NUEVAS COSECHAS DE ANTIGUAS VERDADES – TERCERA PARTE

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NUEVAS COSECHAS DE ANTIGUAS VERDADES.

TERCERA PARTE

ÍNDI CE 

CAPÍTULO 1.- 1a. Tesalonicenses 1. –

CAPÍTULO 2.- 1a. Tesalonicenses 2 (a)

CAPÍTULO 3.- 1a. Tesalonicenses 2 (b)

CAPÍTULO 4.- 1a. Tesalonicenses 3.-

CAPÍTULO 5.- 1a. Tesalonicenses 4.-

CAPÍTULO 6.- 1a. Tesalonicenses 5(a)

CAPÍTULO 7.- 1a. Tesalonicenses 5 (b)

 

 

CAPÍTULO 1.-  1a. Tesalonicenses 1.-

Se considera que es la primera epístola escrita por Pablo, estimándose como la fecha más probable el año 54 de la era cristiana.El relato de cómo nació la iglesia en Tesalónica, consignado en Los Hechos 17: 1-9 nos resulta de mucha importancia para comprender mejor esta epístola. Todo indica que el tiempo que Pablo estuvo allí fue de solamente tres semanas, en las cuales predicó en la sinagoga los días Sábados en que se reunían. El resultado de esa predicación fue que se convirtió un gran número de griegos piadosos, y además mujeres nobles no pocas, según consta en el versículo 4b. 

  Evidentemente, después del primer Sábado,  durante la semana, Pablo, acompañado por Silas debe haber  compartido mucho todo el tiempo que las circunstancias permitieran, exhortándoles, enseñándoles y fortaleciéndoles en la fe que de forma tan reciente habían abrazado.

Como en tantas otras ocasiones, llenos de celos, los judíos que no creían  levantaron una fuerte persecución. Llama la atención sobremanera las primeras palabras que pronunciaron a gritos al acusarlos ante las autoridades de la ciudad:- «Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá.»

Debemos comprender que con anterioridad inmediata Pablo y Silas habían padecido mucho en Filipos, pero aún así fueron muy valientes en predicar igualmente con denuedo en Tesalónica. Decimos esto,, porque para ese resultado tan propicio y poderoso, debe tenerse en cuenta que habían pagado el precio, con tanto padecimiento y persecución. De todos modos, les valió la distinción de ser calificados de ser los que trastornan el mundo entero. Por cierto que esto nos hace sentir diminutamente pequeños.

En cuanto a Pablo, no debemos olvidar lo que el Señor le anticipó a Ananías, cuando le instó a ir  a imponerle las manos y orar que recobrase la vista. Después de  decirle que era un instrumento escogido para llevar Su nombre, agregó: «Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.» (Los Hechos 9: 16)

Pasamos ahora a comentar la  epístola en sí, y notamos en primer lugar que además de Silas, que lo acompañó en el encarcelamiento en Filipos, menciona a Timoteo como un segundo acompañante.  Vemos que en Su gran misericordia y comprensión, el Señor dispuso que Timoteo, siendo muy joven para afrontar el sufrimiento que le tocó a los dos apóstoles, no permitió que tuviera que padecer juntamente con ellos.

En la salutación inicial notamos la palabra gracia (no podía faltar!) Ya hemos puntualizado que en todas sus epístolas la encontramos al principio y al final, como así también entrelazada en la trama del texto, como denotando que todo empieza por gracia, continúa de  la misma forma y concluye también por gracia.

Sin querer entrar en controversia, la única excepción la encontramos en el principio de Hebreos, que contra la opinión de algunos, creemos que fue escrita por él.

De todos modos, la sencilla explicación es que el fue un depositario superlativo de la gracia divina, lo cual lo impulsaba a hacer un uso tan frecuente de esa palabra tan preciosa. No nos equivocamos en decir  que él la empleó más que ningún otro escritor del Nuevo Testamento.

En los versículos 2 y 3,  emplea el verbo en el plural, lo que nos da a entender que en lo que sigue participaba también Silas y seguramente asimismo el joven Timoteo. Afirma que los recordaban siempre delante del Señor con mucha gratitud, señalando tres virtudes encomiables de estos queridos nuevos convertidos:- el obrar de su fe, el trabajo de su amor y su constancia.

Nos limitamos a decir que si bien no somos salvos por obras, evidentemente la fe, si es genuina,se ha de concretar en obras, tal cual se nos señala en Santiago 2: 22.

Igualmente, el amor no es algo pasivo, sino una fuerza propulsiva que se exterioriza en labores propias del reino del amor.

Y desde luego la constancia es una virtud excelente, que debiera encontrarse en todo verdadero hijo de Dios. La falta de ella sólo puede conducir, a la larga, a una decadencia espiritual mu peligrosa. Cuidemos bien de que no nos falte el ser constantes en todo lo atinente al reino imperecedero y eterno. Seguidamente Pablo pasa a expresar la seguridad  de la elección de los tesalonicenses. No comentamos sobre este particular porque ya lo hemos hecho más de una vez en obras anteriores – sólo repetimos resumiendo en dos palabras, por así decir- la elección de Dios es según su presciencia o conocimiento anticipado.

La ministración del evangelio entre los tesalonicenses, como vemos en el versículo 5, no fue por cierto en palabras solamente, sino en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre – otra vez un  trío de verdades y virtudes cardinales.

Pablo concluye el versículo diciendo «…como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.» Ostentaban las verdaderas credenciales de todo auténtico siervo de Dios, de las cuales nos ceñimos a señalar tres – una conducta intachable, amor desinteresado y fe acompañada de la plenitud del Espíritu.

Ese ejemplo de Pablo, Silas y Timoteo reprodujo según su género, si cabe la frase. Efectivamente,, en el versículo 6 leemos que los queridos tesalonicenses vinieron a ser imitadores de ellos y del Señor mismo, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, y esto con gozo del Espíritu Santo.

Qué maravillosa manifestación del poder de Dios para transformar vidas por el poder del evangelio! Todo el pasaje que se extiende hasta el versículo 9 está lleno de verdades que lo atestiguan, a la par que demuestran qué tierra fértil habían resultado estos amados tesalonicenses. Tomemos los puntos principales.

1) Habían sido ejemplo a los que habían creído en toda la amplia zona de Macedonia, y también en Acaya, situada al Sur.

2) Partiendo de ellos la palabra del Señor se había proclamado no sólo en Macedonia y Acaya. En todo lugar – no sabemos exactamente el verdadero alcance de esto -la fe de ellos se había extendido.  

3) De este modo, Pablo y sus dos acompañantes no tenían necesidad de decir nada; todos los demás lo tenían delante de sí digamos, como evidencia cierta e incuestionable.

