llegaron junto con las consabidas condolencias, muchas ofrendas florales, y además una de oro – seguramente de una persona muy pudiente.

Un pillo la robó, pero bien pronto lo descubrieron y apresaron. La medida adoptada fue cortarle una mano, y dejarlo encerrado en una isla rodeada de yacarés.

La hermana me aseguró que después de eso, uno se podía fiar que no le iban a robar la cartera o billetera, ni el automóvil, aunque se lo dejase sin echarle llave.

Si bien no opinamos como lo más indicado que se le haya cortado la mano, pensamos que por cierto es un caso que puntualiza la eficacia de una mayor severidad con la delincuencia. Por el contrario, cuando la ley y el trato de la misma no son realmente estrictos y severos, inevitablemente tiende a incrementarse.

“Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.” (9: 7)

Interpretamos este versículo en el sentido de una maduración espiritual, que conlleva agradar al Señor como norma, dejando atrás los altibajos que se experimentaban anteriormente.

Jesús afirmó en Juan 8: 29: “Porque el que me envió conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.”

Subrayamos siempre porque hace resaltar la perfección del amado Señor Jesucristo – nunca ni siquiera el menor atisbo de obediencia parcial, antes bien total y absoluta, y sobre todo en la vía dolorosa que se extendió desde el Getsemaní hasta Su muerte en el Calvario.

La maduración es una meta muy deseable, a la cual debemos aspirar todos, tanto en el aspecto natural del desarrollo y crecimiento, como en todas las demás facetas de la vida.

Ya hemos puesto el ejemplo de la ciruela verde y la madura. Así como esta última es la vida que espiritualmente ha madurado. Lejos de traer lo desagradable que a menudo resulta de la inmadurez, da plena satisfacción al Señor, Quien así se complace en darle señales de Su presencia aprobatoria.

Más sobre la maduración en el capítulo siguiente.

Por último, una reflexión final sobre este punto. No creemos rebuscado asociar el comer el pan con gozo y beber el vino con alegre corazón del texto del versículo, con la comunión. No nos referimos solamente a la participación de la Santa Cena, como solemos llamarla, sino que la hacemos extensiva a una vida que disfruta de una rica comunión espiritual con el Señor, en un vivir delante de Él bajo un cielo despejado, límpido y radiante, con el Sol de Justicia Increado brillando en todo su esplendor.

El lector advertirá que se trata de un nivel muy elevado, el cual quien esto escribe no pretende haber alcanzado de forma permanente. No obstante, las ocasiones en que lo logra, le sirven de estímulo para perseverar y progresar en una marcha ascendente.

Humilde y amorosamente animamos a cada uno a proponerse escalar posiciones en este sentido en su andar cotidiano.

Interrumpimos en este punto para continuar en el capítulo siguiente.

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Capítulo 5 .- El libro de Eclesiastés (d)

Goza de la vida con la mujer que amas todos los días de la vida…, que te son dados debajo del sol,… ; porque ésta es tu parte en la vida y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.” (9:9)

Creo que esto sencillamente es lo que se nos dice en Efesios 5: 25-29, recalcando las palabras finales del versículo 28:- “…El que ama a su mujer a sí mismo se ama.”

La conclusión lógica es que quien no lo hace, no se ama a sí mismo, y todo el daño que le pudiera hacer a su mujer con su falta de amor, aunque tal vez sin darse cuenta, se lo está haciendo a sí mismo.

Inversa o recíprocamente, todo el daño que la mujer le pueda hacer a su marido por cualquier causa que fuere, en realidad se lo está haciendo a sí misma.

Añadimos la hermosa exhortación de Proverbios 5: 18-19:- “Sea bendito tu manantial y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre.”

Que el Señor nos ayude a ser mejores maridos y esposas.

«En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.” (9: 8)

Desde luego que esto no significa vestir un delantal blanco bien almidonado, sino abstenerse de todo lo que sea sucio, impuro, torcido o carnal.

La lista sería casi interminable, pero si a lo dicho añadimos el dejar de lado toda sonrisita falsa, guiñadita de ojos y la lengua suelta y descontrolada, el chiste verde o de mal gusto, o celebrarlos cuando otros lo cuentan, tendremos una idea bien clara de qué se trata: – santidad, sin la cual nadie verá al Señor, como se puntualiza en Hebreos 12: 14b.

Debemos agregar que no en vano el versículo citado comienza diciendo En todo tiempo. Es decir, no sólo el domingo cuando estamos con los hermanos, sino también durante la semana, a menudo rodeados de compañeros de trabajo incrédulos que no vacilan en soltar malas palabras y aun blasfemias, y muchísimas otras cosas de índole totalmente mundana.

Pasando ahora al ungüento, debemos señalar algo importantísimo:- si bien a menudo se suele decir simplemente la uncíón, al describírsela en Éxodo 30: 22-33 se la llama unción santa.

Aquí es donde añadimos más sobre la madurez. Lo hacemos basándonos en Hebreos 5: 14 donde se describe a los que han alcanzado madurez, diciendo “para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.”

Aun cuando hay un margen de falibilidad en todo ser humano, debemos señalar que, en general, a la madurez no se le pasa gato por liebre.

No son pocas las veces que hemos oído o leído acerca de predicciones de gran bendición pronunciadas en diversas situaciones. Por ejemplo, ministerios del extranjero sobre personas que les han abierto la puerta invitándolos a España, y, tal vez como reconocimiento, les han vaticinado grandísimas cosas, que a veces no cabe otra forma de describirlas que llamarlas delirios de grandeza.

Un hermano y consiervo avezado, fundadamente escéptico en cuanto a una predicción de una hermana que, supuestamente, iba a tener una labor apostólica por todo el país, conociendo bien a la misma, me señaló significativamente que ¡conociendo a la vaca, uno sabe la leche que de ella se puede esperar!

La intención en dar esas predicciones puede ser buena, pero en realidad el efecto que producen a la larga resulta muy perjudicial. Se espera ese gran día en que esas maravillas van a empezar a suceder, y en tanto no llegan, siguen las lagunas y los altibajos y no se vive en la realidad del presente, sirviendo al Señor con humildad, amor y devoción, aun en lo que parece pequeño.

