Cruzando el Jordán

Capítulo 9

Josué: Siervo, santo, guerrero y caballero

A Josué le tocó el alto honor de liderar a Israel en la conquista de Canaán. Fue una de las etapas más felices de toda la historia del pueblo de Dios.

En ella, con una ligera fugaz excepción, ganaron todas las batallas, y tomaron posesión de la preciosa herencia preparada para ellos.

Sólo en las mejores épocas de los reinados de David y Salomón, encontramos a Israel en un estado tan bendecido y floreciente.

SU PRIMERA MENCIÓN

En Josué encontramos todos los rasgos de un varón realmente ejemplar. Aparece en escena por primera vez en Éxodo 17, no mucho después de la salida de Egipto.

Sin ningún temor de Dios, el pueblo de Amalec había atacado a la retaguardia de Israel que se encontraba débil y cansada.

Fue entonces que Josué eligió varones para luchar contra ese enemigo, obedeciendo el mandato de Moisés.

Mientras tanto, éste, acompañado por su hermano Aarón y de Hur, subían al collado para mantener en alto la vara de la intercesión a favor de Israel.

    1. “Escógenos varones y sal a pelear contra Amalec.” (Éxodo 17:9a)

Esto debería infundir en cada lector u oyente un ardiente deseo de que el Maestro – nuestro gran Josué – vea en cada uno esas virtudes de responsabilidad, valentía y arrojo que le hagan contarlo entre Sus escogidos.

Desterremos pues de nuestras mentes y vidas la informalidad, la cobardía y la incredulidad, las cuales nos descalificarían y le harían pasarnos por alto.

En esa ocasión, Josué logró una victoria impresionante y total deshaciendo al enemigo a filo de espada, y esto iba a ser un indicativo de lo que iba a ser su destino unos 40 años más tarde: el de ser un guerrero formidable, que iba a pelear y ganar las batallas del pueblo de Dios contra todos sus enemigos.

CÓMO LO LEVANTÓ Y PREPARÓ EL SEÑOR

La forma en que el Señor levantó y preparó a Josué, resulta muy particular y merece que le dediquemos unos párrafos.

“Pero el joven Josué, hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo.” (Éxodo 33:11b)

Aquí lo vemos en su papel de siervo humilde y fiel. Moisés hablaba con Dios y después volvía al campamento para transmitir al pueblo los mandatos que había recibido.

Mientras tanto, todos los demás jóvenes estaban en lo suyo, ya sea haciendo trabajos de limpieza y ordenando sus tiendas o enseres, o bien recreándose con charlas, juegos o pasatiempos.

No así el joven Josué. Ahí estaba sin salir nunca del tabernáculo, encerrado en el mismo, enterrando su vida en ese lugar de la presencia divina, plenamente consciente de que le esperaba un destino más alto, y que debía hacer preparativos diligentes con miras al mismo.

Hermano – hermana, no malgastes el tiempo en esta única vida que Dios te ha dado, invirtiéndola en cosas que no traen provecho para tu alma y vida espiritual.

En cambio, según tus fuerzas y posibilidades, sumérgete cada día por unos buenos ratos de oración y comunión con tu Señor. Será la mejor preparación para lo que el futuro te pueda deparar en los sabios designios de Dios.

LOS REQUISITOS NECESARIOS

En Números 27: 15-23, vemos primeramente cómo Moisés, al saber que él no podría entrar en Canaán, la tierra prometida, le pide al Señor que ponga un varón sobre la congregación.

En ese pasaje vemos cómo Moisés, al saber que él no podría entrar en la tierra de Canaán, le pide al Señor que ponga sobre la congregación un varón.

Aunque por supuesto, no todos son llamados al liderazgo, mucho de lo que encontramos aquí es plenamente aplicable al cristiano que aspira a ser un buen guerrero, que pueda conquistar la tierra prometida, tal cual la hemos descrito anteriormente, y morar en ella de modo permanente.

Los requisitos que él veía necesarios eran lo siguientes_

a) “ …que salga delante de ellos y entre delante de ellos.” (17a)

Esto señala al siervo que conoce la congregación, y es conocido por ella por su andar – entrar y salir delante de ella, con toda transparencia y muy buen testimonio.

b) “que los saque y los introduzca…” (17b) Precisamente de ello se trata – de sacarlos de la vida en el desierto, para introducirlos en la vida en abundancia.

Y por extensión, para sacarlos de lo carnal para trasladarlos a lo espiritual, de lo falso a lo genuino, del desorden y la derrota, al orden y a la victoria, y así sucesivamente.

c) “…para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor.” (17b)

En síntesis, un hombre con corazón de pastor.

