Peldaños del Discipulado Capítulo 25 – Venciendo en la prueba y la tentación
Peldaños del Discipulado
Capítulo 25 – Venciendo en la prueba y la tentación.-
En este penúltimo capítulo, abordamos esto que es tan importante: vencer en la prueba y la tentación.
Necesariamente, todo discípulo debe ser probado y tentado.
Como en todo, Jesús nuestro Maestro, es también en este aspecto nuestro ejemplo y modelo perfecto.
Él tuvo que enfrentar la tentación en el desierto por 40 días.
Satanás había vencido a Adán, nuestro primer padre, y así se había convertido en el hombre fuerte de nuestro planeta.
Jesucristo, como cabeza de la nueva generación que iba a surgir, como resultado de Su obra expiatoria en el Calvario y Su resurrección posterior, tenía necesariamente que vencer a Satanás, el hombre fuerte, atándolo con Su victoria en la confrontación en el desierto, y en todo el resto de Su trayectoria terrenal.
Notemos que inmediatamente después de Su bautismo en el Jordán, tras el cual el Espíritu Santo había descendido sobre Él para ungirlo, fue llevado por el mismo Espíritu al desierto para enfrentarse primero con Satanás.
Recién después de Su victoria en esa confrontación, pasó a desarrollar Su ministerio público, en el cual, entre muchas otras cosas, iba a liberar a los que el enemigo y sus huestes tenían cautivos.
La forma en que ató a ese hombre fuerte, no fue pronunciando palabras como “Te ato” o “Te reprendo y te mando que te marches,” y otrasasí por el estilo, sino venciéndolo en la tentación, lo cual de hecho pasó a atarlo, privándolo de todo terreno en Su propia vida.
En realidad, fue reparar el enorme daño que el primer Adán había causado, al claudicar ante la serpiente, y permitir que se desatase su poder para actuar en el mundo.
Había perdido su señorío sobre la tierra, el cual el Señor le había conferido al crearlo.
Así, ese señorío pasó a manos de Satanás, que se convirtió en el príncipe de este mundo, tal cual lo llamó Jesús en Juan 14. 30.
Pero, gracias infinitas sean dadas a Él, Jesús recuperó ese señorío para la raza humana.
Esa primer victoria en la tentación en el desierto, seguida por el resto de Su vida y ministerio, en que nunca cedió el menor ápice ante el maligno, y Su glorioso y supremo triunfo en la arena del Calvario, sirvieron para despojarlo a Satanás de todo poder y autoridad.
Es decir que no tenemos que tratar de atar ni hacer caer al enemigo. Si tratamos de hacerlo, sin darnos cuenta, estamos declarando nula e inválida la victoria total que Cristo ya logró, y de la cual tenemos amplio testimonio en las Escrituras. Ver, entre otros pasajes, Colosenses 2:15 y Efesios 1:21 – 22.
En cambio, lo que debemos hacer es mantenerlo atado en cuanto a nuestra propia vida, no dándole ningún lugar (Efesios 4:27) y permitiendo, por nuestra cumplida y continua obediencia, que Él nos guarde, y así el enemigo no nos pueda tocar.(1a. Juan 5:18.)
Muchos no entienden esto, y descuidándolo, se empeñan en atar, reprender, o echar del lugar al maligno, a los demonios, al hombre fuerte de la zona, la reina del cielo y la diosa pagana de la periferia, etc. etc., todos los cuales, como ya se ha dicho, ya están atados y vencidos por la victoria total de Cristo sobre ellos
Ahora bien, si en sus vidas, no andando con absoluta limpieza y obediencia, le están dando lugar al diablo, al hacer eso están entrando en un terreno muy peligroso, de lo cual, ni lerdo ni perezoso, Satanás aprovechará para hacer de las suyas.
Por supuesto, que al afirmar estas cosas, no dejamos de reconocer que hay una gran actividad maligna del enemigo y sus huestes, continuamente causando estragos y desgracias entre los hombres y las mujeres de este mundo, y además están en continuo acecho contra la iglesia y el pueblo de Dios.