4) Y el resultado habla de por sí  con toda elocuencia.  Habían recibido a los siervos de Dios y su palabra, abrazándola de todo corazón. En su ignorancia anterior tenían  sus ídolos, pero ahora los habían dejado atrás por completo, pasando a servir al Dios vivo y verdadero.

5) Y no sólo esto – ahora tenían una nueva y gloriosa esperanza – aguardar al amado Señor que había muerto y resucitado por ellos – Jesús, Quien los había librado de la ira venidera.

Creemos que es un modelo precioso y perfecto del obrar auténtico de Dios, conjugándose con otros dos factores o requisitos imprescindibles a saber, siervos dignos de verdad y tierra fértil donde la palabra divina puede germinar favorablemente.

Como punto final sobre este breve pero muy sustancioso primer capítulo, debemos señalar que, al igual que los cuatro siguientes, concluye con la segunda venida. Un tema glorioso, que siempre se encontraba en el corazón y la visión de la iglesia primitiva, en los días de su máximo esplendor.

Creemos que es algo que la iglesia en general debe recuperar – ´Maranatha – ven pronto Señor Jesús! 

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CAPÍTULO 2-

La 1a. epístola de Pablo a los Tesalonicenses (b)

 En este segundo capítulo de la epístola , Pablo en cierto modo recapitula la entrada del evangelio a Tesalónica y al hacerlo nos da un riquísimo legado de verdades y principios propios del evangelio.

Después de señalar que su visita – la de él juntamente con Silas y  Timoteo – no había sido en vano, les recuerda que tras haber sido maltratados y ultrajados en Filipos, igualmente, apoyándose con denuedo en el Señor, les anunciaron el evangelio en medio de gran oposición.

Lo que sigue a continuación nos brinda una relación amplia y veraz de lo que es un auténtico siervo o sierva del Señor. Ya en el versículo 2 tuvimos la faceta de valientes de verdad, que en medio de gran persecución no se amilanan, sino que valerosamente cumplen con la misión que les ha sido encomendada de proclamar las gratas nuevas de salvación.

Ya anteriormente en Los Hechos 15: 26 se habla de  Pablo y Bernabé como «hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.» Lo mismo puede decirse ahor de Silas.

Aun cuando, por ahora por lo menos, no nos ha tocado el honor de exponer la vida por el  Señor, debemos desde luego ser valientes en muchos otros sentidos, menos heroicos o gloriosos tal vez, pero igualmente importantes. Entre otras cosas, podemos pensar en ser valientes obrando con limpieza, cuando en el trabajo, por ejemplo se nos pide que hagamos algo que no es limpio, o bien que no es honrado o que supone enredarse con una mentira de alguna manera.

Tengo presente el caso de un hermano mío en la carne y en el Señor, cuando hace muchos años se desempeñaba en un cargo de secretariado, con tareas, entre otras, la de redactar cartas en inglés y mecanografiarlas – en aquellos tiempos el ordenador y toda la tecnología actual eran desconocidos !

El gerente, que a menudo le dictaba cartas,  sabía que mi hermano no consentía en ser partícipe de algo que supusiera una mentira. A veces quería decir en sus cartas cosas que no eran estrictamente verdad. No obstante, sabedor de los escrúpulos de conciencia de Ronaldo – que así se llamaba y se llama – vacilaba un poco, y luego, buscando conciliar las dos cosas – lo que él quería decir pero sin contrariar los principios de Ronaldo, vacilaba un poco, diciendo «…a ver, ¿cómo podemos decir esto….? (1)

Otras virtudes propias de los verdaderos siervos y siervas se desprenden del versículo 3. La primera es la de una enseñanza y exhortación exenta de error.

En Juan 16: 13 el Señor Jesús dijo: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad…»

Aun cuando puede haber diferencias en algún detalle dentro de la vasta gama de la enseñanza, el verdadero siervo siempre traerá en los aspectos fundamentales la verdad clara y limpiamente trazada.

A renglón seguido se mencionan dos cosas harto evidentes, y que sólo han de aparecer en quienes no son por cierto de los verdaderos y auténticos – la impureza y el engaño.

Y a partir del versículo 4 y continuando hasta el 10, tenemos una buena lista de virtudes excelentes que ostentaba Pablo, y también sus acompañantes, teniendo en cuenta que en todo esto siempre emplea el verbo en el plural.

Tomémoslas, una por una. La primera es la de haber sido aprobados por Dios para que se les  confiase el inmenso privilegio de ser portadores del evangelio. No dejamos de  valorar por  cierto el lugar del instituto bíblico, siempre y cuando sólo inculque la enseñanza dentro de los parámetros bíblicos, sabiendo que tristemente hay aquellos en que el liberalismo, la alta crítica y demás proliferan por doquier.

Muchos años ha, mi fallecida esposa y un servidor, bastante antes de haber contraído el matrimonio, hicimos un curso en un  centro de enseñanza bíblica. No obstante,  a pesar de haber sacado buenas calificaciones en los trabajos por escrito que tuvimos que presentar, en verdad no salimos aprobados por el Señor para que se nos confiase el evangelio. Sí, habíamos predicado al aire libre, enseñado y predicado en algunas congregaciones  y testificado en la obra de evangelismo personal – pero todavía nos faltaba mucho.  Sólo el trato personal del Señor moldeándonos a través de experiencias de las más variadas, y esto a través de unos buenos años, pudo lograr que al final pudiésemos salir como obreros aprobados.

Lo que quiero significar en todo esto es que el hecho de haber cursado estudios bíblicos y aprobado exámenes no necesariamente lo convierte a uno en un obrero aprobado. Es por supuesto una buena aportación el prodigarle al estudiante un buen caudal de enseñanza bíblica. Pero al final de cuentas el que realmente aprueba es el Señor mismo, y esto más que de cursar estudios bíblicos y adquirir buenos conocimientos, se trata de de pasar por la escuela del Maestro de los maestros, digámoslo así. Él y sólo Él sabe como ningún otro la mejor forma de tratar, humillar, enseñar y equipar a fin de formar el carácter y la vida de un verdadero siervo Suyo.

En el mismo versículo 4  Pablo agrega «…así hablamos, no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones.»

Cuando a uno de veras se le ha confiado el evangelio, la responsabilidad ante el Señor es muy grande. No se debe de ninguna manera transigir «para quedar bien» agradando a los hombres.

Las palabras finales del versículo – «…quien prueba nuestros corazones» por cierto que calan muy hondo. En Hebreos 4: 12b leemos que la palabra de Dios discierne los pensamientos y las intenciones  del corazón,» tras lo cual en el versículo siguiente se añade: «y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.»

Son sin duda palabras que deben tomarse muy seriamente, y que nos deben llevar a un sano y saludable temor y temblor delante del Altísimo.

