CAPÍTULO 13 – Segundo viaje misionero de Pablo (1)

Tras la separación de él y Bernabé, Pablo escogió a Silas, seguramente por la impresión muy favorable que le debe haber causado el oírlo dar la palabra en Antioquía, y las muchas virtudes que sin duda habrá advertido en él.

La primera meta que Pablo tenía presente para este segundo viaje, está expresada en Los Hechos 15:36:

Volvamos a visitar a los hermanos en todas la ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están.”

Para ello, no se encamina por Chipre y la vía marítima, como en el primer viaje. En cambio, acompañado por Silas, opta por la vía terrestre, internándose primeramente por el Norte de Siria, para luego atravesar Cilicia.

Confirmando a las iglesias.-

…y pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.” (15:41)

Antes de entrar en materia, notemos que si bien Pablo iba acompañado por Silas, Lucas emplea el singular, lo que echa de ver cómo el liderazgo de Pablo seguía en aumento. Sobre esto, volveremos más adelante, hacia el final del capítulo siguiente.

Además de la urgencia de proclamar el evangelio de salvación, él tenía muy clara la imperiosa necesidad de confirmar a los ya convertidos.

Aparte de la cita que hemos consignado más arriba, tenemos otras más que lo corroboran. Veamos dos de ellas:

Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día.” (16:5)

…salió, recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos.” (18:23)

Esa labor confirmatoria es sin duda una parte importantísima del ministerio, que sólo pueden llevar a cabo siervos maduros y aprobados.

Para capacitarlos para la misma, el Señor necesariamente debe prepararlos y equiparlos adecuadamente. Para ello, es imperativo que sean llenos del Espíritu, y que vivan muy cerca de Dios.

Asimismo, en su vida personal seguramente deberán afrontar pruebas y dificultades, que tendrán la virtud de purificarlos y fortalecerlos a la larga, a fin de que – como siervos probados y aprobados – puedan resultar verdaderamente eficaces en esta función tan laboriosa e importante.

No son pocas las ocasiones en que, la necesidad de esta labor confirmatoria se ha desatendido o subestimado. Ello ha dado lugar a que se envíe a levantar una obra nueva, y a veces también al campo misionero en otras tierras, a personas que, a la postre, no han dado la talla. Como corolario o consecuencia natural, se han producido deserciones tristes y dolorosas, a veces con graves consecuencias.

En otros casos, quienes han levantado una iglesia en un punto determinado, quizá con la urgencia de abarcar otros puntos no evangelizados, han salido prematuramente, y la iglesia que han dejado atrás, no estando sólidamente fundamentada y confirmada, inevitablemente ha sufrido dificultades y experimentado una triste decadencia.

Para lo primero – personas enviadas a abrir obra nueva o al campo misionero – recordar la exhortación de Pablo a Timoteo en 2ª. Timoteo 2:15

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”

Para lo segundo – dejar iglesias que se han levantado – cuidar bien de que queden bien arraigadas y que siervos maduros, preferentemente brotados de su propio seno, puedan continuar atendiéndolas debidamente.

Sin querer profundizar demasiado, tengamos en cuenta que confirmar a discípulos o iglesias, como lo hacía Pablo, es mucho más que impartir un curso de discipulado, en el cual se enseñan los principales puntos de doctrina, y las directrices necesarias para el trabajo que se va a hacer. Esta labor, como ya dijimos, sólo la pueden realizar quienes ya hayan dado pruebas de estar ellos mismos bien afirmados, y de ser estables y plenamente responsables.

Además, es totalmente imprescindible que se vea y compruebe que la mano de Dios esté sobre la vida de cada uno que se discipula, forjando su carácter y estableciéndolo firmemente en la fe.

Timoteo se incorpora a la expedición.-

Siguiendo viaje, y siempre abocado a esta indispensable labor confirmatoria, Pablo, acompañado por Silas, arriba a los puntos principales del primer viaje misionero, aunque en orden inverso, yendo ahora más o menos de Este a Oeste, en lugar del sentido contrario que él y Bernabé llevaban en el primer viaje.

Así fue como llegó a conocer al joven Timoteo, del cual los hermanos de Listra e Iconio daban muy buen testimonio.

Así como había reconocido en Antioquía los quilates y las virtudes de Silas, Pablo ahora reconoce en Listra el rico potencial que había en Timoteo.

Quiso Pablo que éste fuese con él…” (16:3) Nótese otra vez el aumento en la iniciativa y el liderazgo de Pablo

Algunos han tomado esta incorporación de Timoteo a la expedición, como un reconocimiento apostólico hacia su persona. Creemos que esto no fue así, y que hay sobrada evidencia en sentido contrario.