Como dijo Jesús en Lucas 16:10 “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel…”

Mejor es una onza de oro puro, que una tonelada de madera, heno y hojarasca.

En el terreno práctico de la vida en la iglesia primitiva, en el libro de Los Hechos sólo encontramos dos profecías predictivas, ambas dadas por un reconocido profeta de nombre Agabo. Tanto la una como la otra – ver Los Hechos 11: 28-30 y 21:10-11 – predecían dificultades o peligros que sobrevendrían.

Para mayor abundamiento, citamos 1ª. Tesalonicenses 3: 4 donde encontramos lo siguiente, escrito por el apóstol Pablo:– “Porque también, estando con vosotros, os predecíamos que íbamos a pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis.”

En ningún caso vemos que se hayan predicho grandes bendiciones, como el levantamiento de la iglesia gentil en Antioquía de Siria, ni el levantamiento de la iglesia de Éfeso más tarde bajo el ministerio de Pablo.

Pasando ahora al ungüento sobre tu cabeza – es decir la unción santa – notemos que en los versículos 23 y 24 del capítulo 30 de Éxodo en que se la describe, se especifican los ingredientes precisos que debía contener, y en el 25 se señala que de ellos se haría el superior ungüento “según el arte del perfumador.”

Interpretamos que esa precisión en cuanto a los ingredientes – no se dice aproximadamente, sino la cantidad exacta de cada uno – nos habla de la debida y cumplida concordancia con la palabra de Dios, las Sagradas Escrituras.

Por otra parte, el arte del perfumador nos sugiere una originalidad y frescura totalmente ajenas al molde fijo, o la copia por el papel carbónico, por así decirlo.

No resulta fácil definirla exactamente y en términos prácticos. Tal vez podríamos decir que tiene un no sé qué indefinible, que la hace viva y fresca, con originalidad y gracia, y que al mismo tiempo – con toda seguridad – resulta muy convincente para quien sabe oír y discernir.

Concluimos citando otra vez el mismo versículo, como una amable y cortés exhortación a cada lector, la cual, por nuestra parte, también asumimos.

“En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.”

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Capítulo 6.- El libro de Eclesiastés (e)

“En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.” (9: 8)

Volvemos sobre este versículo dado que como dijimos, es clave, y cuya interpretación, aplicada a nuestro andar diario en la dispensación de la gracia en que nos encontramos, nos abre un amplio abanico de verdades, todas ellas de carácter absolutamente fundamental. Agregaremos dos o tres cosas nuevas, reiterando alguna de importancia sobresaliente.

En términos prácticos, nada de mentiras ni trampas, ni de chistes verdes, ni de reírnos festejándolos cuando otros los cuentan; irreprochables en el manejo del dinero, cuidándonos de que nuestros ojos no miren dónde no debe, y cómo no debe un verdadero hijo de Dios, lo que incluye películas obscenas o de crimen y violencia, ya sea en videos o en la televisión. Aunque esto sea una repetición, nunca se puede insistir demasiado – tantos prestan un asentimiento mental toda vez que se lo menciona, pero nos tememos que en la práctica no lo toman con la debida seriedad.

El versículo en que estamos es muy breve, pero en el mismo se menciona una segunda cosa de vital importancia: el ungüento, lo que nos lleva a la hermosa verdad de la unción.

La inferencia es muy clara: si vivimos y andamos a diario de blanco ante Dios y los hombres, disfrutaremos de la preciosa unción; en caso contrario, descartémosla por completo.

Esto no es un mero detalle por cierto. Existe una unción que no es santa – una falsificación de la auténtica.

Nos explicamos con ejemplos ilustrativos. Hace unos buenos años en una iglesia determinada – preferimos no especificar lugar ni nombres – un pastor se encontraba muy perplejo, dado que un joven predicador de la iglesia había estado trayendo mensajes que traían cosas de alto vuelo, por así decir, y que parecían deleitar a la congregación. A poco, lamentablemente, se descubrió que estaba en adulterio con una hermana menor de su mujer.

Tuvimos que explicarle que era una unción falsa, totalmente ajena a la verdadera, propia de quien vive limpiamente y cerca del Señor cada día.La verdadera unción proviene de la gracia de la tercera persona de la Trinidad, que por algo se llama el Espíritu Santo.

Ya que estamos en este tema, tenemos que referirnos también a predicciones proféticas de avivamiento o gran bendición que venimos oyendo desde hace muchos años.

En nuestra dilatada trayectoria sirviendo al Señor, mayormente en España, la primera predicción de avivamiento de que oímos era que vendría desde Menorca, de Este a Oeste; más tarde hubo una que decía que en el Levante se irían encendiendo pequeños fuegos de avivamiento, que gradualmente se extenderían por toda la Península Ibérica.

Con posterioridad otra – ahora el avivamiento comenzaría en Andalucía, y todavía otra que comenzaría en Cataluña, con detalles como el renacimiento de las bellas artes en la región, y el envío de misioneros a muchas otras partes del mundo.

Hasta el día de hoy, que sepamos, ninguna se ha cumplido.

Añadimos que a veces pensamos que el maligno se divierte en todo esto, viendo la forma en que creyentes incautos que se creen las pseudo-profecías, desperdician preciosos días de su vida en que podrían estar sirviendo al Señor útilmente, y en vez, están esperando el gran día que nunca llega.

Debemos aprender a distinguir entre lo aparente y lo real y genuino.

Corresponde ahora que pasemos a hablar algo más sobre la unción santa.

En Éxodo 30: 32 se nos dice que «sobre carne de hombre o sobre extraño no debía derramarse….» Esto habla claramente de por sí.

Debe llevar, como algo que nunca se puede enfatizar demasiado, el respaldo de una vida limpia y de quien vive cerca del Señor cada día.

También debemos puntualizar que muchas veces, quien es así usado por el Señor, no es consciente de la bendición que está impartiendo. Quien esto escribe en no pocos casos, recién después de varios o aun muchos años, ha llegado a enterarse de repercusiones benéficas de lo que ha ministrado.