Seguidamente en el versículo 5, Pablo, siempre poniendo el verbo en el plural, asevera que Dios era testigo de dos            cosas elementales pero asimismo muy importantes. La primera de ellas, que no usaron palabras lisonjeras, las cuales evidentemente son propias de los falsos, y no de los genuinos siervos del Señor.

Y la segunda, que no encubrieron avaricia, es decir la intención de que se les diera dinero por los servicios prestados. Es lo que solemos llamar amor desinteresado, que sirve sencillamente por amor y sin la segunda intención de ser recompensado económicamente.

No obstante, en el siguiente versículo Pablo . agrega algo que merece que lo comentemos en detalle. «…ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.» 

Sirviendo al Señor como lo hacían, naturalmente tenían gastos de viaje y para sus necesidades personales. Tenían el derecho de que eso se reconociese y se les diese por lo menos lo suficiente para cubrir esas dos necesidades – la derivada de sus viajes y las personales, como alimento y hospedaje.

  Incluso debemos recordar que el mismo Señor afirmó en Lucas 10: 7 «que el obrero es digno de su salario.» lo cual, para mayor abundamiento, en 1a. Corintios 9: 14 Pablo lo rubrica al escribir «Así también ordenó  el Señor a los que anuncian el evangelio que vivan del evangelio.»

Entendemos que lo correcto es que ese principio establecido por el Señor se tenga en cuenta y sea puesto por obra. No obstante, el verdadero siervo del Señor nunca habrá de reclamarlo ni recordárselo a quienes les esté ministrando. Si se olvidan de hacerlo o bien las circunstancias no lo permiten – como por ejemplo muchas veces pasa en congregaciones de gente muy humilde, que apenas si llegan a cubrir sus gastos de alquiler del local de reuniones – entonces el siervo consciente y correcto no habrá de decir nada, sino confiar en el Señor, a Quien sirve y no a los hombres, sabiendo que Él será fiel para recompensarlo por sus labores cuándo y cómo lo vea indicado.

En los dos versículos siguientes – el 7 y el 8 – Pablo no sólo da a entender que de ninguna manera habían hecho uso de ese derecho que en realidad tenían, sino que pasa a manifestar el amor tan entrañable que sentían por esos nuevos convertidos de Tesalónica. 

«Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura s sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.»

Una expresión de amor singularmente entrañable y profunda.

¿Será que al padecer tanto al engendrar estos hijos espirituales, sería algo así como una madre normal siente tanto cariño por la criatura que ha dado a luz con sus muchos dolores de parto?

¿O será que el bendito amor del Crucificado, que dio Su vida por nosotros Sus amados, se había comunicado por la gracia del Espíritu  a ellos, los dignísimos apóstoles Suyos? Pensamos que las dos cosas caben, tal vez la segunda derivada de la primera.

Pero además ese amor tenía un aspecto muy práctico, a la  vez que sacrificado y noble.

«Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.»

El trabajo para costearse todos sus gastos y necesidades, sería el de hacer tiendas. Además de la instrucción intelectual, la costumbre entre el pueblo judío era que cada uno aprendiese también un oficio manual. El de Pablo, que como hemos dicho era de hacer tiendas, lo tenemos consignado en Los Hechos 18: 2-3, donde vemos que lo hacía juntamente con Aquila  Priscila.  Es muy posible que Silas, que también era judío, haya aprendido el mismo oficio con anterioridad, y podemos vislumbrar al joven Timoteo aprendiéndolo allí mismo en Tesalónica, bajo la tutela de Pablo.

De todos modos, lo que se desprende de todo esto es el esfuerzo y sacrificio enorme que todo esto demandaba. Por cierto que no se trataba de una vida fácil ni regalada, sino todo lo contrario. No obstante, como eran emisarios auténticos de un Dios fiel y consecuente, no dudamos que recibirían una gracia sobrenatural para sobrellevarlo airosamente.

  Como todavía falta bastante en este extenso segundo capítulo de la epístola, y para que el presente capítulo nuestro no se alargue en demasía, desglosamos, pasando a tratar la otra mitad en el siguiente.

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CAPÍTULO 3

1a. Tesalonicenses 2 (b)

En los versículos 10 y 11 Pablo, siempre poniendo el verbo en el plural, les vuelve a señalar la forma ejemplar e intachable en que se habían comportado durante las tres semanas en que habían estado con ellos en Tesalónica.

 Esto de ninguna manera debe interpretarse  como una muestra de auto alabanza. Había dos razones importantes. La primera es que sin duda los nuevos convertidos tesalonicenses iban a modelar sus vidas según el ejemplo de ellos – Pablo, Silas y el joven Timoteo.

  De hecho, en el versículo 12 que sigue inmediatamente, vemos que les habían exhortado en ese sentido: «…y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.» 

Y la segunda razón, también muy poderosa y además de largo alcance, es que el Espíritu Santo, sabedor por anticipado que esta epístola iba a formar parte de las Sagradas Escrituras, se encargó de que Pablo delinease las verdaderas credenciales de los auténticos siervos y siervas del Señor.

Esto ya se había hecho en oportunidades anteriores, tanto por la enseñanza del mismo Señor Jesús en los evangelios, y la oral de Pablo, Pedro y los demás apóstoles en muchas ocasiones anteriores. 

No obstante, sabemos  que la repetición reiterada de verdades capitales y cardinales, es una norma que el Espíritu Santo, muy sabiamente por cierto, se ha encargado de que no falte en todo lo largo de la Santa Biblia.

Pero volvemos atrás a los versículos 10 y 11 en que Pablo habla de la conducta de ellos durante esas tres semanas aproximadamente en que estuvieron en Tesalónica. «Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes, así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros.»

Acude a mi recuerdo haber leído en un escrito – creo que era del gran siervo de otrora Carlos Finney – sobre la santidad. Rebatiendo las afirmaciones de algunos de ese entonces que vivir en verdadera santidad era algo de la vida en el más allá, y no mientras se vive aquí en la carne, puntualizaba el testimonio de que esos tres siervos habían vivido en total santidad durante esas tres semanas, lo cual presuponía que lo podían seguir haciendo todo el resto de la vida.

Por otra parte, esa santidad iba acompañada de una justicia y de un proceder intachable, o irreprensible, para emplear el vocablo con que Pablo lo expresa.

Pero, además de esos tres aspectos, el comportamiento de ellos había sido muy entrañable. Tratándolos como padres a sus hijos,  exhortaban y consolaban individualmente a cada uno de ellos. Dos puntos finales sobre esto – eran hijos espirituales de verdad pues los habían engendrado en el evangelio, al igual que él a los corintios, según  leemos en 1a. Corintios 4: 15.

El otro punto es la labor ímproba y tesonera de hacerlo con cada uno de ellos, lo que habrá supuesto horas de darse con todo ahínco y nobleza.

«Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres,  sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes:» (Versículo 13)

Un versículo extenso y que nos presenta en primer lugar la profunda gratitud de Pablo – siempre empleando el verbo en el plural – por la recepción de los tesalonicenses al oír la palabra de Dios. No había ningún escepticismo ni duda – sabían bien que no eran palabras de hombres, sin peso ni sustancia, sino según era en verdad, la auténtica palabra divina.

Debe haber sido de mucho estímulo para los apóstoles que hubiera tan buena disposición en los corazones de ellos.

Y en segundo lugar, era una palabra viva, eficaz y transformadora, que actuaba poderosamente en los queridos tesalonicenses. Como ya hemos visto, les hizo dejar los ídolos de su vida anterior, para servir al Dios vivo y verdadero. 

«Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos.» (versículo 14)

Esto nos hace saber algo que no consta en el relato de Los Hechos. Efectivamente, en el mismo se nos dice que la persecución vino de parte de los judíos, celosos de ver la buena y abundante acogida de la palabra traída por Pablo y sus dos acompañantes. (Ver Los Hechos 17: 5-8)

Ahora, por el versículo 14 de la epístola citado más arriba, entendemos que también hubo persecución de parte de los incrédulos del pueblo y la ciudad de Tesalónica misma

En los dos versículos siguientes, Pablo expresa la maldad obstinada y perversa de los judíos que rechazaban la palabra.

«…los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios y se oponen a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo.» 

Entre otras cosas, llaman la atención en este pasaje las palabras «se oponen a todos los hombres» como si les fuera imposible vivir en concordia con alguno.

En realidad, esta rebeldía del pueblo de Israel ha sido algo crónico y que, acompañada de la idolatría, ha representado un quebranto para el corazón d Jehová, el Eterno, Quien los rescató del horno de fuego de Egipto, haciendo señales y milagros portentosos.

Verdad es que hubo épocas en la historia en que hubo en general una cierta fidelidad. Distinguimos entre otras el período del libro de Josué, y los tiempos de reyes fieles que hicieron lo recto ante el Señor, como David, Salomón, con la excepción de su apostasía hacia el final de su reinado, y otros buenos monarcas como Josafat, Ezequías y Josías. Pero, hubo etapas de francamente increíble rebeldía e idolatría, al punto de que el Señor, primero al reino del Norte, y más tarde al del Sur con Jerusalén  como capital, los hizo llevar cautivos a tierra extraña como escarmiento.

No obstante, como muestra de Su infinita misericordia, y también recordando Sus promesas a los tres patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob, hizo volver del cautiverio a una  buena parte de ellos en tiempos de Zorobabel,Esdras y Nehemías, para la reedificación del templo primero y posteriormente para la restauración del muro.

Sin embargo, en la vigilia de oración anoche – a 15 de Septiembre de 2020 -me ha venido una sano y saludable recordatorio de la mucha paciencia que el Señor ha tenido conmigo en épocas de desobediencia y gran declive espiritual, aún después de mi conversión.

En Romanos 2: 1 Pablo escribe:- » Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas, pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.» Insensiblemente me he puesto en el lugar del inexcusable!

 Avanzando ahora y sin querer entrar en el terreno algo escabroso de la escatología, un último punto sobre todo esto.

Si bien en el tiempo presente sólo hay un pequeño remanente de israelitas fieles al evangelio – ver Romanos 11:4-5 – una vez que se cumpla la plenitud de los gentiles – ver Romanos 11: 25b y Lucas 21: 24 – tenemos la gran promesa de que todo Israel será salvo – Romanos 11: 26-27.

Sólo podemos cerrar con las palabras de Pablo en Romanos 11: 33-36 que lo resumen y rubrican mejor que cualquier comentario nuestro. 

«!Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ! Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O Quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.»

Avanzando ahora hacia la parte final del segundo capítulo de 1a. Tesalonicenses en que estamos, vemos que la tónica del texto cambia. Pablo ahora pasa a expresar su gran deseo de volver a ver a esos queridos nuevos creyentes. 

«Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestros rostros.» (versículo 17)

El versículo 18 que sigue nos da bastante que pensar. «…por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó.» 

¿Sería que no era la voluntad del Señor que fuese otra vez a Tesalónica, por lo menos en ese punto de tiempo?

A veces, nuestro gran deseo, por noble y altruista que sea, no concuerda exactamente con lo que el Señor tiene para nosotros en un tiempo determinado. De ahí que permita que Satanás lo obstaculice e impida.

  Es la reflexión que presentamos, pensando que no resulta admisible que queriendo uno de buen grado hacer la voluntad del Señor, Él, que sin duda está en el Trono y muy por encima de Satanás, le permita no obstante frustrar Sus planes.

Confiamos no estar equivocados en la interpretación de este versículo.  

«Porque, ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro  Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo.» (Versículos 19 y 20)

Aquí Pablo reitera otra vez el cariño entrañable hacia los santos de Tesalónica, con el verbo también en el plural. Para él y para sus compañeros sería una culminación bendita, una corona preciosa, verlos presentados ante el Señor como fruto de sus labores tan valientes, y a la vez sacrificadas 

Y ¿cómo no? La nota final de la segunda venida del Señor, como ya vimos, que figura en la conclusión de cada capítulo, como la gran esperanza, bienaventurada y gloriosa.

 MARANATHA!

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 Capítulo 4 – 1a. Tesalonicenses 3

«Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos quedarnos solos en Atenas.y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros  respecto a vuestra fe.» (3:1-2)

Debemos tener en cuenta que entre su marcha de Tesalónica y el tiempo en que escribió la epístola, Pablo con sus compañeros habían estado en Berea. Al surgir en ese punto también una fuerte persecución, Pablo continuó viaje a Atenas, acompañado de hermanos, seguramente de Berea. mientras que Silas y  Timoteo se quedaron en Berea.

  No obstante, a  través de esos mismos hermanos que lo habían acompañado, envió un mensaje a Silas y Timoteo, pidiéndoles que viniesen de Berea a Atenas, donde él se encontraba lo antes posible.

Por el relato del capítulo 17 de Los Hechos, notamos que Pablo, enardecido por la terrible idolatría que imperaba en Atenas, de inmediato se puso a proclamar el evangelio. Pero como una muestra más de su gran corazón y la gran intensidad con que asumía  la tarea que le había sido encomendada, amén de ese enardecimiento por la situación tan idolátrica de Atenas, no podía soportarlo mas en cuanto a los amados nuevos convertidos de Tesalónica. Consecuentemente, y no pudiendo estar en los dos lugares al mismo tiempo, dispuso enviar al joven Timoteo. Lo hizo, recomendándolo como servidor de Dios y colaborador con él y Silas en el evangelio.