El único versículo que podría dar algún apoyo a la postura de que Timoteo era apóstol es 1ª. Tesalonicenses 2:6

…ni buscamos gloria de los hombres, ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.”

Pablo escribió esta carta en nombre suyo, y de Silas y Timoteo, según el versículo inicial de la misma. Él y Silas de hecho eran apóstoles, y habría sido engorroso y de no muy buen gusto, hablando en plural como lo estaba haciendo, poner la salvedad de que ellos dos sí eran apóstoles, pero Timoteo no.

No obstante, tenemos 2ª. Corintios 1:1 y Colosenses 1:1, donde Pablo, tras presentarse a sí mismo como “apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios” se cuida bien de no hacerlo extensivo a Timoteo, agregando en cambio y el hermano Timoteo.”

Sin querer desmerecer a este último, ni desconocer sus muchas y buenas virtudes, es evidente por la tónica de las dos epístolas que Pablo le escribió – y esto, unos buenos años más tarde – que seguía siendo un joven muy necesitado de ser fortalecido y de recibir buenos consejos.

Además, resulta clarísimo que a los dos apóstoles que le acompañaron en el primer y segundo viaje misionero – Bernabé y Silas respectivamente – y a ningún otro auténtico apóstol, les hubiera escrito en los términos en que lo hizo a Timoteo. Eso nadie lo podrá negar con buen fundamento, pues a un verdadero apóstol nadie le tiene que exhortar, por ejemplo, a que huya de las pasiones juveniles, como lo hace en 2ª. Timoteo 2:22.

El hecho de que Pablo decidió circuncidar a Timoteo – que no lo había sido por ser su padre griego – muestra cuán arraigadas estaban las costumbres y tradiciones del pueblo de Israel entre los judíos de esas regiones, y también, desde luego, en todo otro lugar.

En su recorrido por las diversas ciudades donde ya había iglesias, iban entregando las ordenanzas acordadas por los apóstoles y ancianos en el concilio de Jerusalén. (16:4)

Esto, sin duda alguna tenía una decidida virtud confirmatoria, como se desprende claramente del versículo siguiente, que ya hemos citado anteriormente, pero desde una perspectiva algo distinta.

Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día.”

De esta forma, se daba un rotundo mentís a los judaizantes que habían ido sembrando su enseñanza, tan equivocada y maliciosa.

La afirmación de que, como resultado, “las iglesias eran confirmadas en la fe y aumentaban en número cada día” nos presenta un panorama muy halagüeño y satisfactorio.

Desmentida y desvirtuada totalmente la doctrina de los judaizantes, quedaban afirmados y fortalecidos en la gracia y las verdades que habían absorbido en un principio, y este estado espiritual tan saludable, les permitía alcanzar un significativo crecimiento numérico.

De esto último se nos dice que acaecía cada día. ¿Podemos colegir entonces que se reunían para adorar, enseñar y anunciar el evangelio a diario, como lo hacía, por ejemplo, la iglesia primitiva de Jerusalén, según los Hechos 5:42, como ya hemos visto?

No necesariamente, aunque por cierto que tampoco se puede descartar por completo. Lo que sí es evidente, es que Dios estaba con ellos, y con reuniones todos los días, o bien solamente algunos días de la semana, la comunión vital de los santos y el testimonio del evangelio a los no convertidos, fluía a diario de una forma sana, robusta y fructífera.

La “agenda” de Pablo y sus compañeros.-

Al comenzar el segundo viaje, sin duda estaba en el ánimo de Pablo, como primera meta, visitar las iglesias ya existentes en Siria y Cilicia, y también las levantadas en la zona de Galacia en el primer viaje, con el fin, como ya hemos visto, de fortalecerlas y consolidarlas. La forma en que acometió esa labor, junto con Silas que lo acompañaba, ya la hemos comentado.

Resulta de particular interés e importancia considerar ahora los pasos siguientes dados por él y sus acompañantes, recordando que además de Silas, ahora tenía consigo al joven Timoteo y también a Lucas. No sabemos en qué punto preciso este último se agregó a ellos, pero por el verbo en la primera persona del plural – procuramos – en el versículo 10 del capítulo 16 en que estamos, sabemos que, por lo menos a partir de Troas -y probablemente desde antes – Lucas ya estaba con ellos.

Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se los permitió.” (16:6-7)

Vemos con toda claridad que no tenían un plan preconcebido – como por ejemplo, plantar mil iglesias en el territorio no evangelizado aún, de la vasta zona al Norte de donde habían llegado anteriormente.

En cambio, había una evidente dependencia del Espíritu Santo, buscando entrar en Su programa, estando ellos claramente desprovistos de un programa propio.