Tal vez debemos acotar el contraste con informes que en algunas ocasiones se dan de campañas en países del África, por ejemplo, donde a veces, a poco de terminar una gira evangelística, se informa que en la misma se convirtieron decenas o centenas de miles.

No desestimamos el esfuerzo y sacrificio de muchos que con denuedo sirven al Señor responsable y noblemente en esas tierras.

Por otro lado, después de un período de un año, digamos, si se volviera al lugar de esas campañas, uno se pregunta cuántos, de los miles que hicieron profesión de fe, se encontraría que perseveran y dan muestras de ser verdaderos convertidos

Concluimos el capítulo y el estudio del libro citando otra vez el versículo 9: 8, como una reiteración a que aspiremos a que sus dos verdades claves se cristalicen plenamente en nuestras vidas.

“En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.

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Capítulo 7 – La 2ª. Epístola de Pedro (a)

Algunos se preguntarán por qué no tratamos la 1ª. Epístola de Pedro antes de la segunda. La verdad es que, aunque ambas tienen un riquísimo contenido, la inspiración por ahora se nos inclina por la segunda.

Hace unos buenos años nos disgustó en extremo leer en una Biblia comentada, en la introducción a esta epístola, las palabras el autor de esta epístola es incierto.

Decir que la autoría de la epístola es incierta, equivale a sugerir que probablemente fue escrita por un impostor, lo cual nos resulta totalmente inadmisible.

Somos de los antiguos, de los fieles que creen que la Biblia que Dios nos ha dado es Su verdadera palabra, y afortunadamente nos sabemos acompañados de los muchísimos verdaderos fieles que también lo creen de todo corazón.

También recordamos el sacrificio de nobles siervos del pasado que arriesgaron sus vidas, y algunos hasta sufrieron el martirio luchando para que pudiésemos tener la preciosa palabra divina en nuestra propia lengua. Sepamos valorarla y atesorarla debidamente.

Tras la salutación dirigida a los que habían alcanzado por la justicia divina una fe igualmente preciosa que la suya, y desearles que la gracia y paz les fuesen multiplicadas en el conocimiento de Dios y del Señor Jesús, Pedro se despacha con los versículos 3 y 4, saturados de maravillosas verdades. Los citamos antes de pasar a comentarlos.

“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.”

Al hablar de la vida y la piedad, se está refiriendo a nuestro andar cotidiano dentro del marco del temor y amor del Señor, que nos impulsa a buscar el bien en todos los aspectos de la vida, a fin de agradarle en todo.

Para ese fin nos han sido dadas todas las cosas necesarias, para ponerlas no sólo a nuestro alcance, sino también a nuestra entera disposición – es decir que por Su divino poder recibimos una provisión completa y absoluta.

Y de esa provisión se disfruta mediante el conocimiento de Aquél que nos ha llamado por Su gloria y excelencia.

Estos dos atributos – la gloria y excelencia divina – van mucho más allá de lo que pudiera denotar una reflexión breve o superficial.

En la conclusión del Padre Nuestro Jesús dijo: “…porque tuyo es el reino, el poder y la gloria.”

Por su parte, Pablo en Efesios 1: 17 escribe: “el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de Gloria…Es decir, que lo describe como el progenitor de la gloria, en cuya persona enteramente gloriosa tiene su origen toda la gloria más excelsa.

Debemos acotar que, estrictamente hablando, hay glorias relativas. En 1ª. Corintios 15: 40-41 se nos dice que hay la gloria de los cuerpos celestiales, como así también la del sol, de la luna y de las estrellas, y que una estrella es diferente de otra en gloria.

Pero todas éstas, como decimos, son glorias relativas, recibidas del Supremo Creador, y brotadas de Su gloria majestuosa y sublime.

En cuanto a Su excelencia ¿qué más podemos agregar que no sea referirnos a Sus atributos de Omnisciencia, Omnipresencia y Omnipotencia?

Tal vez que Su grandeza es inescrutable, como se nos dice en el Salmo 145: 3, y también remitir al lector al pasaje de Isaías 40 que se extiende del versículo 12 al 18, donde de forma casi diríamos aplastante se describe al incomparable Dios y a Su Espíritu. Citamos parte del mismo: “He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo” rematando así: ¡“Como nada son todas las naciones delante de él, y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es.”!

En el versículo siguiente se nos habla de las preciosas y grandísimas promesas que nos ha dado, por medio de ésa, Su gloria y excelencia, con el fin de que podamos llegar a ser participantes de la naturaleza divina.

Esto nos lleva a algo maravilloso, que no es de mi propia cosecha, sino que ha sido dicho antes por más de un siervo del Señor, pero que me complazco en consignar:-

EN CRISTO HEMOS GANADO MÁS DE LO QUE PERDIMOS EN ADÁN.

Efectivamente, por la redención en Cristo Jesús hemos recuperado la comunión con el Dios Vivo y Verdadero, el poder entrar libremente en el Lugar Santísimo por la preciosa sangre vertida en el Calvario, ser hechos justicia de Dios en Él, a cambio de la desnudez del pecado que nos legó Adán, y mucho más.

Pero también hemos ganado algo que Adán no tenía. Él fue creado como un ser limpio, dotado de sabiduría, buena salud y mucho más, pero no con la naturaleza divina.

Esto es una gloria exclusiva del Nuevo Pacto: – la maravilla de que por un engendro del Espíritu Santo seamos depositarios de la naturaleza – la forma de ser – o bien, la disposición y el carácter de la mismísima Deidad.

Por cierto que es una verdad dichosa que nos debe llenar de regocijo. Al mismo tiempo, debemos tener muy presente que conlleva una gran responsabilidad: la de vivir y andar en el Espíritu, cuidando que esa bendita naturaleza sea lo que rige nuestra vida.

Todo este bien que antecede Pedro lo convierte en un trampolín para lanzar una rica y sabia exhortación. La citamos antes de pasar a comentarla.

“…vosotros también poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; al afecto fraternal, amor.”

“Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.” (1: 5-8)

Llama la atención la forma en que la gracia del Señor pudo inculcar a este pescador, hombre del vulgo y sin letras, la gran sabiduría y madurez que denota esta exhortación, como así también todo el resto de la epístola – al igual que la primera – desde luego.

También debemos tener en cuenta que a esta altura se acercaba al final de su carrera, y los años de servicio al Señor, con toda la rica gama de experiencias vividas, seguramente habían tenido un papel importante en esa asimilación tanto de sabiduría como de madurez.

En efecto, los años, siempre que estén bien aprovechados, enseñan a dejar atrás lo propio de un bisoño o inmaduro, el cual, al exhortar, podría muy probablemente hacerlo en términos bastante distintos. Más bien se inclinaría por la superficialidad de cosas tales como el poder, resultados prácticos y numéricos, y otras de índole semejante.

Las cualidades de la exhortación de Pedro tienen que ver con el carácter de cada uno, y eso es lo que ha de perdurar – es decir, el ser por encima de hacer.

Un creyente puede desarrollar muchas labores y hacer muchas obras buenas, pero si en su carácter adolece de la falta de cualidades virtuosas, seguramente que no recibirá la mirada aprobatoria del Señor.

Antes de pasar a lo que Pedro exhorta a que se añada a la fe – siete cosas en total – antepone las palabras poniendo toda diligencia por esto mismo.

En efecto, el ser depositarios de todo el bien del versículo 5, supone un privilegio tan grande, que nos coloca a todos en una obligatoriedad moral ineludible.

De ninguna forma debemos responder a tan grande bien con algo que sea menos que toda diligencia. Buscando otros vocablos más o menos parecidos diríamos con esmero, a la par que con ahínco y devoción, agregando por supuesto que todo ello en consideración de Quién y para Quién lo hacemos.

Viéndolo desde el punto de vista del contraste, tanto la tibieza como la mediocridad se da por sentado que deben quedar totalmente descartadas.

Pasando ahora a considerar cada una de las cualidades que se nos exhorta a añadir a nuestra fe, encontramos que la primera es virtud. Debemos pensar primeramente en una inclinación o tendencia a hacer el bien, a veces, aun cuando vaya en contra de nuestro beneficio o comodidad.

Pero la palabra virtuoso, derivada de virtud, nos da otra acepción importante. Se dice que alguien es un virtuoso del violín, por ejemplo, para señalar que lo toca con excelencia.

Así, cuánto hagamos – siempre recordando para Quién lo hacemos – que sea con excelencia, con nuestro mejor esfuerzo. En ello tendremos la feliz conjunción del carácter con el obrar, o bien, el ser con el hacer.

La siguiente cualidad en la lista de siete es conocimiento. No debemos entenderlo, desde luego, como conocimiento adquirido por el estudio académico, ya sea en cultura general, o en una rama determinada, como podría ser medicina, filosofía, psicología, ciencias naturales, etc.

Por supuesto que no desechamos el valor del estudio en general, como parte indispensable en la preparación de cada uno con miras a seguir una carrera determinada, o sencillamente a ganarse la vida.

No obstante, el conocimiento a que Pedro se refiere, se relaciona con el andar delante de Dios y de nuestros semejantes de una manera sabia y prudente, y desde luego, que condiga con el buen ejemplo que siempre debe dar un hijo de Dios.

La siguiente cualidad es el dominio propio. Tiene aplicación con el comer y beber, pero también se hace extensiva a cualquier afición que se tenga, a un deporte determinado por ejemplo, y que en ningún caso debe ser obsesiva.

Sabemos que algunos personas, debido a su metabolismo padecen de obesidad, pero en líneas generales no cuadra que un creyente, y menos un siervo del Señor, sea un panzón ni dado a la bebida. Esto último, digámoslo de paso, lo descalificaría para ocupar un cargo en un presbiterio o diaconado, según lo señalado en las epístolas a Timoteo y Tito.

A continuación Pedro añade paciencia. En Lucas 21: 19 el Señor dijo muy significativamente “Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.”

Recordamos un caso algo risueño que pensamos que se presta para ilustrar la importancia de esta cualidad, en la cual no es fácil alcanzar un alto grado de perfección.

Un hermano mío en la carne y en el Señor, hace unos años, cuando ya contaba con sesenta años de edad y cincuenta de creyente, padecía de un dolor molesto en una de sus rodillas.

Un hermano más joven le preguntó por qué pensaba que el Señor permitía eso en su vida. Le respondió que tal vez sería para que aprendiese la paciencia.

A esto el joven le replicó: “Cincuenta años de creyente y ¿todavía no aprendió la paciencia?

La conclusión evidente es que aprender la paciencia ¡lleva mucha paciencia!

En cuanto a la piedad, que es la siguiente en el listado de Pedro, nuestro diccionario usual de la lengua española la define diciendo que es la virtud que por amor a Dios inclina a los actos de compasión y amor al prójimo.

Por su parte la versión inglesa del Rey Santiago consigna godliness, que más o menos podríamos decir que significa ser semejantes o parecidos a Dios.

Por último, en 1ª. Timoteo 3: 16 Pablo escribe:- “E Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.”

Esto nos traza a grandes rasgos la trayectoria maravillosa e irreprochable de nuestro amado Señor Jesús, desde la encarnación hasta la ascensión. Redondeamos diciendo que ahí tenemos la piedad claramente definida, personificada y ejemplificada.

La penúltima cualidad a añadirse es afecto fraternal, que en otras versiones se traduce bondad fraternal.

El concepto que surge con claridad es el de una disposición de bondad, servicio y ayuda mutua, que se destaca muy por encima de la amistad y camaradería o compañerismo que se encuentra en personas no convertidas, por bondadosas o bien intencionadas que sean.

Y la última es lo que podríamos llamar con toda propiedad la perla y la corona del amor. En 1ª. Corintios 13: 4-7 se consignan nada menos que quince facetas del verdadero amor.

A veces hemos señalado que a cada una de ellas se podría anteponer con toda razón el nombre de Jesucristo, diciendo así: Jesucristo es sufrido, Jesucristo es benigno y así sucesivamente abarcando no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Se podría agregar que, como un ejercicio de auto examen, sería provechoso que cada uno antepusiese su nombre a cada una de estas quince cualidades, en una lista vertical. A la derecha, según el nivel alcanzado, se debería colocar una primera tilde que denote que es relativamente cierto, una segunda si se considera que es bastante cierto, y una tercera significando que es totalmente cierto.