La labor que tenía que cumplir en Tesalónica era sin duda de gran envergadura – confirmar y exhortarlos respecto a la fe que habían abrazado recientemente. 

Esta encomienda nos da una idea bien clara de la mucha confianza que tenía en el joven Timoteo. Creemos que todo lo que había acontecido en lo que llevaban de la gira, con todas las vicisitudes, y las fuertes persecuciones, habían servido para ir formando y fogueándolo en una buena medida.

En cuanto a las persecuciones en sí, como ya vimos, en Filipos no fue encarcelado con Pablo y Silas, pero en las de Tesalónica y Berea estuvo muy presente en el fragor de la lucha, si bien es justo consignar que el amado Pablo fue indudablemente el blanco de los ataques de los perseguidores, tanto  judíos como tesalonicenses opuestos al evangelio.

Pero la encomienda tenía otra faceta muy importante. Efectivamente:- «…a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos. Porque también estando con vosotros, os predecíamos que íbamos a pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis.» (versículos 3 y 4)

Las palabras para esto estamos puestos llaman mucho la atención. Están en total consonancia con lo que el Señor le dijo a Ananías cuando dispuso que fuese a orar por Pablo para que recobrase la vista:- «porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.» (Los Hechos 9:16)

Si bien nos toca a cada uno una cierta dosis de pruebas y tribulaciones, uno podría decir que en este mundo occidental, por lo menos en la actualidad, estamos siendo mimados por el Señor, en comparación con lo que padeció este apóstol tan sobresaliente, y también lo que sufren, aun hoy día, muchos siervos muy dignos en tierras de gran hostilidad al evangelio. 

«Por lo cual también, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano. Pero cuando Timoteo volvió de vosotros, y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor, y que siempre nos recordáis con cariño, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, por ello, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe.» (Versículos 5,6 y 7)

Vemos otra vez el entrañable cariño del amado apóstol Pablo – no pudiendo soportar  más ! Como ya vimos, el amor de un padre, que los había engendrado en el evangelio en medio de fuerte oposición, y sufrimientos, compartidos también – no lo debemos olvidar – por Silas, el fiel compañero de milicia.

Aquí tenemos la demostración clara de que el evangelio es un evangelio de amor, noble, sacrificado y desinteresado.

Tristemente, se dan los casos en que no es así. Pablo mismo se encontró con algo muy distinto mientras estaba encarcelado en Roma. En Filipenses 1: 15-16 leemos:- «Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contención…no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones.»

Así ha sido, y seguirá siendo siempre, pero gracias al Señor, por Su parte Él ha levantado y seguirá levantando los Suyos de verdad, con las credenciales de las virtudes que Él mismo ostentó en Su vida terrenal.

«Pero cuando Timoteo volvió de vosotros a nosotros, y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor y que siempre nos recordáis con cariño, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, por ello, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe; porque ahor vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor.» (versículos 6, 7 y 8)

Bien podemos imaginarnos con qué alegría habrá vuelto Timoteo, trayendo noticias tan gratas.

Y los versículos 7 y 8. como así también el resto del capítulo, nos hablan de por sí de la forma tierna, entrañable y profunda en que Pablo lo expresa – siempre con el verbo en plural. «…porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor.» 

«Por lo cual, ¿qué acción de gracia podemos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro gozo, y completemos lo que falte a vuestra fe?» (versículos 9 y 10)

He leído esta epístola muchísimas veces a través de mi dilatada trayectoria, pero debo reconocer que nunca he llegado a ponderar en la amplitud con que ahora lo hago, la forma intensa, sí, increíblemente intensa, en que Pablo vivía el ministerio.

En esto vemos el hondo sentido de las palabras del Señor al discípulo Ananías, cuando le encomendó que fuese a orar por él – Saulo como entonces se lo llamaba – para que recobrase la vista. «Ve, porque instrumento escogido  me es éste, para llevar mi nombre»

No he podido verificarlo, pero me consta que estas palabras – instrumento escogido – es la única vez que aparecen el Nuevo Testamento.

No obstante, que todo esto que decimos no denote en ninguna manera desmerecer a Pedro, Juan, y muchisimos otros siervos muy dignos, tanto de la iglesia primitiva, como de los tiempos posteriores a ella. 

Volviendo al  versículo 10, el deseo de completar lo que faltaba a la fe de los tesalonicenses se debía sin duda al hecho de que Pablo, Sillas y Timoteo sólo habían estado por tres semanas con ellos. El consejo de Dios es tan amplio, y Pablo sobre todo, sabía muy bien que hacía falta lo que bien podemos llamar una fuerte labor confirmatoria. Por el relato del libro de Los Hechos vemos una y otra vez cómo se esmeraba en llevar a cabo esta labor tan importante  en todas las iglesias.

«Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros. Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.»  (versículos 11, 12 y 13) 

Dentro del vasto espectro del consejo de Dios, si bien es verdad que son muchas las virtudes que han de encontrarse en todo buen hijo y siervo del Señor, creemos que las tres citadas en los versículos 10, 13 y 14 – es decir fe, amor y santidad, son las más importantes de todas. El mismo Pablo lo hace resaltar tanto en 1a. Timoteo 1: 5 como  en 2: 15.

Desde luego que estamos en la dispensación de la fe – no de la ley – y sin la  misma es imposible agradar a Dios, como se nos dice en Hebreos 11: 6.

En realidad dudar de Dios y Su palabra y Sus promesas es hacerlo a Él mentiroso, como bien se puntualiza en 1a. Juan 5: 10. Los escépticos e incrédulos no se dan cuenta del terreno gravísimo en que están ubicados.

En cuanto a las otras dos virtudes – el amor y la santidad – en realidad abarcan todos los aspectos imaginables de la vida,

Además, Dios en Sus tres personas – Padre, Hijo y Espíritu Santo – es esencialmente un Dios de amor, pero al mismo un Dios tres veces santo. Sus verdaderos hijos y siervos por cierto que habrán de ostentar estas dos virtudes cardinales.

Y así llegamos al final de este  tercer capítulo, y ¿cómo no? con la nota distintiva de esta sustanciosa epístola  – la segunda venida.  

MARANATHA – VEN PRONTO SEÑOR JESÚS

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CAPÍTULO 5 .- 1a. TESALONICENSES 4.-

Este cuarto  capitulo se divide en dos partes. La primera consiste en consejos prácticos en cuanto a la nueva vida en Cristo que habían comenzado a vivir recientemente.

La segunda nos habla de la segunda venida del Señor, dándonos importantes y preciosos aspectos de la misma, algunos de los cuales no  figuran en ninguna otra parte de las Escrituras

Comenzando por la primera parte. vemos que Pablo, siempre con el verbo en plural, les ruega y exhorta en el Señor Jesús que recuerden lo que habían aprendido de ellos – Pablo, Silas y Timoteo – durante el tiempo en que estuvieron en Tesalónica.

