Del Antiguo al Nuevo

Capítulo 12 – Luz plena (2)

Segunda parte

Continuamos con el punto siguiente.

Nuestra herencia en el más allá.
Aunque sin agotar ni mucho menos lo que nos toca en esta vida, insensiblemente nos hemos ido deslizando hacia el más allá.
La iglesia primitiva, por lo que nos indican las Escrituras del Nuevo Testamento, tenían siempre la mirada en la gloriosa esperanza de la vida eterna, más allá de la tumba.
Era una esperanza segura que la animaba y motivaba en su peregrinación, tanto en los tiempos de persecución y dificultades, como en los de bendición y paz.
Creemos que esto es algo que, en muchas partes, la iglesia de la actualidad ha perdido, o por lo menos, algo que se ha visto muy disminuido en la apreciación de su verdadero valor.
Tener bien presente en el corazón la dicha que nos aguarda en el más allá, al terminar nuestra carrera terrenal, no es por cierto algo que nos debe desvincular del presente, con sus necesidades y desafíos, para centrarnos solamente en el futuro.
Eso sería algo negativo y estéril, excepto para aquéllos que al avecinarse el tiempo de su partida, y faltos ya de energía y salud para trabajar, y tal vez sintiendo los achaques de la vejez, sólo cuentan con la posibilidad de orar y adorar, ya sea en el sillón de la sala, o en el lecho de su habitación.
Para ellos desde luego que, llegada esa etapa difícil, el poner la mirada en la vida futura y lo consuelos y deleites que nos habrá de deparar, ha de ser un bálsamo bendito para sus almas.
Pero hecha esta salvedad, para los demás que seguimos en condiciones de trabajar y servir al Señor con lo mejor de nuestras fuerzas, esa esperanza bendita del futuro eterno, abrazada debidamente, no ha de ser algo que nos desvincule del presente y del hoy.
Por el contrario, ha de ser una fuerza que nos motive e impulse con ánimo resuelto y un mayor anhelo, hacia la meta de que nuestro Dios pueda ver cumplido plenamente Su propósito en cada una de nuestras vidas.
Al abordar el tema, queremos evitar el entrar demasiado en el terreno de la escatología, el cual resulta más bien escabroso, sobre todo cuando se intenta ubicar puntualmente los principales eventos del futuro a partir de la 2a. Venida del Señor, y en adelante.
Sobre este particular, los grandes eruditos y estudiosos del tema no están por cierto de acuerdo, antes bien, en algún caso hasta se han llegado a suscitar fuertes polémicas.
Está muy lejos de nuestro ánimo, el querer incluir en este escrito, cosas que puedan derivar en todavía más polémicas y controversias.
Por ello, nos centramos en aquello que es indiscutible, y que nadie bien intencionado pueda cuestionar, prescindiendo de todo lo que pretenda encasillar dentro de un programa u horario futuro, la forma precisa en que los hechos principales de ese futuro se han de ir desenvolviendo.

Las moradas celestiales.
“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera os lo hubiera dicho; voy pues a preparar lugar para vosotros.”
“Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy vosotros también estéis.” (Juan 14:2-3)
Estas palabras del Señor Jesús van precedidas de la exhortación a los Suyos de que no se turben sus corazones.
Es decir, que son palabras destinadas a traernos seguridad y confianza y disipar toda duda, temor o ansiedad.

“Si así no fuera os lo hubiera dicho.”
Él, que es la verdad personificada, de ninguna manera nos habría dejado de decirlo si las cosas fueran de otra forma – es decir, que en la casa de Su Padre hubiera escasez de moradas y no habría lugar para nosotros.
Al mismo tiempo, tenemos por este pasaje una clara comprensión de una de las dos principales actividades en que está empeñado Él, el Cristo ascendido y glorificado – la de preparar lugar para nosotros -seguramente entre muchas otras, de las cuales no se nos da cuenta en las Escrituras.
El mero hecho del largo tiempo que lleva acometiendo ese fin, nos debe dar una idea de lo maravillosas -y por cierto también muy numerosas – que deben ser esas moradas.
Sin duda serán algo muy digno y precioso, como todo lo que lleva el sello de Su persona y Su obra.
De paso, digamos que la otra actividad principal de que sabemos, es la de interceder por los Suyos, por medio de la cual los puede salvar completamente, como claramente se nos dice en Hebreos 7:25.
Esta palabra completamente abarca toda contingencia y emergencia posible, y tiene, desde luego, como meta final, que podamos terminar nuestra carrera terrenal airosos y triunfantes, para así poder pasar a disfrutar del inefable bien que nos está preparado en las moradas eternas.
Un siervo del Señor me comentaba no hace mucho que, en su opinión, no se nos dice mucho en la Biblia sobre cómo será en el más allá, en qué condiciones estaremos y demás.
Quizá tenga algo de razón en cuanto a detalles y descripciones tangibles. No obstante, creemos y sostenemos que Dios en Su palabra nos ha dicho lo suficiente, es decir, que lo ha puesto en la dosis adecuada y precisa, para darnos la necesaria iluminación y comprensión.
Hay muchas cosas que nos podremos preguntar cómo serán, pero Su propósito no ha sido el de satisfacer nuestra curiosidad, por más sana que parezca. Sí se ha encargado en cambio, de que sepamos en cuanto a esto todo lo que en realidad necesitamos saber.
Tomemos, pues, las principales cosas que se nos dicen en las Escrituras.