Podríamos así determinar el verdadero grado de desarrollo de nuestro carácter, ¡confiando en que ninguno resultase reprobado!

Concluida su lista de siete, Pedro añade el altísimo beneficio que resulta cuando estas cualidades están y abundan en cada uno, a saber, el de no estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

Nos llama la atención la forma en que hace resaltar como la meta más alta el conocimiento de nuestro amado Señor Jesús, algo que – adelantándonos bastante – corrobora fuertemente al final de la epístola, al cerrarla con las palabras “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.” (3: 18)

A lo que antecede agrega una solemne advertencia a quienes pudieran hacer caso omiso de todo eso, diciendo:- “Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta, es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.” (1: 9)

Se trata de una advertencia muy seria, la cual, en no pocas situaciones sería muy en sazón que se repitiese, con oración y unción de lo alto, se sobreentiende.

El pasaje sigue con un versículo de exhortación, y otro que sirve de firme aliciente para quienes la asuman plenamente.

“Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección, porque haciendo estas cosas no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.” (1: 9-10)

Es verdad que tenemos la dicha de haber sido objeto de la bendita vocación y elección divina. No obstante, la misma se confirma, corrobora y afianza con una conducta consecuente, dándose cada uno de lleno a responder como corresponde a esa obligatoriedad moral a que ya nos hemos referido.

Dar por sentado que esa vocación y elección ya son suficientes, y no poner toda la diligencia debida, sería entrar en un terreno muy falso y peligroso.

El aliciente es doble y muy precioso y reconfortante.

Por un lado se nos da la seguridad de que poniendo nuestra parte como es debido, es decir ocupándonos del todo y con devoción y esmero, no caeremos jamás.

Por el otro, nos asegurará una amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Será la dicha inmensa de recibir una cálida bienvenida celestial cuando hayamos concluido nuestra peregrinación – oír las benditas palabras de Mateo 25: 21:- “Bien, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.”

Además, resulta de mucho aliento saber que la misma bienvenida se repite en el versículo 23 del mismo capítulo, y para uno más pequeño, por así decirlo.

Esto nos hace entender claramente que aunque no seamos de los grandes ni muchos menos, igualmente nos aguardará esa maravillosa bienvenida al finalizar nuestra carrera.

Como a partir de este punto – el fin del versículo 10 – Pedro pasa a algo distinto, y como además el capítulo ya se ha hecho bastante extenso, interrumpimos para continuar en el siguiente.

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Capítulo 8 –  La 2ª. Epístola de Pedro. (b)

“Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque las sepáis y estéis confirmados en la verdad presente.”

Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación; sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado.”

“También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas.”

A esta altura Pedro se encontraba cerca del fin de su trayectoria terrenal. En Lucas 22: 32b el Señor le dio el mandato de que una vez vuelto y recuperado de su triple negación “confirmase a sus hermanos.”

Como acotación muy importante debemos señalar que, aunque en términos distintos, el Señor le hizo el mismo mandato en una ocasión posterior, según se consigna en Juan 21:15b – “Apacienta a mis corderos;” 21:16b – “Pastorea mis ovejas” y 21:17b – “Apacienta mis ovejas.”

Seguramente que de esa insistencia del Señor en la misma consigna, él aprendió a ser también muy insistente.

Aparte del pasaje en que estamos, tenemos fiel constancia de que Pedro asumió plenamente el mandato recibido del Señor en Los Hechos 9: 32 – “Aconteció que Pedro, visitando a todos…” En otra versión se traduce “visitando todos los lugares.”

En ambos casos la palabra todos habla de por sí – no quedaba nadie ni ningún lugar olvidado ni desatendido. Seguramente que sus visitas no serían breves y de mera cortesía, sino con el expreso fin de confirmarlos, dándoles consejos, exhortaciones, advertencias, palabras de ánimo y consuelo, pero también de reprensión cuando correspondía.

Ahora, unos buenos años más tarde, acercándose al fin de su peregrinación, como ya hemos dicho, lo vemos entregado con el mismo tesón y ahínco al mandato recibido del Señor.

“Por esto” – todo lo que hemos comentado en el capítulo anterior – “yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis y estéis confirmados en la verdad presente.”

Lo anterior – que les fuera otorgada “amplia y generosa entrada en el reino de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” – se convierte en el trampolín del cual se lanza para comenzar su solemne recordatorio. En el mismo resalta la palabra siempre, que agregada a todos ya señalada antes, nos da una idea de lo exhaustiva de su labor confirmatoria.

Estaba dirigida a quienes ya lo sabían y estaban confirmados en la verdad presente. En otras palabras, no eran niños espirituales, sino personas adultas y maduras en la fe.

No obstante, eso no era óbice para que insistiese con el afán y la preocupación de siempre, sabiendo sobre todo de Quién había recibido el solemne mandato, y que en el más allá debía comparecer ante el Tribunal de Cristo para rendir cuentas.

Por tanto, cuanto supusiese menos que una labor a fondo, con todo su esfuerzo y devoción y hasta el final de su carrera, quedaba rotunda y totalmente descartado.

De paso digamos que “confirmados en la verdad presente” debe interpretarse a la luz del hecho de que escribía a la circuncisión – el pueblo de Israel – pues ésa era su parcela ministerial. Debían seguir teniendo bien presente que toda la enseñanza mosaica y del Antiguo Testamento en general, había servido el fin de llevarlos a lo muy superior del Nuevo, en total cumplimiento de aquello a lo cual apuntaba y preanunciaba el Antiguo.

Agrega a lo ya dicho que tenía “por justo, entretanto que estaba en el cuerpo el despertaros con amonestación.” Bien consciente que los creyentes muy bien podrían ser propensos a caer en un letargo espiritual – despertarlos y esto con amonestación.