Evidentemente, toda esa enseñanza estaba avalada por la conducta de ellos, y antes de pasar a detalles, la resume diciendo que era la forma de conducirse a fin de agradar a Dios, lo cual debe ser la aspiración de todo hijo e hija del Señor.

Y lo hace con el agregado de que en ese sentido abundaran más y más. Esto nos da lo que debe ser una norma para el creyente, a saber, no quedar estancado sino crecer y desarrollarse.   Cuando eso no sucede, a  menudo puede llegarse a lo contrario – un declive espiritual.   

Pero después de dar esa exhortación digamos en términos generales, pasa a entrar en detalles, tocando puntos prácticos.

Es muy importante comprender que de lo general debe pasarse a particularizar. Se puede exhortar a que se ame al Señor y se busque agradarle en todo, pero la experiencia nos enseña que eso no es suficiente. Hay que  tocar, y a veces con insistencia y mucha claridad, puntos prácticos en que ese amor y ese agradarle en todo se manifieste de forma real en la vida diaria.

Así entonces, a partir del versículo 3 pasa a particularizar, y lo hace tocando el tema de la santificación, aplicada – nos podría parecer sorprendentemente – a apartarse de la fornicación.

Aquí nos detenemos en un paréntesis más bien largo, para narrar un par de experiencias muy relacionadas por cierto con el versículo 3 en que estamos.

Desde luego que, por buen gusto, no damos ni nombres ni el lugar de lo acontecido.

  El primero de los dos casos, que sucedió hace unos buenos años, fue el de una pareja de jóvenes que estaban de novios, y de repente cundió la noticia que ella estaba embarazada de varios meses. El novio era un hermano convertido, muy efusivo en la alabanza.

En  un momento determinado, en conversación con mi esposa, la novia alegó que nunca se había enseñado o dicho en las reuniones de predicación y edificación que eso estaba mal, que no se debía tener relación sexual antes del matrimonio.

Para muchos de nosotros se da por sentado que lo correcto, por varias razones obvias, es esperar que se concrete el enlace matrimonial. Mi mujer y yo siempre lo tuvimos clarísimo.  No obstante, esto nos hizo ver que no todos lo habían aprendido ni sabido.

El segundo caso también tuvo lugar hace ya un buen tiempo.

Un siervo del Señor llegó por primera vez a un lugar determinado a ministrar en una iglesia integrada mayormente por jóvenes de ambos sexos. Sin saber nada de antemano, pero evidentemente guiado por el Espíritu Santo, el siervo en la predicación afirmó que tener relación sexual antes del matrimonio equivale a fornicar, un pecado gravísimo, y que en la palabra de Dios se afirma que quienes lo practican,  no han de heredar el reino de Dios. (Ver 1a. Corintios 6: 9-10)

Para ser preciso, no recuerdo si lo que dijo el siervo era exactamente eso, pero por cierto  estaba claramente enfocado  en esa tónica.

El resultado fue que hubo una gran conmoción en la iglesia, porque varios jóvenes estaban viviendo en esas condiciones. 

Afortunadamente hubo una respuesta favorable, con arrepentimiento y pasando a ponerse las cosas en el orden correcto.

Sin embargo, y como conclusión, esto ratifica la necesidad de ser puntuales, y no limitarse a generalizar.

De hecho, la palabra de Dios nos enseña, por ejemplo ,que el primer y más grande mandamiento es el de amar al Señor nuestro Dios por encima de todo, y al prójimo como a uno mismo.

  No obstante, no se detiene ahí, sino que en muchas ocasiones encontramos claras advertencias de pecados puntuales, como la fornicación, el adulterio, el robo, chismes y habladurías, y un largo etcétera.

Y para mayor abundamiento, al dirigirse así a los queridos tesalonicenses Pablo toca eso que es tan elemental – «que os apartéis de fornicación» –  Ya lo había hecho estando entre ellos en Tesalónica, pero ahora lo repite por escrito, muy consciente de que hay que ser muy claro e insistir de tal manera que nadie quede en dudas.

Y agrega en los versículos 4 y 5 que la relación matrimonial  sea en «santidad y honor, y no en pasiones de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios.»

Seguidamente pasa a más cosas elementales, como no agraviar ni engañar , sabiendo que el Señor no lo pasará por alto ni lo dejará sin castigo.  Y todo esto,  como una repetición y ratificación de lo que ya les habían afirmado oralmente cuando estaban con  ellos.

Resume este aspecto escribiendo en los versículos 7 y 8 que no habían sido llamados a inmundicia sino a santificación. Y por si alguno estuviera en desacuerdo o lo rechazase, que supiese que lo estaba haciendo no a hombres – los que juntamente con Pablo se lo testificaban, sino a Dios, con toda la solemnidad que ello conlleva.

Con el agregado importantísimo que ese Dios a ellos -los siervos del Señor – Dios les había dado el Espíritu Santo, lo que le daba a cuanto le testificaban una autoridad real y de lo alto.

Y pasa al tema del amor en los versículos 9 y 10. Por una parte reconoce que habían aprendido bien de Dios que debían amarse los unos a los otros y lo estaban haciendo. Nos obstante, les ruega que lo hagan má y más !

Siendo el reino de Dios un reino de amor, debemos morar en esa esfera bendita del amor, cándido, desinteresado y noble. Como bien se nos dice  en 1a. Juan 4: 16b «Dios es amor, y el que  permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.» 

De ahí, pues, la acertada insistencia de Pablo en que abunden más y más.

Llegando al final de esa parte del capítulo, tenemos ahora otro par de exhortaciones. «….y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar  con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada.» (versiculos 11 y 12)

Otra vez cosas elementales, pero al mismo tiempo muy importantes. Sosiego y calma – sin la perturbación y ansiedad propias de la carne; cada cual en la esfera particular que por la providencia divina le ha tocado, trabajando en la actividad manual que le corresponde, y sobre todo conduciéndose con mucha honradez ante los inconversos. Aunque no parezca, estos parecen tener una visión microscópica de cómo viven, que hacen y no hacen los creyentes, cómo hablan y en fin todo su vivir.

Que los incrédulos nunca vean algo fuera de lugar en nuestras vidas; antes bien que las mismas sean una buena recomendación del evangelio para con ellos que observan nuestro diario vivir.

Ahora pasamos al hermoso pasaje sobre la segunda venida del Señor, señalando de paso la continuidad de esa nota distintiva de está epístola.

Enumeramos cada aspecto de la gloriosa esperanza, intercalando breves comentarios de cada uno.

«Tampoco queremos, hermanos,que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.» (versículo 13)

Como es bien sabido, en el Nuevo Testamento, de  los muertos o fallecidos en el Señor se dice que duermen.