Sin embargo, es necesario comprender bien la cosas.
En el mundo actúan, casi diríamos, cómodamente, por el amplio margen que le dan lugar la mayoría de los seres humanos inconversos, con su amor y entrega al pecado en sus múltiples ramificaciones: el materialismo, la mentira y la trampa con el fin de ganar más dinero, y no pagar la renta que corresponde, la lujuria, el ocultismo, que busca en fuentes corrompidas y diabólicas lo que se debiera buscar en Dios, y un largo etcétera.
Reprender y pretender echar de zonas y estratos de la sociedad donde todo eso prolifera, es un abierto contrasentido que revela una crasa falta de criterio.
En realidad, a veces pensamos que ellos – los demonios – se deben reír en sus adentros cuando cristianos se pasan las horas tratando de echarlos, con sus continuas reprensiones, sabiendo que están operando en un terreno que a ellos les pertenece, y que, por otra parte, Dios mismo les reconoce.
En verdad, se trata de una cuestión legal – el hombre elige el pecado y prescindir totalmente de Dios, y al hacerlo lo hacecon todas las consecuencias,aunque sin comprenderlo del todo, por cuanto el pecado es muy engañoso.
Esas consecuencias se deben resumir diciendo que quedan ubicados en el terreno contrario a Dios – el del mal y las tinieblas – que le pertenece al maligno.
Y para colmo, a veces les hace sentir muy “listos,” no como los “tontos,” que son los “niñosbuenos y obedientes”.
Para salir de ese terreno falso en que se encuentran, la única forma es el arrepentimiento y la vuelta a Dios, y en esa línea deben estar enfocadas todas las oraciones y esfuerzos.
Es decir, no tratar de expulsar a los demonios de un lugar que por derecho les pertenece, sino quitarles ese lugar y derecho, lo cual sólo se puede lograr con un verdadero arrepentimiento y abandono del pecado.
Para mayor abundamiento, en todas las genuinas manifestaciones del obrar de Dios, esto mismo es lo que ha acontecido, por el poder y la virtud del Espíritu Santo.
Y así las huestes del maligno, han perdido su autoridad, derecho y poder sobre las almas, que han pasado a convertirse en hijos de Dios, bajo Su tutela y protección.
En cuanto a los que son creyentes renacidos y forman parte de la verdadera iglesia de Cristo, la norma general es que no puedan ser tocados, a menos que se dé cualquiera de los tres siguientes factores:
a) Se le esté dando lugar al pecado, se estén tomando libertades indebidas en cuanto a cosas mundanas y dudosas, o desobedecer al Señor de una forma u otra.
b) Por cosas del pasado que no han sido debidamente tratadas, tales como el ocultismo en cualquiera de sus múltiples ramas, prácticas deshonestas, lascivia y otros pecados groseros de la vida anterior, que si bien no se siguen haciendo, nunca ha habido en cuanto a ellos un arrepentimiento profundo con renuncia total.
Esto dejará lugar, a veces insensiblemente, a que de una forma u otra, el enemigo se infiltre y vuelva a hacer de las suyas.
c) Situaciones especiales en que Dios lo permite, pero sabiendo que a la larga, serán para beneficio y purificación espiritual.
Entre otros, tenemos los casos de Job y de Pablo. A éste, el Señor permitía que por medio del aguijón en la carne, el mensajero de Satanás lo abofetease, pero con el fin de una mayor bendición y virtud de lo alto, a la par que “vacunarlo” contra el engreimiento.
Debemos recalcar que casos como estos son muy excepcionales, y que uno debe cuidarse de no caer en la trampa de creer que en ocasiones en que está deprimido o atacado por el enemigo, entran en esa categoría, cuando en realidad corresponden a uno de los dos puntos anteriores.
Todo esto lo presentamos como una introducción práctica que, bien comprendida y asimilada, le permitirá al discípulo enfrentar las pruebas o tentaciones que se le presenten con buen entendimiento y un criterio sano y correcto.