Es decir, amonestarlos de tal manera que su palabra fuese un medio eficaz para mantenerlos bien despiertos. Y esto lo seguiría haciendo mientras estaba en el cuerpo – mientras conservaba el hálito de vida y su corazón seguía latiendo.

Todo eso lo estaba haciendo en consideración a que muy pronto debía marchar al más allá, tal cual su amado Señor se lo había declarado.

Nos agrada la forma en que describe su muerte. Desde luego que no hay el menor atisbo de temor – todo lo contrario:- “…en breve debo abandonar el cuerpo.” Es como si dijese “esta vestimenta de carne, hueso y sangre que he llevado todo este tiempo la dejo atrás, para trasladarme a la mansión eterna y ponerme la vestidura espiritual que me aguarda.”

Pero su comprensión del cumplimiento pleno del mandato que había recibido no termina en eso. Lejos de ello, iba a procurar con diligencia que después de su partida esos santos amados recordasen en todo momento esas cosas sagradas en que él había insistido vez tras vez.

Con ese fin, creemos que por una parte debemos considerar sus dos epístolas, que están saturadas de verdades prácticas y fundamentales, y al mismo tiempo, muy ricas y preciosas. Las mismas constituyen desde luego, un legado maravilloso para los santos de todos los tiempos.

Pero, seguramente que agregaba a ello sus fervorosas oraciones de que en todo momento tuviesen memoria de esas cosas tan gloriosas, y de importancia capital y cardinal.

Bien podemos imaginar después de su deceso, la forma en que los fieles se acordarían, diciéndose unos a otros – “así como nos decía nuestro amado apóstol” o bien “os acordáis que tantas veces nos advirtió de tal o cual peligro” o “nunca me olvidaré de esa ocasión en que nos habló largo y tendido, sin que se le quedase nada en el tintero” y otras expresiones recordatorias de esa índole.

Sin lugar a dudas, en esto Pedro nos ha dejado un ejemplo admirable de la forma en que debemos asumir todo mandato recibido del Maestro de los maestros.

A continuación, para fortalecer todo lo anterior con el máximo de solidez y fiabilidad, pasa a decir lo siguiente en los versículos 16 al 18:-

“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.”

“Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi hijo amado, en el cual tengo complacencia.”

“Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el santo monte.”

Sabedor de que en el mundo hay tanto engaño, y a veces se pretende hacer creer que han acontecido cosas que en verdad no han sucedido, empieza por asegurarles que en anunciarles el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo no han hecho absolutamente nada de eso, que él resume llamándolo fábulas artificiosas, y que en el argot popular calificaríamos de “cuentos chinos”, con disculpas a los ciudadanos de esa nacionalidad.

Muy por el contrario, pasa a aseverar que era algo que habían visto con sus propios ojos, y además, al usar el plural lo hace porque no estaba solo, sino acompañado por otros dos discípulos: Juan y Jacobo, satisfaciendo así plenamente el requerimiento de las Sagradas Escrituras de que todo asunto ha de dirimirse por boca de dos o tres testigos.

Este requerimiento – digámoslo de paso – se consigna en el Pentateuco (ver Deuteronomio 17:6 y 19:15 entre otros) en el evangelio, por boca misma del Señor Jesús (Mateo 18:16) y en las epístolas (2ª. Corintios 13: 1 y 1ª. Timoteo 5: 19)

Se estaba refiriendo, claro está, a la ocasión de la transfiguración, narrada en los tres evangelios sinópticos.

En la misma, como sabemos, junto al Señor Jesús aparecieron rodeados de gloria, dos grandes varones del Antiguo Testamento – Moisés y Elías.

Mas apartándose ellos de Él, Pedro, tras manifestar lo bueno que era para ellos que estuviesen allí, propuso que hicieran tres enramadas, una para Él, una para Moisés y otra para Elías.

En cuanto a esta propuesta, Marcos 9: 6ª consigna: “Porque no sabía lo que hablaba” y Lucas, por su parte “no sabiendo lo que decía.” (Lucas 9:33b)

Por cierto que se trataba de un gran desatino – el de poner al Eterno Hijo de Dios en un mismo nivel que los otros dos, varones dignísimos de verdad, pero humanos y falibles.

Con todo, la nube de luz, con la presencia del invisible Padre de gloria los cubrió, y una voz desde la misma puso las cosas en su debido lugar diciendo: “Éste es mi Hijo Amado, a él oíd” (Marcos 9:7b y Lucas 9: 35)

Hemos hecho este breve comentario sobre la transfiguración, con el fin de poner de relieve que Pedro, ahora mucho más maduro que en aquella ocasión, había comprendido muy bien las cosas y dejado atrás ese desatino.

La forma en que habla de haber visto con sus propios ojos Su majestad, de cómo recibió de Dios Padre honra y gloria, al serle enviada una voz de la magnífica gloria que decía “Éste es mi Hijo Amado en el cual tengo complacencia” nos habla elocuentemente en tal sentido. Pero además la falta de toda mención de Moisés y Elías, lo corrobora totalmente.

Termina ésta, su versión de la transfiguración – corregida y ampliada, agregaríamos – con las significativas palabras finales: “Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el santo monte.” (2ª. Pedro 1: 18)

Así, ha fijado una base absolutamente sólida y fiable sobre la cual descansaba y se apoyaba toda la enseñanza – el darles a conocer – el poder y la venida del Señor Jesucristo. Era ciertísima, indubitable e incuestionable.

A renglón seguido, en los versículos 18 a 21 de este primer capítulo en que estamos, Pedro nos da una nueva muestra de la sabiduría que la gracia del Señor y los años le habían acordado.

Les manifiesta que, además de todo lo precedente, tenían también la palabra profética más segura.

Nos anticipamos en algo, señalando que toda experiencia auténtica, siempre, no sólo se apoya en las Sagradas Escrituras, sino que pone a las mismas por encima de ella – la experiencia en sí – tal cual lo hace Pedro aquí.

Por el contrario, quienes experimentan las dudosas o espurias, tienden a prescindir de las Escrituras, o a veces a poner a sus experiencias por encima de ellas.