1) Será estar con el Señor, en Su misma presencia.
En esto hay una clara diferencia establecida a partir de la muerte y resurrección del Señor Jesús.
En el Antiguo Testamento, los siervos del Señor, al morir – que se definía a veces como “entrar por el camino de toda la tierra” (Josué 2:14) – eran unidos o recogidos a su pueblo (ver
Génesis 25:8 y 35:29), o bien reunidos con sus padres, como se nos dice de Jacob en Génesis
49:33. En el Nuevo Testamento, como ya hemos visto, para los redimidos la muerte se ha transformado en dormir – un dormir consciente y en la presencia del Señor. “…pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo y presentes al Señor.” (2a.
Corintios 5:8)
“…teniendo deseo de partir y estar con Cristo” lo cual es muchísimo mejor.” (Filipenses 1:23)

Creemos que, por la resurrección y ascensión de Cristo, al subir a lo alto y llevar cautiva la

cautividad (ver Efesios 4:8-10) el Señor llevó a los santos del Antiguo Testamento a la misma situación y condición en que se encuentran los de la actual dispensación. También debemos tener en cuenta las palabras del Señor Jesús en Lucas 23:43 :-“De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”
El paraíso se menciona en otros dos versículos del Nuevo Testamento, a saber 2a. Corintios

12:4 y Apocalipsis 2:7. Por el primero, entendemos que es un lugar en que se hablan palabras inefables, que no le es
dado al hombre, como ser humano y finito que es, expresar comprensiblemente.
Por el segundo, que es un lugar donde está ubicado el árbol de la vida.
Con todo, es la cita de Lucas lo que es más importante acerca del paraíso: es un lugar donde

está presente el Señor.
Nuestra curiosidad personal, y por lo que sabemos la de muchos otros también, se pregunta ­¿adónde? ¿en qué lugar?
Y la verdad es que Dios no ha querido satisfacer esa curiosidad, pues no nos ha dado en la Biblia ningún indicio claro y concreto de dónde se encuentra.
Sin embargo, sí nos ha dado a conocer algo que es mucho más importante, y es el hecho maravilloso de que ahí, en el paraíso, está y estará el Señor.
Desde luego que esto nos debe bastar y sobrar, de modo que podamos con toda satisfacción y
calma, dejar de lado toda curiosidad en cuanto a la ubicación precisa y cualquier otro detalle.

2) Será un lugar de consuelo especial para los que han padecido en el curso de su vida terrenal.
Esto surge claramente en Lucas 16:25, donde se nos hace saber que el mendigo Lázaro que padeció muchos males en la tierra, está ahora siendo consolado en el seno de Abraham.
De paso, notemos que esto constituye la secuela o consecuencia final de lo que Jesús dijo en Mateo 5:4.
“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.”
3) U lugar en que no habrá muerte, llanto, clamor ni dolor.­Tanto este punto como el anterior deben deben ser un fortísimo aliento y consuelo a la vez,
sobre todo por las palabras finales del versículo citado:-“…porque las cosas primeras pasaron.”

El pesar, la enfermedad, el dolor, la angustia y todo lo demás, que de una forma u otra nos ha tocado enfrentar, dejado atrás para siempre en un adiós definitivo y final.

4) Un lugar de servicio incesante.­
“Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos.” (Apocalipsis 7:15)
Al no haber ya enfermedad ni dolor, y con el nuevo cuerpo espiritual con que estaremos revestidos, en este servicio día y noche no habrá agotamiento ni cansancio, sino que será puro deleite, y además un bendito privilegio.
Habrá en él distintas escalas de autoridad y de privilegio y de honor. Esto se desprende claramente de, entre otros pasajes, el de la parábola de las diez minas. (ver Lucas 19:17 y 19)

5) Pastoreados y guiados por el Cordero a fuentes de agua de vida.­
“Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno, porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de agua de vida, y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.” (Apocalipsis 7:16-17)
Pastoreados y abrevados por Él, ya no volveremos a tener hambre ni sed, es decir que estaremos en un estado de absoluta satisfacción siempre.
Se deja librado a nuestra imaginación el concebir y visualizar la forma precisa en que tendrá lugar ese pastoreo, y cómo serán las fuentes de agua de vida a que nos irá guiando.
Seguramente que tanto lo uno como lo otro, cuando lo experimentemos, será mucho más dichoso y magnífico que lo que jamás hayamos imaginado.
Además, creemos que no será algo que se repita continuamente y de la misma forma, sino que habrá escalas progresivas de mayor gracia y grandeza a la vez.
Como broche de oro, al decírsenos que Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos, entendemos que todo lo triste y doloroso del pasado quedará sepultado en el olvido para siempre, y los malos recuerdos ya no nos afectarán en absoluto; todo será alegría, todo será amor.

