CAPÍTULO 15 – Tercer viaje misionero de Pablo.

Como ya adelantamos en el capítulo anterior, Pablo comenzó solo su tercer viaje misionero.

No hemos de tomar esto como una violación del principio, más o menos general, que el Señor estableció al enviar los discípulos de dos en dos.

Existen, entre otros, dos precedentes importantes en el Nuevo Testamento de siervos enviados individualmente, es decir, sin estar acompañados. Uno es el de Bernabé, comisionado para ir de Jerusalén a Antioquía de Siria, a poco de surgir la iglesia en ese lugar. El otro es el de Apolos, que con el beneplácito y una carta de recomendación de los hermanos que se encontraban en Éfeso, se dirigió solo a la región de Acaya, donde su ministerio fue de gran provecho.

En ninguno de los dos casos – ni el de Pablo en esta oportunidad del comienzo de su tercer viaje – encontramos indicio alguno de que hayan estado fuera de lugar, o de la voluntad de Dios al viajar solos, o que lo hacían con la desaprobación del Señor.

La experiencia nos enseña que, mientras hay cosas rígidas e inamovibles, como ser tinieblas – luz, pecado o santidad, incredulidad o fe, etc. en normas de procedimiento, por así decirlo, hay un grado de flexibilidad que nos permite adaptarnos a las circunstancias y actuar conforme a los recursos conque contamos.

Antes de emprender este tercer viaje, se nos dice que Pablo estuvo por algún tiempo en Antioquía, que era su base de operaciones.

Por una parte, habría la necesidad de un buen descanso, para reponer energías después de tanto viajar. Pero por la otra, era una ocasión propicia para hacer un alto en el camino y reflexionar sobre lo mucho logrado y aprendido hasta este punto, y buscar a Dios en oración para proyectarse hacia adelante, con miras a lo que el futuro del Señor le deparaba.

En esto debemos tener en cuenta su edad, ya algo avanzada, y el desgaste de su organismo físico, tanto por lo sufrido en su cuerpo por las muchas persecusiones que había padecido, como por su prodigarse tan generosa e intensamente, derrochando toda su fuerza y energía en el ministerio.

Por todo ello, uno admira su firme determinación de seguir en primera línea de combate, y su gran valentía de emprender este tercer viaje solo.

Los peligros de enfermedad, agotamiento físico, ladrones que podrían estar al acecho, y saber que todavía le aguardarían nuevas persecusiones, de ninguna manera podían afectar e intimidarle, cediendo a la tentación de desistir y quedarse en Antioquía para disfrutar de mayor seguridad y comodidad.

Qué ejemplo para nosotros, los siervos del Señor de la actualidad!

…salió recorriendo por orden la región de Galacia y Frigia, confirmando a todos los discípulos. (18:23)

Ésa fue su primera meta. Las palabras recorriendo por orden nos hablan de un ir de un lugar a otro de forma metódica y atinada. Consciente de la necesidad de cada iglesia, y procurando seguir en el sentido geográfico de cada localidad para evitar hacer kilómetros demás e innecesariamente.

Confirmando a todos los discípulos” denota su derroche de energías, amor y bondad para con todos los santos y su deseo ferviente de que todos fuesen fortalecidos firmemente en la fe.

No podemos menos que hilvanar esto con lo que un tiempo más adelante escribió a los Colosenses:-

…Cristo en vosotros la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús, a todo hombre, por lo cual trabajo luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.” (Colosenses 1:28-29)

Sin extendernos demasiado sobre cómo realizaba esa labor confirmatoria tan importante, ya que hemos puesto bastante sobre el particular con anterioridad, añadimos sólo un breve comentario.

El mismo se basa en la cita de Colosenses que hemos puesto más arriba. Por ella vemos que no se trataba meramente de impartir una prédica, con doctrina y exhortación para ese fin.

En cambio, había un poder que actuaba poderosamente en él, llevándolo a mayores profundidades y alturas de las virtudes y las glorias de Cristo, que él sabía que eran inagotables e infinitas.

Ese poder, que como él mismo afirma, actuaba poderosamente en él, se comunicaba también a los demás – con sus palabras – su hablar, su enseñanza, su exhortación y amonestación.

Y cuanto más escalaba posiciones y crecía en la gracia y las virtudes de Cristo, más capacitado se sentía y sabía para transmitirlas con efectividad a otros.

Que entendamos bien esto – no se trataba ni se trata meramente de adoctrinar y enseñar, ya sea oralmente o por escrito: el desarrollo y la maduración de uno mismo deben ir de la mano de todo esto, para conferirle verdadero peso y sustancia.

El pasaje comprendido entre los versículos 24 al 28 del capítulo 18, nos da un importante paréntesis. El mismo nos presenta la figura de Apolos, cuyo ministerio Pablo lo definió más tarde en 1a, Corintios: 3:6-7 “…como el que riega…” algo que creemos que muchos no lo valoran debidamente,

No nos detenemos aquí para considerarlo en detalle, para no perder el hilo, pero debido a su gran importancia, trataremos de hacerlo de forma detenida más adelante.

El capítulo 19 de Los Hechos nos dice que mientras Apolos estaba en Corinto, Pablo, tras recorrer las regiones superiores adyacentes a la costa nórdica de lo que hoy es Turquía, pasó a Éfeso, en la zona que entonces se conocía como Asia.

En el segundo viaje recordaremos que el Espíritu Santo les prohibió a él y sus compañeros de viaje predicar en Asia.