Continuando, Pedro les exhorta a estar atentos a esa palabra profética más segura “…como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro.” Debemos tener en cuenta que en ese entonces sólo tenían las Escrituras del Antiguo Testamento y unas pocas del Nuevo – por lo que sabemos, la 1ª. Epístola suya y algunas de Pablo.

Su afirmación de que ninguna profecía es de interpretación privada, ha de comprenderse en el sentido de que nadie puede ni debe hacerlo de forma antojadiza ni arbitraria. Entendemos que la interpretación que debe aceptarse es una que en primer lugar concuerda con el resto de las Escrituras, y que es la dada o expresada por siervos dignos y renombrados y por las corrientes sanas del cristianismo.

Decimos esto último, porque no cabe duda que hay algunas que no lo son, como las de la prosperidad, la súper fe, y el judaísmo del siglo veinte o veintiuno. Añadimos de paso que quienes sustentan cualquiera de las mismas, aunque quizá no a sabiendas, se colocan bajo la clara maldición de Gálatas 1: 9 – “Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.”

Termina Pedro en el último versículo afirmando que la profecía nunca fue traída por voluntad humana sino que los santos hombres de Dios (¡no impostores, por cierto!) hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. Creemos que eso se explica de por sí y no hace falta comentarlo.

Pero no se nos debe quedar en el tintero un comentario sobre las palabras finales del versículo 19:- “…hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.”

La interpretación de que esto se refiere a llegar a la conversión, o el nacer de nuevo, estimamos que no es correcta, dado que ya en el primer versículo del capítulo se dirige a los que habían “alcanzado una fe igualmente preciosa que la nuestra.”

Más bien uno se inclina a verlo relacionándolo con Lucas 11: 36 – “Así que, si tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso.”

En la conversión sin duda dejamos atrás las tinieblas del mundo para entrar en el reino de Su luz admirable, según el mismo Pedro escribe en su 1ª. Epístola 2: 9b.

Hemos subrayado SU luz, porque la de él es absoluta y no hay en él ninguna tinieblas. (1ª. Juan 1: 5b)

La nuestra es relativa, y creemos que ninguno se atreverá a afirmar que, desde su conversión o renacimiento, no ha dicho o hecho nada que en modo alguno sea propio de las tinieblas. Eso sería llegar a una perfección final de no pecar nunca.

Con todo, a medida que uno se va desarrollando espiritualmente hay un avance paulatino hacia una mayor madurez, hasta llegar a un punto – no de perfección final y absoluta – pero sí un dejar atrás las tinieblas, e idealmente, alcanzar la meta de Lucas 10: 36, de estar lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas.

Es posible que a algunos esta interpretación no les resulte del todo convincente. La presentamos con humildad, reconociendo que es un pasaje no fácil de ubicar en su debido significado con exactitud y certeza.

Así, hemos llegado al fin de este primer capítulo de 2ª. Pedro.

¡Qué capítulo!

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Capítulo 9 – La 2a. epístola de Pedro (c)

A partir del capítulo 2 la tónica de esta 2a. epistola de Pedro cambia sustancialmente. Ahora pasa a comentar sobre falsos profetas y maestros del pasado, advirtiendo que inevitablemente los habría entre ellos, introduciéndose encubiertamente con herejías destructoras, y aun habrían de negar al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí destrucción repentina.

Acotamos aquí que tal vez los críticos de las Escrituras que afirman que el autor de esta epístola es incierto, usen como argumento entre otros, el hecho que hemos consignado del cambio sustancial en la tónica del libro.

De todos modos, no nos parece un argumento sólido ni valedero. En tantas otras partes de la Biblia hay cambios de tema de un pasaje a otro, y aun como predicadores y maestros de la palabra muchas veces pasamos a otra cosa distinta, cambiando no sólo el tema en sí, sino también el tono en que hablamos.

Pedro toma ejemplos del Antiguo Testamento, pero el primero de ellos es anterior: el de los ángeles que pecaron, a los cuales el Señor arrojó al infierno, entregándolos a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio.

Después pasa al diluvio, señalando que sólo Noé y otras siete personas fueron guardadas; a Sodoma y Gomorra, reducidas a cenizas y poniéndolas así como ejemplo a todos los que habían de vivir impíamente, y preservando a Lot, sus dos hijas y su mujer, aun cuando ésta, al mirar con expectativa hacia atrás quedó convertida en una estatua de sal.( Esto último no lo consigna Pedro.) Resume asegurando que el Señor sabe librar a los piadosos que le temen, a la par que reservar a los injustos para ser castigados,

Los versículos 10 y 11 merecen un comentario especial. «Y mayormente a aquellos que, siguiendo a la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.»

Se nos habla de personas totalmente corrompidas que andan en concupiscencia e inmundicia y desprecian el señorío.

Esta última parte del versículo, junto con el contraste en el siguiente acerca de los ángeles – «mayores en fuerza y potencia no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor» – queda ampliamente corroborada por Judas 8b y 9«…blasfeman de las potestades superiores. Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo disputando con él sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir contra él juicio de maldición, sino que dijo: El Señor te reprenda.»

Entendemos por esto que el Señor no nos ha facultado para reprender arbitrariamente o a nuestro antojo a Satanás y demás potestades superiores, sino a resistirlos firmemente en el Nombre Todopoderoso de Jesús cuando nos sentimos nosotros mismos, o incluso algún ser querido, atacados por ellos. En este caso, y siempre que nuestra vida esté en plena obediencia, tenemos la fiel promesa de Santiago 4: 7 :- «…resistid al diablo y huirá de vosotros.»

Consignamos esto porque en alguna reunión de jóvenes inmaduros e incautos hemos oído tales cosas como «Echamos al diablo de España» o bien algún siervo decir «Óyeme bien Satanás» para luego «reprenderlo» o «atarlo.»

Creemos que es por la misericordia del Señor que no sean avasallados y dañados como lo fueron los hijos de Esceva, según se nos narra en Los Hechos 19: 13-16, sobre todo por no tratarse de personas malvadas como aquéllas a las cuales se refieren 2a. Pedro 2: 10-11 y Judas 8b y 9.

