Abraham con Abimelec en Gerar # Capítulo 21
Capítulo 21
Abraham con Abimelec en Gerar
En este corto capítulo, comentamos brevemente el comportamiento de Abraham ante Abimelec en Gerar, que fue similar al que tuvo ante Faraón en Egipto.
En ambos casos declaró que Sara era su hermana y no su mujer. Lo hizo de acuerdo con ella, quien en las dos oportunidades afirmó lo mismo.
El móvil que lo impulsaba era el temor de que lo matasen a él, viéndola a Sara como la mujer muy hermosa que era, y queriendo tomarla para si por la vía criminal de matarlo a él, y así ella quedaba viuda.
Como le explicó a Abimelec (ver 20:13) al comenzar su peregrinación unos buenos años antes, él y Sara se habían puesto de acuerdo en que, cuando quiera que estuviesen en tierra extraña, declarasen que ella era su hermana.
Esto seguramente nos choca, pues vemos que esto no sólo era una evidente mentira, sino el estar dispuesto a permitir que su mujer fuese tomada por otro, para salvar su propio pellejo.
Tal como conocemos y entendemos los preceptos morales, hoy día semejante cosa nos resulta totalmente inadmisible, aun reconociendo el hecho de que en aquel entonces, el lugar de la mujer era inferior al que le corresponde actualmente en la sociedad, en el mundo occidental en que vivimos.
Llama la atención, sin embargo, que el Señor no reprendió a Abraham por haberlo hecho, e hirió a Faraón con grandes plagas (12:17) y cerró totalmente toda matriz de la casa de Abimelec. (20: 18)
Además, a este último le mandó que devolviese a Sara a su marido, so pena de morir él y todos los suyos.
Confesamos que nuestra mente, estrecha y muy finita por cierto, no alcanza a comprender ni justificar esto.
Creemos que hubiera sido más justo reprender a Abraham y no a Faraón y Abimelec.
No obstante, nos inclinamos ante la sabiduría y justicia incuestionable de Dios, el todo sabio y justo, confiando en que, a su tiempo, comprenderemos lo que hasta ahora nos resulta un enigma, aun cuando, desde luego, no sea grave ni preocupante como para afectar nuestra fe en lo más mínimo.
Una última consideración es que, en ambas ocasiones, aun después de saberse que Sara era la mujer de Abraham, nadie decidió matarlo por eso.
Seguramente, eso se debió a la firme y fuerte protección del Señor.
Cerramos el capítulo expresando la convicción de que el camino más correcto, habría sido el de decir la verdad, y confiar en la bondad y providencia del Señor para salvaguardar su vida.
Como dijimos en una predicación en España hace muchos años, “Por ser hijo de Abraham, mi querido hermano, no vayas por allí diciendo que tu esposa es tu hermana!”
F I N