CRUZANDO EL JORDÁN – Capítulo 2 – Orden, reposo y los dos contrastes.
CRUZANDO EL JORDÁN
Capítulo 2
Orden, reposo y los dos contrastes
Así pasamos ahora a examinar y reflexionar sobre la vida en abundancia – del otro lado del Jordán – es decir del bueno, situado al Oeste.
ORDEN Y ARMONÍA
“No haréis como todo lo que hacemos nosotros hasta aquí ahora, cada uno lo que bien le parece, porque hasta ahora no habéis entrado en el reposo y a la heredad que os da Jehová nuestro Dios.” (Deuteronomio 12: 8-9)
La enseñanza que nos da el Señor en Su palabra a menudo se basa en el contraste, lo cual se constituye en una forma muy efectiva de poner de relieve claramente lo que es bueno y provechoso, en contraste con lo malo perjudicial.
Aquí vemos puntualizado algo que es indiscutible y muy práctico a la vez. En la vida cristiana subnormal, es decir viviendo en la carne y del mal lado del Jordán, uno está regido por sus propios criterios y su parecer personal.
Esto, inevitablemente, lo lleva a una mala relación con el Señor, y con frecuencia también con algunos de sus hermanos en la fe, y aun con las autoridades de la congregación en que se reúne.
El resultado será una vida en que impera el desorden.
Esto podrá reflejarse con estar desencajado con los demás, a menudo como una nota discordante que rompe la armonía.
Pero frecuentemente, habrá también importantes lagunas en su carácter, tales como una falta de puntualidad crónica, desacuerdos con los pastores y quejas contra ellos, o bien falta de compromiso con la asamblea en que se congrega, y a veces problemas o incoherencias en el terreno de la economía, etc.
Todos estos no serán sino síntomas externos de un estado interno de carnalidad, reflejado a veces en un espíritu arrogante, independiente y hasta rebelde.
Sintetizando, una vida de mucho desorden, hasta llegar en casos extremos a un caos total.
Por el contrario, la verdadera vida en abundancia se caracteriza por ser una de orden y armonía.
El orden en sí no estará fijado necesariamente por observar una disciplina estricta, si bien por supuesto habrá una que sea sana y saludable.
Y desde luego la misma no estará basada en lo caprichos o deseos personales, sino por el Señorío del Espíritu, que siempre le hará comprender a uno lo que es bueno y de provecho y lo que no lo es.
Esto se aplica desde luego tanto en el plano seglar, como en el espiritual, y en la convivencia con nuestros hermanos y nuestras hermanas, como así también en lo íntimo y privado.
Así tendremos una vida que, sin estar reglamentada por ningún legalismo, tradición o las costumbres de otros, ostentará una preciosa armonía, viva y flexible.
Y esto no será por ser uno una persona en sí bien organizada y ordenada, sino por ser una regida por el Espíritu divino, el cual siempre le conferirá el sello del buen orden, sencillo pero vivo y sumamente agradable.
La diferencia entre el desorden consignado primeramente, y el orden tan precioso de Dios, es una de las más importantes entre las dos clases de vida
Este buen orden, como todo lo demás que se nos brinda, es susceptible de desarrollo, crecimiento y aumento, hasta alcanzas plena madurez. Y la consecuencia directa que nos acarreará, será lo que nos señala el siguiente subtítulo.
EL REPOSO DE LA VIDA EN ABUNDANCIA
“Mas pasaréis el Jordán, y habitaréis en la tierra que Jehová vuestro Dios os hace heredar, y él os dará reposo de todos vuestros enemigos alrededor, y habitaréis seguros.” (Deuteronomio 12:10)
Así como el estado de desorden necesariamente trae turbación y falta de paz, y muchas veces agotamiento físico, psíquico y nervioso, el del buen orden de Dios nos hace vivir en un reposo muy saludable y bendito.
Este tema del verdadero reposo reviste singular importancia, y por eso lo hemos de tratar con mayor amplitud más adelante.
Pero por ahora lo consignamos por estar escalonado con el punto anterior, confiando además que esto lo haga – por ser algo muy apetecible y digno de ser buscado con ahínco – un estímulo para que el lector u oyente persevere con interés y devoción en la lectura y estudio cuidadoso de cada capítulo.
EL CONTRASTE ENTRE LOS ESPÍAS DE LA PRIMERA GENERACIÓN Y LOS DE LA SEGUNDA
En los capítulos 3 y 14 del libro de Números, se nos narra la misión de los doce espías enviados a reconocer la tierra prometida, y el mal informe que trajeron.
Vieron que efectivamente era tierra buena, en que fluían la leche y la miel, y habían muy bueno frutos, entre ellos uvas, granadas e higos, los cuales trajeron consigo.
Pero vieron que las ciudades estaban amuralladas, y se encontraban fortificadas a su alrededor, y además, que entre sus habitantes había verdaderos gigantes, y esto los desanimó por completo.
Habían tenido muchas pruebas palpables del poder milagroso de Dios, y además contaban con la promesa del Señor, reiteradas varias veces, de que Él lucharía a favor de ellos, de manera que ninguno de los enemigos los podrían resistir.
Sin embargo, no creyeron en la palabra de Dios, y al mirar el gran esfuerzo y los peligros que tendrían que afrontar, se echaron atrás, y no llegaron nunca a la tierra prometida y preparada para ellos.
Así es la óptica de la carne, nuestra primera generación. Podrá ver ventajas y beneficios en servir al Señor, pero cuando se trata de ir adelante, en medio de sacrificios, dificultades y la guerra que nos dan nuestros en enemigos espirituales, retrocede y se retira a cuarteles de invierno. O bien, se vuelca abiertamente al pecado y al mundo.