No obstante, creemos que harían bien en considerar seriamente estos dos pasajes, y ceñirse debidamente a los parámetros bíblicos sobre este terreno escabroso de actuar contras las fuerzas diabólicas.

En el capítulo 3 de esta epístola, nos encontramos con predicciones importantes en cuanto a los postreros tiempos y también advertencias y exhortaciones dignas de tenerse en cuenta. En los versículos 3 y 4 se nos advierte que habrá burladores andando en su concupiscencia y preguntando irónicamente dónde está la promesa del regreso del Señor, ya que todo sigue igual que hace siglos.

Agrega en los versículos siguientes que quienes hagan esto lo harán en ignorancia de cómo el Señor trajo el diluvio como juicio sobre la maldad en tiempos de Noé. Después añade que los cielos y la tierra están guardados para el fuego en el día del juicio y la perdición de los hombres impíos.

A continuación, tras recordarnos que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día, puntualiza que no es que el Señor retarde Su promesa, sino que es paciente, no queriendo que ninguno perezca sino que todos procedan al arrepentimiento.

Qué preciosa y maravillosa promesa! Nos debe llenar de esperanza en cuanto a familiares, vecinos, compañeros de trabajo o amigos que todavía no han abrazado la fe del evangelio.

No es que el Señor retarde la promesa de Su advenimiento, sino que en Su gran paciencia y misericordia, prolonga el tiempo para seguir dándoles oportunidad de que se arrepientan y vuelvan a Él. Y lo más hermoso es que esta breve palabra todos nos dice tanto:- esta paciencia y esta misericordia son para todos sin excepción.

Se podría pensar que esto es una contradicción de la doctrina de la predestinación, pero en realidad no lo es. El mismo Pedro en la introducción de su primera epístola (1:2) escribe «…elegidos según la presciencia de Dios Padre.»

Esa presciencia o conocimiento de Dios sabía muy bien quiénes iban a proceder al arrepentimiento, y quiénes no lo iban a hacer, aun cuando Su deseo era y es que todos lo hagan.

Alguien lo ha ilustrado diciendo que es como si se tratase de una puerta con la inscripción en la parte exterior «Para que todo aquel que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna..» Cada vez que uno la abra abrazando la fe, al hacerlo, del lado interior de la misma encuentre la inscripción del sapientísimo Dios «escogidos desde antes de la fundación del mundo.»

En los versículos 10 al 13, tras afirmar que el día del Señor vendrá como ladrón en noche, Pedro escribe que los cielos pasarán con grande estruendo y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Es decir que se trata de una reiteración de lo consignado y ya comentado de versículo 7 – todo quedará hecho cenizas. – los grandes edificios, catedrales, museos, mausoleos, etc. – una verdad muy solemne que nos debe llamar a vivir santa y piadosamente, tal cual se puntualiza en el versículo 11b.

Gracias al Señor nuestra esperanza no está en este mundo y tenemos la promesa de cielos nuevos y tierra nueva, en lo cuales ha de morar la justicia.

Esta verdad (v.13) también la encontramos en Isaías 65: 17 y 66: 22 y además en Apocalipsis 21: 1, y la misma lo motiva a Pedro a exhortarnos a que, estando en espera de cosas tan solemnes y grandiosas, procuremos con diligencia ser hallados por Él sin mancha e irreprensibles, en paz.

Qué necesidad tenemos de tener muy en cuenta y con toda seriedad estas grandes verdades! Es tan fácil, con el quehacer cotidiano y los muchos afanes, vivir como si esta vida terrenal y transitoria fuese lo único, y perder la mira del más allá celestial que perdura por toda la eternidad.

Después de recordarles en la primera parte del versículo 15 que la paciencia del Señor es para salvación de aquéllos que todavía no han abrazado la fe, pasa a una referencia al amado hermano Pablo, lo que nos da varias cosas que comentar.

La primera es que al hacerlo de esa manera entrañable, a pesar de la reprensión pública que le había hecho en Antioquía (ver Gálatas 2: 11-15) no había en él ningún rencor, – reconociendo seguramente que la misma había sido justificada. Agrega también un reconocimiento de la sabiduría que le había sido dada, escribiendo en casi todas sus epístolas sobre estas cosas – las verdades de la nueva vida y el nuevo régimen que nos ha sido legado por el Señor Jesús.

Pero a continuación añade que algunas de ellas eran difíciles de entender. Se ha comentado con cierto humor sano y respetuoso que él mismo – Pedro – también había escrito algunas cosas no fáciles de entender, como I Pedro 3: 18-20 en que afirma que Jesús fue en espíritu a predicar a los espíritus encarcelados que en el tiempo inmediatamente anterior al diluvio habían sido desobedientes. Asimismo I Pedro 4: 5-6 nos dice que el evangelio ha sido predicado a los muertos.

Pablo también podría decir que algunas cosas escritas por Pedro son difíciles de entender!

La parte final del versículo 16 de II Pedro 3 expresa algo muy importante y que no debemos dejar de lado. Después de decir que las cosas difíciles de entender de Pablo eran torcidas por los indoctos e ignorantes para su propia perdición, con las palabras » como también las otras Escrituras» nos da a entender claramente que la autoría de Pablo entraba dentro de los cánones de las Escrituras, al igual que los escritos propios de él – Pedro.

Después pasa a exhortarlos en términos amorosos a que, sabiendo estas cosas, se guardasen mucho de no ser arrastrados por el error de los impíos y cayesen de su firmeza. Por cierto que se trata de una exhortación muy en sazón para hoy día también, habiendo tanto engaño, corrupción y malicia.

El fin de la epístola – versículo 18 – es un digno broche de oro. «Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.»

Ya nos hemos referido anteriormente a ese crecer en la gracia y el conocimiento del Señor Jesús. Su amor que sobrepasa todo entendimiento, Su gracia soberana, Sus virtudes como el Maestro de los maestros, Su vida impecable y maravillosa, y mucho, muchisimo más, nos dan un margen vastísimo y sin fin, para poder crecer, desarrollarnos, madurarnos y perfeccionarnos en el conocimiento de Él, el maravilloso Señor y Salvador.

Que nos sintamos todos fuertemente estimulados a hacerlo!

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