Capítulo 25
“Dios está contigo en todo cuanto haces”

En los tiempos de Abraham, ni los filisteos, ni los heteos, cananeos, ni los demás habitantes de la tierra se mostraron hostiles contra él, como siglos más tarde pasaron a serlo contra Israel.
Abraham moró en tierra de los filisteos por un buen tiempo (21:34)
Abimelec, el rey de ellos, vino a él a una etapa temprana de su morada en su tierra, con el pedido expreso de que le jurase de que no habría de maltratarle a él, ni a sus hijos y sus nietos, conforme a toda la bondad que él había recibido en esa tierra en que estaba morando.
Al formular ese pedido comenzó con las palabras del título:- “Dios está contigo en todo cuanto haces.”(21:22b)
Evidentemente, había visto desde un principio la forma especial en que prosperaba en todos los aspectos, y posiblemente tenía un temor de que si siguiera multiplicándose de esa manera, se volvería en un potentado poderosísimo, que hasta podría sojuzgarlo a él, y a su pueblo, y adueñarse de toda la tierra.
Abraham no abrigaba tales designios y accedió a ese pedido, y se selló un pacto de lealtad entre ellos. El lugar en que lo hicieron pasó a llamarse Beerseba, que, como en el margen de nuestras Biblias se acota, significa Pozo de Siete o Pozo del Juramento.
Sobre este lugar, que tuvo mucha importancia más adelante, nos extenderemos en un capítulo posterior.
Empero, por ahora volvemos a la palabras del título.
Abimelec era el rey de un pueblo pagano, con muchos dioses falsos. Con todo, con la presencia de Abraham entre ellos, muy pronto se dio cuenta de que una mano invisible estaba sobre todo cuanto hacía y emprendía. Y esa mano – lo tenía bien claro – no era la de ninguno de los dioses falsos, sino la del Dios de Abraham.
Por lo tanto, al dirigirse a él y reconocer la evidente bendición y prosperidad de todo cuanto hacía, no la atribuyó a ningún otro, sino al que ahora comprendía que era el único Dios verdadero.
Qué testimonio elocuente y poderoso!
Tomemos ahora algunos casos de siervos ilustres, de los cuales las Escrituras nos dejan constancias expresas de que Dios estaba con ellos en cuanto emprendían y hacían.

1) Isaac, hijo de Abraham.-
“ Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno, y Jehová le bendecía.”
“El varón se enriqueció y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso.”
“Entonces dijo Abimelec a Isaac, apártate de nosotros, porque mucho más poderoso que nosotros te has hecho.” Génesis 26: 12, 13 y 16.

2) Jacob, nieto de Abraham.-
“Y Labán le respondió: Halle yo ahora gracia en tus ojos y quédate; he experimentado que Jehová me ha bendecido por tu causa.” Génesis 30:27.
“…menor soy que todas las misericordias y toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos.” Génesis 32: 10.

3) Josué, bisnieto de Abraham.
“Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí él lo hacia.”
“No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y todo lo que hacía Jehová lo prosperaba.” Génesis 39: 22-23.
“Cuando se sintió el hambre en toda la tierra de Egipto, el pueblo clamó a Faraón por pan. Y dijo Faraón a todos los egipcios, id a José, y haced todo lo que os dijere.” Génesis 41:55.

4) Josué, de descendencia carnal más lejana, pero de la estirpe de Abraham sin duda alguna.
“…para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entones harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.” Josué 1.8.
“Tomó, pues Josué toda la tierra conforme a lo que Jehová había dicho.” Josué 11:23.
“…reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová ha dicho de vosotros: todas os han acontecido, no ha falta do ninguna de ellas.” Josué 23:14.

5) David, del linaje de Abraham.-
“Y David sea conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él.” 1a. Samuel 18:14.
“Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue.” 1a. Samuel 6: 8b y 14b.

6) Daniel, también de descendencia carnal lejana, pero espiritualmente de la estirpe de Abraham.
“Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior, y el rey pensó ponerlo sobre todo el reino.”
“Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado con al reino, mas no podían hallar ocasión o falta, porque él era fiel y ningún vicio o falta fue hallado en él.” Daniel 6:3-4.
Nos hemos limitado a poner las citas correspondientes a cada uno, sin añadir comentario alguno, pues las palabras nos hablan de por sí y con toda claridad y elocuencia.
Es maravilloso comprobar como Dios puede tomar en Sus manos, vidas de personas que en sí eran normales y corrientes, finitas y falibles, como estos estos varones, y convertirlos en piezas claves para desplegar Su gracia, perfección, sabiduría y poder.
Concluimos con dos reflexiones importantes.
La primera es que, si bien fueron prosperados en todo, y Dios honraba y bendecía todo cuanto hacían, ninguno de ellos estuvo exento de pruebas y conflictos.
Algunos conceptúan erróneamente que, una vida realmente bendecida por Dios es la que, además de ser prosperada y exitosa, se halla exenta de luchas y problemas.
La verdad es que esas luchas y problemas han sido, y serán siempre, la fragua en que Él, el Herrero eximio y sabio como ningún otro, forja la verdadera grandeza que perdura por toda la eternidad.
Como veremos en el capítulo siguiente, a Abraham, aún a esta etapa tan avanzada de su trayectoria, le esperaba la prueba más dura de toda su vida.
La segunda reflexión, es la de relacionar esa dicha de Abraham de que Dios estuviese con él en todo cuanto hiciese, con la exhortación que había recibido unos pocos años antes, cuando contaba 99 años de edad: ”…anda delante de mí y sé perfecto.”
Como ya hemos visto, indudablemente fue una palabra muy especial, que lo instó a vivir en un nivel todavía mas elevado.
No nos cabe la menor duda de que Abraham tomó esa exhortación muy en serio, y que se propuso cumplirla, y por cierto que lo logró cabalmente.
De no haber sido así, el Señor no habría podido darle ese sello aprobatorio tan maravilloso de estar con él en todo cuanto hiciese.
Pero esa obediencia y ese andar suyo – de ahí en adelante, todavía más responsable y consecuente – permitieron que el Señor pudiese cumplir ese deseo, que por cierto abrigaba en Su corazón, de coronar con bendición cada cosa que Su siervo y amigo hiciese o emprendiese.

Este capítulo nos confronta con el desafío de asumir plenamente el mandato de Dios a nuestro padre Abraham, de andar delante de él y ser perfecto. (Esto último en la proyección de madurez y cumplida coherencia que ya hemos delineado en el capítulo 16.)
Paralelamente a ello, nos abre la brillante y maravillosa perspectiva de que, respondiendo cabalmente a ese mandato, y estando dispuestos a pagar el precio, le brindemos al Señor la posibilidad, que Él tanto anhela, de poder estar con nosotros para bien y bendición, en cada una de las cosas que hagamos.
Como vemos, una meta y un desafío muy dignos de que nos demos a ellos con nuestro mayor ahínco y empeño.
F I N