Esto último no suponía quedarse inertes y pasivos hasta que se les revelase adónde tenían que ir. Seguramente encomendándose en oración a la guía divina, avanzaban según la ocasión y las circunstancias se lo permitían, pero con el deseo y la fe de que el Señor les cerrase las puertas que no entraban dentro de Su voluntad, y les abriese las que correspondían a la misma.

Al parecer, lo primero que consideraron fue trasladarse a la importante provincia del Asia, al Oeste de donde estaban, pero el Espíritu les indicó con toda firmeza que no debían hacerlo.

Da bastante que pensar la forma enfática en que Lucas lo consigna:

...les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia.”

Quizá la inclinación de ellos en tal sentido haya sido muy fuerte, y de ahí la negativa tan categórica por parte del Espíritu.-

Cabe puntualizar, de paso, que esta negativa era porque en el reloj de Dios no había llegado aún la hora para Asia, la cual, no obstante, llegó – ¡y de qué forma! – al tiempo del tercer viaje de Pablo.

Descartada Asia, que como decimos se encontraba al Oeste, y habiendo llegado a Misia, intentaron desplazarse hacia Bitinia, al Noreste, pero se encontraron con que otra vez el Espíritu les cerraba el paso.

Así las cosas, continuaron viaje en sentido contrario, hacia el Noroeste, llegando al punto final de todo ese vasto territorio – Troas, que se encontraba sobre el mar.

Fue allí que se le mostró a Pablo en visión cuál era el próximo lugar al que ellos debían ir: – Macedonia. Los tres compañeros de viaje – Silas, Timoteo y Lucas – concordaron con él y en seguida se pusieron en marcha, llegando a Filipos, la ciudad principal de Macedonia, vía Samotracia y Neápolis.

Observando el mapa, llegamos a una conclusión interesante y que nos debe, a la postre, resultar muy alentadora. En efecto: si bien en la trayectoria previa a partir de Antioquía de Pisidia, no sabían a ciencia cierta adónde debían ir, el recorrido que siguieron en ese proceso de buscar la voluntad de Dios estaba, en general, bien encaminado hacia Troas. De esta manera, no hubo pérdida innecesaria de tiempo, ni muchos kilómetros hechos en sentido contrario al del lugar al cual el Señor los quería llevar.

Avanzaban, como hemos dicho, seguramente encomendándose a Dios, y en ese prohibirles ir a Asia primero, y no permitirles pasar a Bitinia después, sin que ellos lo supieran, el Espíritu los estaba ciñendo a lo que puede haber sido la ruta más corta y directa, hacia lo que Él tenía por delante para ellos.

Es decir que, en esa sabia economía, en realidad no hubo ni pérdida de tiempo, ni el desperdicio de viajar muchos kilómetros innecesariamente. No estaban plenamente conscientes de ello, pero todo el tiempo estaban siendo encaminados por el rumbo correcto hacia el destino siguiente en el plan divino.

¡Qué hermoso es transitar por este camino de la fe, abandonándose a la maravillosa brújula del Espíritu Santo! ¡Cuán seguro puede estar el corazón que con toda sinceridad prescinde de la programación propia, para abrazar de lleno la divina, de la cual no quedará nunca defraudado, sino sumamente satisfecho!

Sin embargo, reiteramos que en esto no debe haber una “súper espiritualidad”, como de uno que no da un paso hasta que le sea revelado lo que debe hacer, o a dónde tiene que ir. En cambio, valiéndose de las oportunidades que se tienen por delante, y el dictado de las circunstancias que le rodean, uno avanza en busca de la, o las puertas que se abran, desechando al mismo tiempo las que se cierran.

Y por sobre todas las cosas, en todo esto debe haber una meta muy clara:- no el lugar más cómodo, más favorable o que uno prefiera, sino el que verdaderamente sea el de la voluntad de Dios.

Desde luego que la experiencia siempre demuestra palpablemente, que salirse de ese lugar ideal y privilegiado siempre conduce a frustraciones, dificultades y fracasos de mayor o menor magnitud, según las circunstancias de cada caso.

En su larga aunque modesta trayectoria, el autor, en numerosas ocasiones se ha encontrado con que el Señor le ha desprogramado predicaciones que pensaba dar, o el ir a lugares que pensaba visitar, dándole en cambio otros temas y llevándolo a lugares distintos, a veces inesperados o nuevos. No vacila en asegurar que siempre ha sido para él un deleitoso privilegio el verse desprogramado por el Señor.

De ninguna manera cambiaría el desenvolverse de esta forma, por la rígida planificación propia, que sabe muy poco o nada de vivir y actuar en tierna dependencia del Espíritu de Dios.

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