En el capítulo 2 de Josué tenemos el polo opuesto. Ahora son dos espías de la nueva generación, que después de reconocer la tierra, y a Jericó, volvieron con el siguiente informe:
“Jehová ha entregado la tierra en nuestras manos y también todos lo moradores de la tierra tiemblan ante nosotros.”(Josué 2:24)
Qué contraste tremendo! Se puede mirar la misma situación, pero por el estado del corazón, verla o muy mala o muy buena.
Nuestra segunda generación, la nueva criatura, brotada de la palabra d Dios y de las mismas entrañas de Cristo, valora debidamente la buena tierra, a diferencia de la primera, que la desprecia, y al igual que Israel de ese entonces, tiende a volver al mundo del cual había sido rescatada.
Esa debida valoración de la segunda, hace que, a pesar de los escollos, las luchas y dificultades que tendrá que afrontar, se apoya en la palabra y las promesas del Señor para seguir adelante.
Sabe bien que su verdadero destino, está en poseer la plena herencia del Canaán espiritual de la vida en abundancia, la cual Jesús vino a darle.
Por consiguiente, volverse atrás y resignarse a una vida mediocre, peregrinando por el desierto, del mal lado del Jordán, le resulta un contrasentido totalmente inaceptable, que equivaldría a traicionar a su Dios y negar su propia razón de ser.
Que al leer estos párrafos brote en lo profundo de tu ser, querido lector u oyente, un eco y un amén, claro, rotundo y categórico.
Además, que te dispongas a alinearte con las varones y las mujeres de la estirpe de Josué y Caleb, firmemente dispuesto a no quedar del otro lado, sino a cruzar el Jordán, dar batalla a los antiguos habitantes de la tierra, y conquistarla con todos los tesoros y riquezas que encierra.
EL CONTRASTE ENTRE LAS DOS ACTITUDES ANTE LOS SIERVOS DEL SEÑOR
Éste es por cierto un contraste muy importante y aleccionador.
La primera generación se caracterizó por sus reiteradas rebeldías, contra Moisés especialmente, y también contra Aarón, su hermano mayor, elegido por el Señor como el primer Sumo Sacerdote de Israel.
Vez tras vez se quejaban, protestaban y alguna vez hasta llegaron a la abierta rebeldía, amotinándose contra ellos, como en el caso de Coré, Datán y Abiram.
Todo eso, no era sino un síntoma elocuente de su rebeldía contra el mismo Señor, a Quien desobedecieron una y diez veces, a pesar de Sus muchos favores y misericordias para con ellos.
En Josué 1:16-18 se nos presenta un panorama distinto en cuanto a la segunda generación.
“Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos dondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas (ellos, los de la segunda generación, no los adultos de la primera)) así te obedeceremos a ti, solamente que Jehová nuestro Dios sea contigo como estuvo con Moisés.”
“Cualquiera que fuere rebelde a tus mandamientos y no obedeciere a tus palabras en todo lo que les mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente.”
Aquí vemos una claridad de visión que es importante tener presente. Ellos veían que para que la que la empresa de conquistar la tierra en que se estaban embarcando, tuviera éxito, un requisito indispensable e imprescindible era el respeto y apoyo total al siervo que Dios había levantado como líder.
Todo cuanto hicieran en ese sentido, iba a redundar, no sólo para favorecer el buen resultado de la empresa en sí, sino para el beneficio de ellos mismos.
Por lo contrario, cuanto se pudiera hacer en el sentido opuesto de desobedecer y rebelarse, no sólo iría en contra de la conquista de la tierra, sino que también sería para el perjuicio de ellos mismos.
Esto es algo no sólo aplicable al ámbito de la iglesia local, sino también en el del hogar y del matrimonio.
Asimismo, cada integrante de una congregación o asamblea, como también cada miembro de una familia, por así decirlo, está a bordo del mismo barco que los demás integrantes de la iglesia o el hogar, según el caso.
Lo que signifique apoyo y ayuda al liderazgo en el primer caso, y a los padres en el segundo, será para el bien de todos los demás que están a bordo,
Inversamente, lo que vaya en contra para dañar y socavar su autoridad, hará también lo propio para todos los demás.
Muchos no comprenden esto – que al rebelarse contra un siervo de Dios, o contra sus padres, quienes lo hacen se están dañando a sí mismos, y al hacerlo también están sembrando una mala semilla, que a su tiempo les ha de traer mucho dolor y quebranto a ellos mismos.
Claro está que dentro de la iglesia, puede haber situaciones en que a un creyente no le resulta fácil acompañar con su apoyo total al liderazgo que la preside. No todos los casos han de entenderse como crasa rebeldía.
A veces puede tratarse de incompatibilidad por proceder de un trasfondo distinto, o por no estar uno ubicado en el verdadero lugar que le corresponde dentro de Cuerpo de Cristo, o bien por otras diversas causas.
No obstante, no podemos extendernos más sobre estos casos particulares, pues sería desviarnos de nuestro tema principal.
Sólo redondeamos diciendo que quienes andan en rebeldía e insumisión a las autoridades puestas por Dios – tanto en la iglesia, como en el hogar o la esfera cívica de la región o el país en el qu residen – están del mal lado del Jordán, viviendo en la carne, causando problemas a los demás y a sí mismos.
El cruce del Jordán para entrar en la vida en abundancia, siempre traerá como uno de sus resultados prácticos el de poner fin a situaciones de esta índole, es decir de rebeldía o estar desencajado.
Y uno de lo efectos saludables será el pasar a estar bien ubicado, y en armonía y debida sujeción en todos los órdenes.
F I N