“Viene el príncipe de este mundo y él no tiene nada en mí.”
Juan 14:30.
Ese era el estado óptimo en que Jesús se encontraba en forma permanente.
Aunque reconociendo sus limitaciones, falibilidad y puntos débiles, cada discípulo debe proponerse esa misma meta, la de ser una persona en la cual el maligno nada tiene.
En línea paralela con esto, va la exhortación de Pablo en 2a, Corintios 7: 1 que ya hemos citado anteriormente:
“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.”
Debemos tomar conciencia con toda claridad que cuanto sea carnal, egoísta, mundano o deshonesto, le brinda lugar al enemigo para atacarnos.
Por consiguiente, la obediencia a esta exhortación a que progresemos decididamente en cuanto a la santidad, tendrá, además de otros beneficios muy valiosos, el de predisponernos mejor para enfrentar la prueba y la tentación, al robarle posibilidades al maligno de encontrar fisuras o grietas en nuestra armadura espiritual.
Parte de la experiencia – casi normal de cada discípulo diríamos – es la de tener – sobre todo en la etapa inicial – un traspié aquí y allá. Si reacciona favorablemente y con rapidez, le puede resultar de mucho provecho.
En efecto, con un sano espíritu de autocrítica y autocorrección, podrá determinar la o las causas, establecer uno o más puntos débiles en su disposición o carácter, y buscar reforzarse en ellos, a la par que prestar mucha atención, y estar en guardia en el futuro, para evitar que el o los problemas puedan y vuelvan a repetirse.
Aquí tenemos una lista de debilidades o puntos flojos que un discípulo puede tener.
Propensión a ser atraído hacia el sexo contrario más de lo normal.
Tendencia a no ser estrictamente formal y puntual, en el pago de compromisos económicos que ha contraído.
Proclive a la pereza o el desgano.
Inconstante y con la tendencia de desear cambiar en sus actividades, incluso queriendo traspasarse a otra iglesia, tales como una nueva recién levantada y donde piensa tener más fruto, o que le puedan acordar un cargo importante.
No gustarle que el discipulador lo corrija y le señale fallos y defectos.
Atracción indebida a ciertas cosas mundanas,
Debilidad en el carácter y falta de fuerza de voluntad.
Hacer las cosas de manera que se le vea y se lo valore.
Tendencia a envanecerse al lograr algún éxito en sus tareas.
No cumplir con las tareas prácticas o trabajos escritos que le han sido asignados.
Falto de discreción y prudencia en el hablar, a menudo diciendo más de lo necesario, y sin que tenga peso ni sustancia, ni edifique a los demás.
Poca oración personal.
Propenso a quejarse y criticar, sobre todo cuando no hay bendición en la iglesia en que se congrega.
El discípulo que tiene una sana disposición de autocrítica, podrá identificar de entre todos éstos, algunos de sus puntos débiles, y quizás agregar algunos otros que no están en esta lista.
Y lo más recto y consecuente será que, con oración y búsqueda de Dios, y con la ayuda del discipulador cuando sea necesario, se disponga a superar todas esas deficiencias, para así convertirse en una persona plenamente estable y responsable.
No obstante, aun después de eso, en ocasiones volverá a ser probado y tentado. Y será necesario que cultive el hábito de “no bajar la guardia,” sino seguir vigilante y en la disciplina del Espíritu siempre.
La diferencia entre ser probado y tentado, creemos que es bien entendida, pero en beneficio de alguien que no la tenga bien clara, pasamos a definirla a continuación.
La primera, es decir la prueba, proviene ya sea directa o indirectamente de Dios, ya sea disponiendo o permitiendo situaciones y circunstancias adversas y aun a veces el dolor, a través de las cuales se nos brinda la oportunidad de demostrar al Señor, y aun a nosotros mismos, nuestra fidelidad y amor a Él, aun en las malas.