Creemos tener buen fundamento al decir que ese dormir no es inconsciente, sino consciente. Lo avala el pasaje de Lucas 16  en que el Señor nos habla del mendigo Lázaro, el rico y el padre Abraham, sobre todo los versículos 25 y 26.

1) Así como Jesús murió y resucitó, como primicias de la resurrección, los que durmieron en Él precederán a los que estén en vida cuando el Señor venga. (Versículos 14 y 15)

2) La venida en sí vendrá acompañada de tres manifestaciones portentosas, a saber:- a) con voz de mando; b) con voz de arcángel y c) con trompeta de Dios.

Apenas hace falta señalar la solemnidad, que tendrá  eso – la voz de mando, la voz del arcángel y la trompeta de Dios, con la mayor estridencia y potencia que se haya conocido, haciéndose oír con sus formidables vibraciones por todo el planeta, y sin duda por el universo entero también.

La hora tan esperada por los Suyos por fin habrá llegado, y el destino eterno para perdición de muchos también.

Al escribirlo uno lo hace con temor y temblor, pensando en familiares,, amigos o vecinos que todavía no han abrazado la fe, y anhelando que en Su inmensa misericordia Él conteste las oraciones que se han elevado muchas veces a favor de ellos.

En ese punto crucial que marcará un hito sagrado y maravilloso en la historia de este mundo, se cumplirá lo que ya dijimos anteriormente -los muertos en Cristo resucitarán primero. 

3)  Seguidamente los santos que estén todavía en vida serán arrebatados juntamente con ellos en las nubes para así recibir al bendito Señor en el aire. y estar con Él por siempre jamás.

Notemos que Pablo no pone los santos todavía en vida terrenal, sino «nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado.» Esto constituye una muestra de que esa segunda venida se la debe tener como algo inminente, y  no postergada para un futuro indefinido, como muchas veces puede suceder cuando uno está absorbido por los afanes y negocios de este siglo.

Finalmente Pablo concluye diciendo a los tesalonicenses que cobren aliento con «estas palabras.»  Y no se nos debe quedar en el tintero lo afirmado previamente en el versículo 15:- «os decimos esto en palabra del Señor.»

Todo lo que está en las Sagradas Escrituras lleva el sello de la inspiración divina, pero aun así, en cuanto a esta verdad gloriosa, Pablo se encarga de decir que era palabra literalmente recibida del Señor por él.

Como dijimos anteriormente, hay en este pasaje detalles que no figuran en otras partes de las Escrituras, pero que se complementan con muchas otras que encontramos en otros pasajes sobre el tema. En conclusión, otra vez:

 Maranatha – ven pronto Señor Jesús

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Capítulo 6.- 1a. Tesalonicenses 5.-(a)

 Este capítulo, en los tres primeros versículos sigue con el tema de la segunda venida, pero considerándolo desde otro punto de vista.

Empieza con las palabras «acerca de los tiempos y las ocasiones» agregando que no era necesario que les escribiese, pues ellos ya lo sabían – evidentemente enseñados por él, Silas y Timoteo – que«el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche.»

Esto es algo que figura en varios otros pasajes de las Escrituras, aun cuando con muy ligeras variantes. (Ver Mateo 24: 43, Lucas 12: 39 y 2a, Pedro 3: 10)

El agregado de que «cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina» (versículo 3a) es algo sintomático, que se dio antes del diluvio en los días de Noé, como así también en muchas otras ocasiones a través de la historia.

En las mismas se ha puesto la mira y la esperanza en alianzas, expectativas y pronósticos que se han acordado o formulado sin contar para nada  con el Ser Supremo, Creador y Rey del Universo.

Bien se nos dice en Isaías 44:24-25 «Así dice Jehová, tu Redentor… que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su sabiduría.»

A partir del versículo 4 la tónica cambia, pasando ahora Pablo a señalar el contraste, la diferencia, y desde luego la dicha de ellos, extensiva por supuesto a nosotros, los que somos verdaderos hijos de Dios por renacimiento. 

«Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda  como ladrón. Porque vosotros sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.» (Versículos 4, 5 y 6)

Dos cosas hermosas que Pablo dice de lo verdaderamente  convertidos – hijos de luz e hijos del día. Si mal no recuerdo, no figuran en ninguna otra parte de las Escrituras.

Y consecuentemente, claro está, la exhortación a vivir de acuerdo con esa verdad, es decir, no «durmamos como los demás», que están en el letargo y la oscuridad de no tenerlo a Él. la luz del mundo. (Juan 8: 12)

Por el contrario, velemos y seamos sobrios. Y notemos, de paso, que el verbo está en la 1a primera persona del plural, es decir que Pablo se identifica a sí mismo en cuanto a esa exhortación.

Y qué triste la condición de los que no son ni hijos de luz ni hijos del día. 

«Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.» (Versículo 7)

Nunca podremos dejar de agradecerle al Señor por Su inmensa misericordia, en librarnos de la potestad de las tinieblas, y trasladarnos al reino de Su amado Hijo. (Colosenses 1: 13)

Qué sería de mí, y qué sería de ti, amado hermano lector, si el Señor no hubiera venido a nuestras vidas con Su gracia soberana y maravillosa! 

«Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de la salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él. Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.»(Versículos 8 a 11)

Aquí Pablo sólo menciona dos partes de la armadura de Dios – la coraza y el yelmo, En el pasaje de Efesios 6: 10-17, estando preso en Roma, añade ceñidos vuestros lomos, calzados vuestros pies, el escudo de la fe y la espada del Espíritu.

No cabe duda que al hacerlo estaría influenciado al ver a el o los soldados romanos que lo custodiaban.

No obstante,  este pasaje de ninguna forma significa que cada día al levantarse uno tiene que ir poniéndose la coraza, el yelmo, el escudo, la espada, etc.

En Romanos 13:14 se nos dice «vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.» Además, hay muchos otros pasajes en que se nos exhorta a permanecer en Él, a fortalecernos en él y en el poder de su fortaleza.

En realidad, estando atrincherados en Él, por así decirlo, estamos en una posición invulnerable. Hay otros pasajes que lo confirman, como 1a. Juan 5: 18 en que se nos dice que estando en Él, y no practicando el pecado, somos intocables.

La malicia del enemigo siempre busca seducir a los hijos de Dios a salir de ese terreno, sabiendo que es la única forma en que nos puede  daño.

  De ahí que la primera parte de Romanos 13:14 – Vestíos del Señor Jesucristo» esté complementada por la segunda – no proveáis para los deseos de la carne.» 

Como alguna vez recuerdo haber dicho, de una manera gráfica y algo sencilla y familiar, al predicar en una reunión de los queridos hermanos gitanos de Filadelfia en España – que en cuanto al pecado, todos los estantes de nuestra despensa estén totalmente vacíos!