En el mismo pasaje, el Señor, en segundo lugar, le responde a Moisés haciéndole saber que Él ha escogido a Josué, del cual dice lo siguiente:

d) “…varón en el cual hay espíritu” – (versículo 18) o bien “varón en el cual está el Espíritu” según la versión literal de Young.

La señal inequívoca de que una persona es realmente apta, es que el Espíritu Santo está de manera clara y manifiesta en su vida. Y al mismo tiempo, que su propio espíritu dé todas las muestras en cuanto a su carácter, andar y disposición, que lo acrediten como un hombre verdaderamente idóneo.

“…y pondrás tu mano sobre él, y pondrás de tu dignidad sobre él;…para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca.”(27:18b y 20)

Por esa imposición de manos de Moisés, iba a producirse una transmisión de la dignidad – o el honor según otra versión – que él indudablemente tenía.

La misma no procedía de una esmerada preparación intelectual o teológica, sino de su vida profundamente arraigada en Dios, y que le había conferido, entre otras virtudes, la de bajar del monte con el resplandor de la gloria divina reflejada en su rostro.

Esa dignidad y ese honor eran lo que le iba a ganar el respeto y la obediencia del pueblo.

Esto no tiene nada que ver con el autoritarismo de ponerse por encima de los demás, y que se le sometan en todo y por todo.

Posteriormente a todo eso, y ya muerto Moisés, el Señor le dio instrucciones precisas a Josué. Aunque bien conocidas, conviene que las recapitulemos de forma breve.

“Esfuérzate y sé valiente” – (Josué 1: 6, 7 y 9) Una exhortación repetida tres veces para poner de relieve su gran importancia.

En primer lugar, dependiendo de la gracia y capacitación divina, el esfuerzo que hace que nos prodiguemos con la mejor buena disposición, y con toda nuestra energía y esmero.

Y seguidamente, la valentía que nos impele a jugarnos por Él, en la más absoluta confianza en que Su apoyo y respaldo nunca nos faltarán.

“Nunca se apartará de to boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás sobre él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.” (1: 8)

Esta gran clave que le dio el Señor a Josué iba a ser su carta de triunfo, a todo lo largo de la carrera que le tocó realizar.

Tan extraño! Nada de cursar estudios sobre tácticas y estrategias de combate, ni cosas por el estilo. En cambio, la palabra de Dios con toda su rica gama de verdades, mandamientos y consejos, había de ser lo que le absorbiese continuamente, a fin de ponerla por obra en cada contingencia o vicisitud que se presentase.

Esto, y sólo esto, iba a bastar para asegurarle el triunfo y el buen y feliz resultado en todo cuanto emprendiese.

En el capítulo 5, titulado “El libro Sin Igual,” ya nos hemos ocupado del rol principal e insustituible que juega la palabra de Dios, en cuanto a nuestro tema de la vida en abundancia.

El mandato a Josué es el de meditar en su contenido día y noche, a fin de proceder en absoluta consonancia con todo lo que nos prescribe.

Solamente hemos de añadir aquí una importante advertencia. Nuestra observación nos ha hecho notar que en muchos círculos, nuevas modalidades y tendencias que han ido surgiendo, muchas veces conducen a relegar a segundo plano, o aun a excluir la Biblia y la exposición de sus verdades.

Esto no puede sino acarrear un enorme perjuicio espiritual, e incluso a menudo llevar a serias desviaciones, y a apartarse del santo mandamiento y camino.

Si tanto Josué, como David, Pablo, Pedro y muchos otros, incluso el mismo Señor Jesucristo, en toda su trayectoria se valieron siempre de la palabra de Dos y no la dejaron de lado ¿cómo podrá uno hacerlo pensando que ya no la necesita?

¿O es que la “nueva unción” que se piensa tener, o alguna cosa de esa índole, lo pone a uno por encima de esa necesidad, y aun nivel superior al de esos próceres tan insignes?

El descuidar las Sagradas Escrituras, o dejar de otorgarle el lugar preponderante que debe tener siempre, no puede sino colocarlo a quien lo hace en un lugar muy peligroso por cierto, en el que muchos han resbalado y quedado muy maltrechos, y aun totalmente fuera de combate.

ESCALAS DE CRECIMIENTO Y MADURACIÓN

En forma muy sencilla vemos tres grados distintos de desarrollo:

1) “Y llamó Moisés a Josué y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y sé valiente…y Jehová va delante de ti; él estará contigo; no te dejará ni te desamparará; no temas ni te intimides:” (Deuteronomio 31:7 y 8)

En la etapa inicial de nuestra carrera, somos alentados y fortalecidos por los que han sido nuestros padres espirituales, o bien por otros siervos de madurez y experiencia.

2) “…como estuve con Moisés estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé.”