La motivación divina en todo esto es buscar nuestro bien, purificándonos a través de la prueba, la cual, una vez superada, se ha de convertir en un trampolín, que nos permitirá proyectarnos a un nivel de mayor solidez y enriquecimiento espiritual.
En cuanto a la segunda, la tentación, aun cuando permitida por Dios, tiene su origen en el maligno, y su intención lleva siempre la malicia propia de su persona de hacernos caer, para así apresarnos y causarnos el mayor daño posible.
Santiago 1:13 define muy bien las cosas al decir:
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado por parte de Dios, porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie.”
Así que, en resumidas cuentas, Dios nos prueba y el enemigo nos tienta, aunque esto para el verdadero hijo de Dios, está bajo el control o la autorización permisiva del Señor.
A continuación presentamos algunos comentarios y consejos sobre estas dos cosas.
La prueba.-
Como hemos dicho, proviene de Dios, y tiene la motivación de purificarnos, confirmarnos y enriquecernos.
Dado que nos conoce perfectamente, Él tiene plena conciencia de aspectos en nuestra vida, en los cuales, por debilidades que aun subsisten, necesitamos ser fortalecidos y perfeccionados,
En Su sabia economía, generalmente eso que permite que se presente como una prueba, va dirigido precisamente a esos puntos débiles que aun tenemos, con la mira de que, apoyándonos en Él, en Su palabra y en Su gracia, podamos salir airosos.
El resultado de todo esto será que donde teníamos huecos o lagunas, los mismos se vayan llenando o superando, y así lo viejo de nuestras deficiencias, pase a ser reemplazado por lo nuevo de una genuina hombría en Cristo, y que progresivamente, Él sea formado más y más en nuestras vidas.
Al discernir y reconocer estas cosas, el discípulo podrá colaborar más eficientemente con el Espíritu Santo,
sabedor de que, como es un hijo redimido que ama a Su Señor, todas las cosas se conjugan para su bien, según Romanos 8:28.
Hacemos la salvedad, ya puntualizada en alguna ocasión anterior, que ese bien no es el de nuestra prosperidad, comodidad o bienestar, o cosas de esa índole, sino el de asemejarnos más a Cristo, que es el propósito más alto y bendito que Dios nos tiene señalado.
Ahora bien, comprendiendo bien todo esto, sucede a veces que al presentarse la prueba, por lo sorpresiva, dura e imprevista que nos resulta, podemos considerarla como algo extraño y que no es en realidad una prueba permitida por el Señor, sino algo fraguado por el mismo diablo para dañarnos o aun destruirnos. 1. Pedro 4:12
1a. Pedro 4:12 nos pone algo que apunta en ese sentido, al decirnos: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese.”
Algo que no ayudará en tales ocasiones será saber que amamos a Dios de verdad y que le hemos entregado nuestras vidas en forma incondicional.
Sobre esta base, y con tal que no le hayamos dado terreno al enemigo, lya sea por desobediencia, o por meternos en cosas que no corresponden a un hijo de Dios, podemos y debemos tener por cierto que cuanto nos acontezca está permitida, y aun dispuesta por Su mano sabia y diestra.
De esta forma, aunque nos pruebe, y traiga contrariedades y aun dolor y sufrimiento por algún tiempo, bien enfrentado y con nuestra aceptación plena de Su señorío y dominio sobre nuestras vidas, a la larga redundará en nuestro beneficio y mayor desarrollo y enriquecimiento.
En cambio, si al comprender todo esto, nos rebelamos contra todas esas adversidades que nos acontecen, y las achacamos a Satanás, poniéndonos en guerra contra él y los demonios, sólo nos traerá desconcierto y frustración.
Además supondrá una abierta contradicción y falta de fe, pues habiéndole dado todo a Él, ahora pasamos a pensar que nuestra vida no está verdaderamente controlada por Él, y le está permitiendo al diablo hacer de las suyas contra uno.
Como vemos, un abierto contrasentido y contradicción, desde cualquier punto de vista que se lo mire.
