Capítulo 4

Gedeón, el derribador de árboles
Primera Parte

Cronológicamente hablando, damos ahora un gran salto hacia adelante, ubicándonos varios siglos más tarde, en la época de los jueces de Israel.
Derribador de árboles es lo que significa el nombre de este ilustre varón Gedeón, del cual pasamos a ocuparnos en este capítulo y el siguiente,
El Señor Jesucristo nos dijo en Mateo 15:13 que toda planta que no plantó el Padre celestial será desarraigada.
En los tiempos de Gedeón, figurativamente hablando, había muchos árboles en el territorio de Israel que no habían sido plantados por el Padre celestial.
Eran los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente, que atacaban al pueblo de Dios, arrasando cuanto encontraban a su paso, y llevándose los frutos de la tierra, como así también ovejas, bueyes y asnos, de tal modo que Israel empobrecía en gran manera.
Todo esto le sucedía como resultado de su rebeldía contumaz y crónica.
Al sentirse tan fuertemente oprimidos y ser su tierra terriblemente devastada, clamaron al Señor.
Después de reprocharles su obstinada desobediencia por medio de un profeta, obrando con mucha misericordia, Jehová pasó a responder a sus ruegos.
Lo hizo levantando al varón cuyo nombre, como ya hemos señalado, significa derribador de árboles.
Precisamente esa iba a ser la labor y la obra magna de su vida – la de derribar y destruir a todos esos madianitas,
amalecitas e hijos del oriente, que le estaban haciendo la vida imposible al pueblo de Israel.
La forma en que esto aconteció se nos narra en tres extensos capítulos de Jueces – 6, 7 y 8. El contenido de los mismos, como así también el significado alegórico que se encuentra en algunas partes de ellos, son muy ricos y abundantes, y hemos de extendernos en reflexiones sobre ellos que llenarán este capítulo y todo el siguiente.
Se empieza por decirnos que Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar para esconderlo de los madianitas.
Como tantas veces se ha dicho, el Señor nunca escogió para Sus fines a hombres ociosos y de brazos cruzados, sino a quienes estaban trabajando laboriosamente.
Tal el caso de Gedeón, como el de Eliseo, David, Moisés, Pedro, Andrés y muchos más.
Mientras con el sudor de su frente realizaba fielmente esta humilde tarea, se le apareció repentinamente el ángel del Señor, sorprendiéndolo con las palabras:
“Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.” (Jueces 6:12)
Sin comprender el alcance de lo que estaba sucediendo, contestó que si era verdad que Jehová estaba con ellos ¿por qué les había sobrevenido el estado de gravísima opresión y miseria en que se encontraban? agregando que el Señor los había desamparado y entregado en manos de los crueles opresores madianitas.
Sin inmutarse para nada, el ángel pasó a hablar por segunda vez con palabras de gracia y maravillosa promesa.
“Mirándolo Jehová le dijo: Vé con esta tu fuerza y salvarás a Israel de mano de los madianitas. ¿No te envío yo? (6:14)
Anonadado y absorto, Gedeón le contestó preguntando con qué podría él salvar a Israel: su familia era pobre en la tribu de Manasés y él era el hijo menor.
Aquí tenemos otra vez lo que tantas veces se ha dado, y se da, a través de la historia y de los siglos.
En una coyuntura crucial y crítica, en la que hace falta un varón de verdad para un propósito importante y de gran envergadura, el Señor fija Sus ojos en un pobre, un pequeño, en el cual nadie había pensado, y por así decirlo, nunca se lo había mirado por segunda vez.
Son los designios inescrutables y los caminos imprevisibles del Altísimo, que vez tras vez sorprende y desconcierta a los sabios y entendidos, haciendo lo que nadie preveía, y por el contrario, no haciendo lo que los agoreros y adivinos vaticinaban.
“Yo Jehová,…que deshago las señales de los adivinos y enloquezco a los agoreros.” (Isaías 44:24-25)
Pero antes de continuar, debemos volver a las primeras palabras del ángel, a saber, “Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.”
Es el Dios que llama por adelantado a las cosas que no son, como si ya fueran, como Pablo señala significativamente en Romanos 4:17.
Gedeón se sentía muy pobre y pequeño. Con todo, el Espíritu de Dios iba a venir sobre él, y en qué valiente (!) en qué titán lo iba a convertir en el campo de batalla!
Esto lo veremos con sumo beneplácito a su debido tiempo, pero por ahora sigamos con el relato.
Para disipar toda duda, Jehová le asegura que ciertamente estará con él, y que él derrotaría a los madianitas como a un solo hombre.

La ofrenda puesta delante del ángel.­
Animado por esto, Gedeón le ruega que no se vaya, sino que espere que prepare su ofrenda y la ponga delante de él.
Con toda condescendencia, el Ángel le dice que esperará en tanto él la prepara y se la trae
Exactamente cuánto tiempo le llevó a Gedeón preparar un cabrito, panes sin levadura, y un olla de caldo, es algo que no podemos precisar.
No creemos que haya sido cuestión de unos minutos, lo que nos hace pensar, figurativamente, en la gran paciencia y bondad con que el Señor ha esperado a muchos de nosotros, que no hemos sido tan prontos como debiéramos en traerle la ofrenda de toda nuestra vida.
Para que no se haga demasiado extenso, interrumpimos aquí para continuar en la segunda parte.
FIN