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” (Josué 1:5 y 9)

Después de la muerte de Moisés, Josué pasa a recibir estímulo y fortaleza directamente del Señor. Esto no significa que debemos esperar la marcha o la muerte de nuestros padres espirituales, ni tampoco que debemos llegar a un punto de pensar que nunca más necesitaremos de ellos. Lo que sí quiere decir, es que debemos crecer y madurar para aprender a apoyarnos directamente en el Señor y recibir fuerzas de Él, y no seguir indefinidamente dependiendo del consejo y sustento de otros.

3) “Llamó Josué a todos los varones de Israel y dijo a los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Acercaos y poned vuestros pies sobre los cuellos de estos reyes.”

“ Y Josué les dijo: No temáis ni atemoricéis; sed fuertes y valientes, porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos contra los cuales peleáis. (10:24 25)

Plenamente fogueado y experimentado en el campo d combate, ahora está bien capacitado para alentar y fortalecer a otros y lo hace con todo peso y autoridad.

Quien no progrese de la primera a la segunda escala, mal podrá entrar en la vida en abundancia. Por otro lado, quien pase de la primera a la segunda y de ésta a la tercera, estará bien introducido y afirmado en ella.

EL VARÓN CON LA ESPADA DESENVAINADA

Poco antes de emprender la toma de Jericó, no mucho después del cruce del Jordán, Josué se encontró con un varón delante de él que empuñaba una espada desenvainada.

Intrigado por esto, se le acercó y le preguntó:

¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos? 5: 13

La respuesta inmediata fue:

“No, mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora.” (5:14)

Esto hizo que Josué se postrase en seguida con su rostro en tierra, y le adorase, a la par que preguntaba: “¿Qué dice el Señor a su siervo?

“Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo” fue la pronta respuesta y Josué así lo hizo sin demora. 5:13-15.

Esto nos hace recordar el encuentro de Moisés con el Señor en el Monte Horeb, que se nos narra en Éxodo 3. En la misma forma en que Josué, Moisés fue instado a quitarse el calzado de los pies, por ser tierra santa el lugar en que estaba.

Desde luego que lo que hacía que el lugar fuese santo, no tenía nada que ver con el lugar en sí. En cambio, era por la sagrada presencia del Señor que lo santificaba, y el quitarse el calzado de los pies nos habla de pisar con mucha suavidad y cautela – en puntillas – o en puntas de pie, como solemos decir, conscientes de que en situaciones como esas, debemos cuidarnos mucho de no cometer torpezas, ni actuar ni hablar de forma impropia que pudiera resultar muy fuera de lugar y totalmente inoportuna.

Si bien los dos encuentros tuvieron esto en común, las manifestación de la presencia divina propiamente dicha fue muy distinta.

En efecto, en el caso de Moisés, la llama de fuego que ardía en medio de la zarza, y ésta no se consumía, era una manifestación profética del alto destino que le aguardaba.

En los 40 años siguientes que lo iban a llevar hasta el final de su carrera terrenal, él iba a arder y arder con la llama de la santidad, de la intercesión y la causa de Dios, derramando con ella toda la fuerza pujante de su hombría.

Por las numerosas crisis y tormentas que tuvo que afrontar, sobre todo por la gran rebeldía de la generación que salió de Egipto,, en un plano normal él tenía que haber acabado exhausto y en un estado nervioso deplorable.

Sin embargo, el milagro iba a ser como la zarza que no se consumía – a pesar de la llama ardiente quedaba intacta – él iba a terminar – como testimonio vivo de la fidelidad del Señor que lo había llamado, con todo su vigor varonil y con la visión límpida y diáfana. “..sus ojos nunca se oscurecieron ni perdió su vigor.” (Deuteronomio 34:7

El futuro de Josué iba a ser muy distinto. Iba a ser el guerrero formidable que iba a liderar a las huestes d Israel en numerosos campos de batalla, contra los enemigos que se encontraban en la tierra prometida.

Para capacitarlo para ello, el Príncipe de los Ejércitos de Jehová, como el Todopoderoso Varón de Guerra, se le manifiesta con la espada desenvainada, la cual le iba a comunicar la fuerza y energía divina para acometer empresa taN gigantesca, Y de ahí en más, fortalecido y equipado de esta forma, la espada en su diestra iba a volar y volar en el combate – por derecha izquierda, trocha y mocha, por arriba y por abajo, hasta no dejar en pie a ningún enemigo que osara enfrentarlo.

Vemos en todo esto la sabiduría insondable del Eterno Dios, Quien sabe bien el principio y el fin, y que además, muchas veces en un punto de tiempo crucial de la vida de un siervo o una sierva, generalmente en su primer encuentro, aun cuando no siempre, pone sobre él o ella el sello inequívoco de lo que ha de ser su rumbo y su destino en la vida.