Para ilustrar esto, en nuestra prédica oral, hemos usado el pequeño pero significativo ejemplo de un padre normal, y un hijo suyo, al cual ama con el cariño de todo buen padre.
En el caso de que hubiera un individuo malvado que lo está molestando y mortificando, ¿se quedaría de brazos cruzados, sin hacer nada y permitiendo que su hijo sufriese injustamente a manos de él?
Por supuesto que no!
Y cuánto más nuestro Padre Celestial, nos habrá de defender y mantener a buen resguardo de esas huestes diabólicas, por más que rujan e intenten dar sus malvados zarpazos!
Donde realmente estriba el problema, es en que, a pesar de todo ello, en no pocos casos, ya sea de creyentes, y aun siervos predicadores, se manifiestan se manifiestan ocasiones en que experimentan depresiones reiteradas, pesadillas, temores que van más allá de lo normal, o fuertes ataques en determinadas áreas, que apenas si los pueden resistir.
Y muchos lo achacan a los demonios, como si esta protección de que hablamos no existiese,
La verdad es que la mima por cierto que existe, y es muy real y efectiva. Pero lo que sucede en la mayoría de los casos, por no decir en todos, es que, consciente o inconscientemente, se ha desatendido la ya veces repetida exhortación de Efesios 4. 27 de no dar lugar al diablo.
Entre las muchas formas en que se le puede dar cabida, consignamos tres:
El tomarse libertades indebidas, consintiendo así “pecadillos.”
Por cosas del pasado, tales como ocultismo en alguna de sus muy diversas variantes, que no han sido debidamente tratadas.
Por estar fuera de la voluntad de Dios.
Esto último en muchos casos supone no estar bajo la cobertura divina ideal, la cual se experimenta y de la que se disfruta, cuando uno está exactamente donde Dios quiere, y haciendo Su voluntad con todo amor y devoción.
También expone al engaño, o bien a una falta de claridad para discernir lo que viene de parte de Dios y lo que no viene de Él.
Aquí termina la primera parte – fraccionar, y lo que sigue será la
segunda parte, que corresponde al Sábado siguiente, 14 de Febrero.
La tentación.-
Son muchas las cosas que hay que aprender y tener bien presente en este terreno.
Una de ellas – muy importante – consiste en la necesidad de estar siempre alertas y vigilantes, y no subestimar al enemigo y tener una confianza excesiva y falsa.
“Satanás es un derrotado y conmigo no hay diablo ni demonio que pueda” o bien “Yo estoy tan ungido que el diablo me teme y huye no bien me ve llegar.”
Aquí conviene recordar el dicho muy conocido: “el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo.”
En este tema de atacar y dañar a los hijos de Dios, él lleva muchos siglos, y su astucia infernal diríamos que es casi increíble.
Una de sus muchas trampas es la de hacer pensar a uno que es muy fuerte, con una confianza excesiva, al punto de dirigirse a él en forma despectiva, casi burlándose de él, “Yo me río del diablo,él sabe muy bien el poder qu hay en mí para hacerlo temblar y huir de pánico.”
Cuando encuentra a alguien con esta actitud tan necia y peligrosa, con mucho sigilo intenta alimentarla aun más, dándole muestras falsas de que es justo así, y conociendo bien sus puntos flojos, bien pronto le asesta un golpe feroz que lo echa en tierra gravemente herido, y desde luego, totalmente fuera de combate.
Esto es algo que se ha absorbido, al verlo y aprenderlo por la experiencia amarga y trágica de otros, los cuales han andado en ese camino tan absolutamente nefasto,
Notemos que si alguno jamás podría enfrentar al diablo desbordando seguridad y confianza, y aun despreciándolo como un ser inferior al cual podría vencer fácilmente, ése no podría otro que el Señor Jesús.
En efecto, como el Hijo de Dios Omnipotente, bien cabe pensar que Él podría haber enfrentado la tentación de esa forma
Sin embargo, con Su espíritu sabio y austero, no hizo nada de eso, sino que por lo contrario ayunó 40 días, para estar en óptimas condiciones espirituales para esa gran confrontación, para no cederle al enemigo el menor ápice.