6) Dios morando en medio de los Suyos – ya no habrá necesidad de sol ni de luna.
“…y él morará con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.”
(Apocalipsis 21:3)
“No habrá más día y noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz de sol, porque Dios el Señor los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 22:5)
El ser humano nunca ha podido ver al Dios invisible, y ello le está vedado mientras se encuentre en su estado actual, como ser mortal y finito. (Ver Juan 1:18 y 1a. Timoteo 6:16)
No obstante, en ese maravilloso futuro, en el cual, quitado todo vestigio de pecado, estaremos revestidos de inmortalidad (Ver 1a. Corintios 15: 53-54) podremos verle y estar a Su lado, sin el menor temor y sin que la conciencia nos acuse en absoluto.
Desde luego que siempre tendremos un temor reverencial de Su persona, y el mismo será para adorarle y servirle en plenitud y en perfección.
Esa maravilla de estar a su lado continuamente sin duda sobrepasa todo lo que podemos imaginar.
También reinaremos con Él por los siglos de los siglos, ejerciendo así la realeza que Él, el Rey de reyes nos ha conferido.
El autor se permite intercalar aquí una observación de carácter personal. Durante sus 95 años de vida, nunca ha estado en su ánimo gobernar ni reinar sobre nadie, antes bien, se ha propuesto cultivar el espíritu sumiso y servicial que el Maestro ostentó durante Su vida terrenal. Se pregunta, por lo tanto, de qué forma el Señor habrá de ajustar o modificar su disposición, a fin de que pueda realizar debidamente algo que, durante su vida actual no ha intentado ni querido hacer, por no ser de su agrado.
Se trata, seguramente, de una de las muchas incógnitas que se habrán de develar cuando estemos con Él.

“La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina y el Cordero es su lumbrera.”(Apocalipsis 21:23)
Como sabemos, en el estado actual de nuestro planeta, la luz del sol a menudo se ve disminuida por nubes y a veces por oscuros nubarrones. Además, el calor del sol muchas veces resulta perjudicial, e incluso puede producir cáncer de la piel y otros males.
La luna, por su parte, en sus distintas fases, sólo nos ilumina en forma parcial, y a veces también puede causar trastornos.
Nada de eso habrá en el siglo venidero. Será una luz que llevará en sí la gloria de Dios, y del Cordero, una gloria sublime, sumamente benéfica, que nunca nos causará daño alguno. Por el contrario, su fulgor, bendito, santo y sagrado, nos rodeará por doquier, como acariciando nuestro ser entero con el más dulce y excelso bien.
7) Palabras fieles y verdaderas que disipan toda duda.­
“…Y me dijo: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas.” (Apocalipsis 21: 5b)
Habituados como estamos a un mundo en que impera tanta maldad, corrupción moral e inmundicia, a nuestra mente tan estrecha le cuesta entender y creer que nos espera algo tan maravilloso, y exento de dificultades, problemas, enfermedades, lágrimas y dolores.
Por eso -para disipar toda duda que pudiéramos tener – se nos dan estas palabras que infunden absoluta certeza y total confianza.
No hay en todo esto nada de utopía ni fantasía. Son todas promesas fieles y verdaderas, avaladas por el carácter del Dios que nos las ha dado, y del cual se nos dice con todo hincapié en Hebreos 6:18 que es imposible que Él mienta.
Una reflexión final:-¿Por qué estas cosas tan estupendas y maravillosas, y en su mayoría bien conocidas por los creyentes en general, no provocan el gozo y la expectativa gloriosa que debieran?
Creemos que se debe, en gran parte, a que la gran mayoría está tan absorta en lo tangible y visible de lo terrenal, y los afanes de la vida práctica, que han perdido, hasta cierto punto, la capacidad de valorar debidamente la esperanza del siglo venidero, y de gozarse en los deleites que nos aguardan en él a los verdaderos redimidos del Señor.
Que sepamos emanciparnos de esa tendencia tan fuerte de sólo vivir y pensar en términos de la actualidad terrenal en que nos encontramos.
Por el Espíritu Santo, cobremos alas para volar por encima de todo ello, y recrearnos y extasiarnos en el magnífico futuro que el Señor nos ha preparado.
Así, al volver a “poner los pies sobre la tierra” lo haremos con mayor firmeza y renovados bríos, para poder completar nuestra carrera en plenitud de realización y fruto.
FIN