LA SIEMBRA GENEROSA Y LA COSECHA EN PLENITUD

Las exhortaciones a Josué, dadas por Moisés y por el mismo Señor, por cierto que no cayeron en saco roto.

“No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel.” (Josué 8:35)

“De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés.(11:35)

Muchas veces, sobre todo en la juventud, se desea alcanzar buenos resultados y tener éxito, con la mayor prontitud posible.

En ese afán por lograrlos, es muy fácil desatender el principio de la siembra y la cosecha, firmemente establecido por Dios para todas las cosas, y olvidar o desatender lo que se nos dice en 2a. Corintios 9: 6 : “El que siembra escasamente, también segará escasamente, y el siembra generosamente, generosamente también segará.”

Josué hizo una siembra muy generosa. Ya vimos cómo permaneció dentro del tabernáculo, enterrando y sumergiendo su vida, por así decirlo, en la presencia del Señor, mientras otros jóvenes, andando en lo suyo, jugaban, y se divertían de una forma u otra.

Además, por unos largos 40 años estuvo como servidor bajo la tutela de Moisés, si dar nunca la menor muestra de desobediencia o insumisión, entendiendo bien que todo lo que se le decía que debía hacer, venía de parte del Señor a través de Su siervo Moisés.

Una vez que éste murió, asumió el liderazgo y se cuidó celosa y meticulosamente de no dejar absolutamente de los mandatos recibidos sin cumplir, según ya hemos visto en los versículos citados con anterioridad.

Años más tarde, completada la conquista general o global de la tierra, y acercándose al final de su trayectoria, podía comprobar con la más íntima satisfacción, la más absoluta fidelidad el Señor para con los Suyos de verdad..

“No faltó palabra alguna de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.” (21.:45)

“…reconoced pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová nuestro Dios había dicho de nosotros; todas os han acontecido; no ha faltado ninguna de ellas.” (23:14)

Joven – varón o mujer – que estás buscando servir al Señor con la aspiración normal y lógica de que tu vida cuente para Él, y los valores de la eternidad: permite que te aconseje que no pongas la mira en triunfar rápidamente, o en alcanzar cosas demasiado grandes para ti.

“Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí.” (Salmo 131:1)

En cambio, olvidando todo eso, céntrate en ser fiel al Señor en la quizá pequeña tarea que por ahora ha puesto delante de ti. Aprendiendo de Josué, enciérrate un buen rato en Su presencia, amándole y derramando tu alma delante de Él, y empapándote en Su luz y santidad. Sé fiel en tu estudio y trabajo, esmerándote para rendir siempre lo mejor que puedas. Asimismo sé estricto y puntual en todo lo que se relacione con el dinero, puesto que quien no lo sea nunca será apto para las cosas de valor eterno en el Reino de Dios.

Y siembra abundántemente en el amar y servir a tus hermanos; prodiga tus mejores esfuerzos en leer y asimilar la palabra de Dios, de manera que seas el primero y más importante libro de tu vida. Guardate mucho del peligro de envanecerte, que por ahí muchos gigantes han perdido el rumbo y caído estrepitosamente.

En cambio, siéntete y sábete muy pequeño; así permitirás que a su debido tiempo el Señor sea grande en tu vida.

Y así la cosecha, no según tus ideas y previsiones, sino la medida del gran corazón de Dios, a la postre seguramente te colmará hasta dejarte plenamente satisfecho y realizado.

EL CABALLERO EJEMPLAR

En los capítulos 13 al 19 de Josué, se nos detalla la repartición de la tierra entre las tribus de Israel. Al final de esta larga sección, encontramos el penúltimo y último versículo:

“Y después de haber acabado de repartir la tierra en heredad por sus territorios, dieron los hijos de Israel a Josué hijo de Nun en medio de ellos, según la palabra de Jehová le dieron la ciudad que él pidió, Timnat-sera en el monte de Efraín, y él reedificó la ciudad y habitó en ella.” (19: 49-50)

Aquí tenemos un rasgo hermoso del carácter de Josué que no se nos debe pasar por alto. A diferencia de tantos que anteponen el interés y la ventaja personal al bien de los demás, Josué obró en sentido diametralmente opuesto

Primero se encargó de que cada tribu recibiese su parte, y recién cumplido ese largo y laborioso proceso, él recibió la suya.

Y además notemos que no dice que él la tomó, sino que los hijos de Israel se la dieron, lo cual es muy distinto.

Todo esto constituye un punto mu importante, que lo señala como un caballero de verdad, noble y ejemplar.

Que todo esto se anide en tu corazón y tu ánimo, y tú también, alentado por este ejemplo, te dispongas a dejar atrás el desierto, y entrar en la plena herencia de la vida en abundancia que Jesús vino a darnos. Amén.

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