Sabía muy bien que, de haber fallado por descuido o exceso de confianza, entre muchas otras cosas, el plan divino de redención se habría derrumbado[1], y no habría esperanza de salvación para el género humano.
Además, una actitud como la que hemos señalado, arrogante, con un exceso de confianza y hasta burlona, contraría, expresamente mucha de las advertencias de las Escrituras.
Citamos solamente dos de ellas:-
“Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar, al cual resistid firmes en la fe.” (1a. Pedro 5: 8-9)
Aquí no se advierte ninguna nota de excesiva confianza, ni de despreciarlo burlándose de él como un infeliz derrotado, sino de cautela y estricta vigilancia.
“Y mayormente aquéllos que siguiendo la carne, … desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.” (2a. Pedro 2: 10-11)
Tengamos en cuenta que al dejarnos ser tentados, el Señor sabe que es necesario que así sea, y Él no deja que sea a un punto mayor que el que podemos soportar, según se nos asegura en 1a. Corintios 10:13.
Ahora pasamos a comentar algunas de las tácticas del maligno.
1) (Según el grado de madurez y solidez de cada uno.
En el caso del Señor Jesús en esos 40 días en el desierto, Satanás no intentó tentarlo por lo que llamaríamos un pecado grosero y evidente, tales como fornicar o adueñarse de una fortuna ajena. Sabía muy bien que era totalmente impensable e imaginable que Jesús cayese en algunos de esos terrenos,
En cambio, enfiló su primer ataque en la línea de hacer un milagro para satisfacer Su gran hambre, que a los 40 días había alcanzado su punto álgido.
El segundo, según San Mateo, lo encaminó a arrojarse del pináculo del templo para llamar la atención de todos, alegando falsamente una delas Escrituras para justificarlo.
En el tercero, lo incitó a aceptar la gloria de todos los reinos de la tierra, a cambio de inclinarse a él y adorarle.
En todo esto había una astucia infernal que no queremos analizar en detalle ahora, para no extenderos en demasía.
Baste decir, que el diablo descartó por completo aspectos en que otros son muy propensos o vulnerables.
En cambio, profundizó al máximo, en sentidos muy sutiles que supondrían pasar a servir primero a Sus propios beneficios personales, anteponiéndolos a la voluntad pura y expresa del Padre,
Felizmente, nada de esa astucia perversa y malvada logró confundir al querido Jesús, o a hacerlo dudar o vacilar en lo más mínimo.
Por lo contrario, en la forma más decidida y contundente, rechazó cada una de esas tres propuestas venenosas que se consignan en las Escrituras.
Por último, agreguemos de tentaciones presentadas por el diablo, según surge claramente de Lucas 4: 31: “Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación se apartó de él por un tiempo.”
Esas tres palabras – “… por un tiempo” – denotaba que no se daba por vencido.
Y por otra parte, esas dos palabras – “toda tentación” – nos dan a entender que Satanás agotó todo los recursos maléficos con que contaba para esa confrontación.
Por otra parte, al decir “se apartó de él por un tiempo” denota que no se daba por vencido, y volvería al ataque más adelante, seguramente tratando de cargar su arsenal con armas más sutiles y engañosas aun.
Ataques a los menos fuertes.-
Nos trasladamos ahora a la esfera de la tentación a los siervos y discípulos.
Con muchos de ellos, conociendo su debilidad, y que algunos son proclives en áreas elementales de pecado grosero, busca el momento oportuno para tender el lazo.
Esto puede ser un momento de descuido o de desánimo, o bien en una situación en que les va mal en la vida matrimonial, o en la esfera de las finanzas.
Conociendo bien sus puntos débiles, los demonios que están operando contra ellos tienden la red en esa ocasión crítica, buscando llevarlos a caer en algo grave – un pecado grosero, tal como uno de los señalados con anterioridad, para así dejarlos manchados y totalmente fuera de combate.