Continuando ahora, resulta muy reconfortante y de mucho aliciente saber que Dios no sólo no nos ha puesto para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Pero además, con el agregado especial de que murió por nosotros, para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con Él. Tanto que sigamos en vida, velando aquí en ese mundo, o bien que durmamos – la típica palabra con que en el Nuevo Testamento se habla de la muerte de los que están en Cristo – vivamos juntamente con Él -la persona más maravillosa, la cual Dios el Padre nos ha dado como regalo supremo.

Con qué razón Pablo concluye exhortando a los queridos tesalonicenses que se animen y edifiquen mutuamente, y esto aun sabiendo que ya lo estaban haciendo.

¿No es una verdad triste y lamentable que muchas veces, no valoramos debidamente, ni nos regocijamos como debiéramos, por la gloriosa e incomparable herencia que nos ha tocado? 

Muy en sazón, unos pocos versículos más adelante, a los cuales llegaremos dentro de poco, se nos exhorta a que lo hagamos.

No obstante, como este capítulo sexto sobre el quinto de la epístola ya sea ha hecho bastante extenso, interrumpimos aquí para proseguir en el siguiente.

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Capítulo 7.- 1a. Tesalonicenses 5 (b)nos

La siguiente porción del capítulo, en sus dos primeros versículos nos da una nota de sumo interés. 

«Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.» (versículos 12 y 1 3)

Por esto entendemos que a pesar del tiempo muy breve en que Pablo, Silas y Timoteo estuvieron con ellos, antes de partir dejaron a hermanos – por lo menos dos ,ya que emplea el plural – como encargados para presidir la congregación que había quedado formada.

Notemos que no los llama ancianos,, lo que daría a entender que no los reconocieron, oficialmente como tales.

En contraste, en Los Hechos 14: 23 se consigna  que Pablo y Bernabé, en la primera gira misionera de Pablo, constituyeron ancianos en Listra, Iconio y Antioquía , incluso después de haber orado con ayunos.

Creemos que la diferencia estriba en que ahí ya llevaban un tiempo en la fe, mientras que en Tesalónica apenas como máximo tres semanas.

  De ahí también la encomienda que Pablo hace a los demás que los reconocieran y tuvieran en mucha estima y amor por causa de su obra. Eran hermanos nuevos en la fe, y seguramente que sus tareas como encargados de la obra les llevaban bastante tiempo, además de la labor de ganarse el pan.

Adicionalmente, como hemos señalado anteriormente, al comentar la epístola de Pablo a Tito en una parte anterior de esta misma obra,  Pablo sabía muy bien la importancia de estar bien seguros antes de proceder al nombramiento en sí, por las serias dificultades que se presentarían si no diesen la talla, y se hiciese necesario destituirlos.  Sobre esto ya dimos bastante detalle en el comentario que hicimos  sobre Tito 1:5-9. 

Seguidamente, en los versículos  14 y 15 se consignan exhortaciones de orden general y bastante elementales, pero que, como se comprueba en la práctica, siempre es necesario  repetir e insistir sobre ellas. 

«También os rogamos, hermanos, que amonesstéis a los ociosos, que alentéis a los de pco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes con todos.Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes bien seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.»

 El hecho  de que se exhorte a amonestar a los ociosos, relacionado con 4:11 de la misma epístola – «….que procuréis …ocuparos en vuestros negocios y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado.» – es una clara indicación de que había entre los nuevos convertidos los que no estaban bien dispuestos para trabajar y ganarse el propio pan.

  Asimismo vemos que había los débiles que era necesario sostener  y los de poco ánimo que debían ser alentados, lo que nos da un cuadro general de bastante variedad.

A pesar de lo breve de su estancia en Tesalónica, Pablo tenía una idea muy clara de esa gran variedad, pero por lo comentado en un capítulo anterior, vemos que eso no era óbice para que los amase entrañablemente.

De eso se trata el ministerio, tanto  apostólico como pastoral – hay toda variedad de ovejas, y hay que comprender a cada una, y también darle el trato individual indicado, pero sobre todas las cosas, amarlas de verdad.

  Como creo haber puesto en alguna oportunidad, y haciéndome eco de lo dicho acertadamente por un gran siervo ya fallecido – cuando el Señor nos envía a un lugar determinado a servir a otros, uno de los requisitos más importantes es que vayamos con amor hacia ellos. Y agregamos que si uno no satisface ese requisito, mejor que no vaya!

A partir del versículo 16 y hasta el 22 inclusive, tenemos una serie de exhortaciones muy breves, pero todas ellas de hondo contenido.

Tomemos la primera: «Estad siempre gozosos.»

¿Qué decir de ésta ? Creo que si somos sinceros hemos de reconocer que no nos resulta nada fácil cuando estamos atravesando por pruebas y situaciones difíciles.

En Romanos 12: 12 Pablo primero  escribe  «gozosos en la esperanza», Pero en seguida agrega «sufridos en la tribulación.»

Por otra parte, en 1a. Pedro 1: 6 se nos dice: «En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas.»

Creo que ahí tenemos un equilibrio muy acertado. Aunque está en el Antiguo Testamento – Eclesiastés 3:4 -las palabras  «tiempo de llorar y tiempo de reír» indudablemente tienen su razón de ser.

 No obstante, en 2a. Corintios 6: 10 Pablo escribe «como entristecidos, más siempre gozosos.»

Esto nos da un nivel mucho más alto, y a través de la historia, no cabe duda de que a siervos y siervas sobresalientes el Señor les ha dado consuelos y aun gozo inefable en medio de  pruebas muy pesadas y difíciles.

Hemos estado leyendo últimamente las cartas de un gran puritano del siglo XVII – Samuel Rutherford. Casi todas fueron escritas y enviadas estando encarcelado, y han sido de muchísima bendición a innumerables santos desde entonces. A muy poco de fallecer, se publicó la primera edición de un buen número de ellas, tal era el valor que se les atribuía.

En una de ellas recuerdo haber leído palabras más o menos en este sentido: «Mis enemigos que me odian, me han enviado a la cárcel para disfrutar de continuos banquetes con mi Amado Señor, el hermoso de los hermosos!»

En una línea bastante distinta, creemos necesario diferenciar entre el verdadero gozo, que es algo profundo brotado de las entrañas, y que no necesariamente se manifiesta exteriormente, y la alegría y el buen humor.

En por lo menos dos oportunidades recuerdo haber oído decir de distintas personas que eran muy gozosas. Lo fundamentaban en el hecho de que solían reírse y hacer reír a los demás.

Eso es un error – de tales personas lo correcto es decir que son muy risueñas, alegres, o bien dadas al buen humor y a la risa.