La fuerza engañosa con lacual lo hacen, queda de manifiesto por el hecho de que sus víctimas no se dan cuenta de la gravedad de lo que pasado.
Normalmente, les lleva un tiempo tomar plena conciencia de ello, y en ciertos casos, tristemente, siguen en forma permanente en ese estado de engaño, pensando y aun afirmando que todo está bien, y que se encuentran habilitados para seguir actuando como si nada hubiese ocurrido.
Ataques a los que tienen firmeza y solidez.
El enemigo sabe que para éstos la tentación debe se más fina y sutil, comprendiendo bien que no será nada fácil ni probable que caigan de repente, así como así, en pecados graves y groseros.
Una de las líneas que a veces persigue es la de procurar alimentar el ego de siervos o creyentes, sobre todo en el momento del éxito.
Esto muy bien puede conducir a “bajar la guardia” y dejar de lado la disciplina de la oración y de la plena mansedumbre a los pies de la cruz. Como resultado de ello, ha de surgir probablemente un engreimiento que los lleve a pensarse por encima de los demás, y a la vez, a un exceso de confianza.
Así las cosas, no será nada improbable que caigan apresados muy pronto en alguna locura, torpeza o desvarío de las graves.
Y como ya hemos puntualizado en un capítulo anterior, al ser el engreimiento algo tan sutilmente engañoso, es muy corriente que los que lo padecen no se den cuenta de ello y de los peligros que acarrea.
Muchas veces hemos advertido, ya sea por experiencia propia o la de otros, que después de un tiempo de bendición especial han sobrevenido pruebas y tensiones muy intensas.
En esto hemos discernido la mano sabia del Señor, no permitiéndoles que se sientan “engolosinados,” congratulándose por el éxito y la gran bendición, y en cambio busquen a Dios con ahínco y devoción para poder superar esas adversidades y tensiones.
De esta manera las mismas se transforman, para convertirse en un preventivo contra el envanecimiento, guardando esto una estrecha relación con el caso del aguijón en la carne que le afectaba a Pablo, si bien la dimensión en el grado en que se presenten sea mucho menor que lo que tuvo que padecer el gran apóstol.
La cuña por el lado más fino.-
Ésta es otra táctica, y de las más arteras y sutiles.
Nos explicamos: siempre pensando en creyentes y siervos con firmeza y solidez, el enemigo descarta – tal como hemos dicho – las cosas más gruesas y graves.
En vez de ello, en un momento de relajamiento y descuido a la vez, procura incitar a tomarse una pequeña libertad – algo que no está del todo bien, pero que parece una pequeñez que no tiene importancia.
En la zona de Málaga, al Sur de España, es muy bien conocido como plato sumamente sabroso lo que se suele llamar “pescaítos.”
En realidad son muy apetitosos y tentadores.
Ahora bien, el maligno entre sus muchos ardides, no pocas veces emplea el de la imitación de lo bueno en un grado parecido o semejante, pero siempre con una trampa y una buena dosis de veneno.
Y en este caso particular, la única diferencia que establece
– nos tienta acotar, haciéndose “un buen andaluz y malagueño de pura cepa” – es la de comerse la ese – pasando así en vez de pescaítos, a ser pecaítos.
Pero la astucia no termina ahí. Logrado el primer objetivo de que en un momento de descuido, “ se pique el anzuelo” en esa aparente pequeñez, procede a procurar qu se borre todo rastro, tratando de que se olvide lo que pasó, o bien que no se le atribuya ninguna importancia.
De esta forma consigue introducir una cuña por su extremo más fino, pero que queda firmemente fijada, aunque desde luego todavía no ha penetrado en su totalidad.
Posteriormente, y llegada lo ocasión propicia, intentará consolidar y ampliar la cuña, al punto que le llega a ganar una importante ganancia de terreno y ventaja para operar en contra de su víctima.
A menos que a ésta se le abran los ojos, y proceda con urgencia a procurar por un profundo arrepentimiento, a quitar esa cuña, podrá quedar atrapado y sumamente dañado.
No podemos entrar en más detalles, porque cada caso particular varía en cuanto a sus síntomas y su mayor o menor desarrollo.
Pero sí cabe que se haga hincapié en la exhortación del Señor a velar en todo tiempo, dada en Lucas 21:36, no dando ningún lugar a la pereza ni a la inercia, a fin de no permitirle al enemigo ganar ni un milímetro de terreno.
En el lenguaje coloquial y corriente, cuando uno se encuentra en un lugar peligroso donde no se puede fiar de nadie, se suele decir:“aquí hay que andar con cuatro ojos.”
En la esfera d la lucha contra el maligno y sus maquinaciones tan astutas y malvadas, eso no es suficiente – necesitamos más: hay que contar con los siete ojos del Espíritu Santo que todo lo escudriña y todo lo ve. (Apocalipsis 5:6b y 1a. Corintios 2:10)
Y para nuestro estímulo, podemos recalcar que ese mismo Espíritu es el del Vencedor, que asimismo nos es dado a los Suyos de verdad.
De modo que, contando con que seamos fieles y plenamente obedientes, nuestra victoria estará asegurada.
Preguntas.-
1) Lea otra vez la lista de posibles debilidades y puntos flojos dados en este capítulo. ¿ Cuáles de esos son suyos?
2) ¿Puede pensar en otros que no están en la lista?
3) ¿Piensa que puede superarlos, buscando para ello al Señor Usted solo?
4) ¿ O para alguno de ellos necesita ser ayudado por el discipulador?
5) Cite por lo menos dos versículos que contienen para el creyente fiel, una clara promesa de victoria sobre el enemigo de nuestras almas.
Oración.-
Señor Jesús, cuánto te agradezco por Tu triunfo total sobre todas las huestes del enemigo. Me anima mucho saber que Tu Espíritu mora en mí – el del Vencedor absoluto.
No obstante, estoy consciente de que debo conducirme siempre con mucha humildad y prudencia, en la más tierna dependencia de Ti en todo momento.
Me siento muy pequeño y sencillo, y por eso te pido que me des la gracia y percepción suficientes, para detectar todo lazo con que el enemigo busque enredarme y apresarme.
Y también ayúdame a recordar y tener bien presentes siempre, las enseñanzas de este capítulo, y velar con tal perseverancia que el diablo no pueda ganar el menor terreno en mi vida.
Así, por Tu gracia, y sólo por ella, yo también seré un vencedor en la lid. Amén.
– – – – – – ( ) – – – – – –
En una delas ocasiones en que expusimos verbalmente, aunque en una forma más breve y condensada, lo que constituye el tema de este libro, del cual he extraído todos los escritos hasta ahora enviados, concluimos con una alusión al famoso soneto Violante, en el cual Lope de la Vega describe genialmente lo que es un soneto,
Por ser de mi predilección, lo transcribo a continuación.
Un soneto me manda a hacer Violante,
Que en mi vida me he visto en tal aprieto!
Catorce versos dicen que es soneto,
Burla, burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante,
Mas ya estoy en la mitad de otro cuarteto,
Y si me hallo en el primer terceto,
No hay cosa en los cuartetos que me espante.
En el primer terceto voy entrando,
y aun presumo que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.
Ya estoy en el segundo y aun sospecho,
que estoy en los trece versos acabando,
Contad si son catorce, y está hecho!
Al principio de esta obra listamos los 25 peldaños del discipulado a tratarse a través de los distintos capítulos.
No contamos con nada que se asemeje ni remotamente al genio de Lope de Vega,
No obstante, con la prosa más breve y sencilla, y haciéndonos eco de él, no sin una cierta dosis de satisfacción, concluimos diciendo,
Contad los veinticinco y está hecho!
F I N
– – – – – – ( ) – – – – – –
[1]Ión se habría derrumbado