Más ahora, llegado el tiempo para toda esa región “ en el reloj divino”, por así decirlo, Pablo se detiene en Éfeso por tres largo años.

Es su estancia más prolongada que se nos consigna en Los Hechos. En ningún otro punto de sus viajes misioneros se detuvo por un tiempo tan largo,

Éfeso iba a ser el escenario de lo que bien podríamos llamar la obra magna – en el Señor, por supuesto – de su fecunda y maravillosa obra misionera,

El comienzo lo muestra encontrándose con una docena de discípulos, en los cuales pronto advierte la falta del Espíritu Santo. Al preguntarles si lo habían recibido después de haber creído, por la respuesta que recibió, comprendió que sólo habían sido enseñados sobre el bautismo de Juan Bautista para arrepentimiento.

Es muy posible que hayan sido discípulos de Apolos, quien estando en Éfeso, en un principio, sólo contaba con ese conocimiento parcial.

Al hablarles Pablo de Jesús como el Mesías, el Cristo del cual Juan fue el precursor, creyeron y se bautizaron y Pablo les impuso las manos para que recibiesen el Espíritu Santo, dándose en esa ocasión las señales de hablar en lenguas y profetizar. (19:6)

A renglón seguido, se nos dice que fue a la sinagoga y allí habló con denuedo por espacio de dos meses,

No obstante, otra vez se encontró con el endurecimiento obstinado de algunos judíos, que no sólo no creyeron, sino que maldijeron ante la multitud lo que entonces en muchas partes se llamaba “el camino.”

Pasó entonces a la escuela de un cierto varón llamado Tirano, llevando consigo a los discípulos que habían creído,

En ese lugar perseveró predicando por dos años enteros, y el comentario de Lucas sobre el mismo nos habla de por sí y de la mayor elocuencia.

Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.”

Todo indica que esa escuela en que él hablaba a diario, era un lugar de renombre, al cual solía venir mucha gente. Con toda seguridad también estaba operando el Espíritu Santo, atrayendo a hombres y mujeres de todo el entorno para escuchar a este orador tan singular, y acerca del cual y de su prédica se había corrido la voz por doquier.

Del tremendo impacto causado por su predicación del evangelio, el mismo platero Demetrio, aunque enemigo declarado de él, dio un elocuente testimonio.

…pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Éfeso sino también en casi toda Asia, ha apartado a mucha gente por persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos. (19:26)

En tiempos en que el poder de Dios se ha manifestado poderosamente, como resultado de la proclamación de Su palabra, casi siempre se han observado efectos importantes y evidentes en la sociedad.

En este caso el resultado fue que muchos dejaron la idolatría y la magia.

En el avivamiento acaecido en el Sur de Gales en los años 1904 y 1905, por muchos meses no llegó a decirse ninguna mala palabra entre los obreros de las minas de carbón. Los “ponies” (borricos) acostumbrados al mal trato, en un principio no respondían al no ser instigados por el castigo, y tuvieron que habituarse a obedecer órdenes verbales!

Las tabernas cerraban por falta de clientela, y la policía no tenía prácticamente ningún trabajo, por la ausencia total de crímenes, atracos y hurtos.

Qué maravilloso sería que en nuestros tiempos pudiésemos también experimentar semejantes resultados, sobre todo en nuestro mundo occidental, en el cual la delincuencia e inmoralidad abundan hasta llegar en algunas partes a niveles alarmantes.

Como sello que autentificaba con toda contundencia la palabra de Pablo – que reiteramos, era a diario – Dios operó milagros extraordinarios a través de Su siervo. Se nos dice que de sus manos eran llevados pañuelos y delantales a los enfermos, y las enfermedades se iban de ellos, y los malos espíritus también se marchaban.

Notemos que Lucas define su prédica a decir que discutía y persuadía acerca del Reino de Dios, (19:8) y lo mismo se nos dice en cuanto a Felipe en Samaria (8:12) y del Señor Jesús en Su ministerio en Galilea. (Mateo 4:23, 9:35, etc.)

Evidentemente, el corazón o la misma esencia del mensaje era arrepentimiento por el pecado y fe en la obra expiatoria de Cristo.

De esto hay un testimonio abundante en Marcos 1:15, Los Hechos 2:38, 17: 30-31, etc. Además, un tiempo bastante más adelante, al encontrarse con los ancianos en la Isla de Mileto, Pablo mismo resume su prédica de esta forma:

…testificando a judíos y gentiles el arrepentimiento hacia Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo.”

Estos dos, el arrepentimiento y la fe, son sin duda las dos columnas básicas del mensaje de salvación y vida eterna. Diciendo por ejemplo que de esa forma seremos felices, que nos irá bien y prosperaremos, y cosas semejantes, es presentar un evangelio totalmente falso y engañoso.

No obstante, son muchas las ocasiones en que el Señor rubrica Su palabra con señales de sanidad y liberación, que son también ingredientes muy importantes del Reino de Dios, y a las cuales, en una obra anterior, hemos definido como productos derivados del evangelio pleno de la gracia y el Reino de Dios. Éstas señales a veces también suceden en tierras donde nunca se lo ha oído, ni ha llegado la palabra de Dios, como testimonio de que es verídico y de parte de Dios.

Como ya lo señalamos entonces, debemos en nuestra presentación del evangelio, centrarnos en esas dos columnas fuertes, pero confiando a la vez que el Señor añada en Su sabiduría, tiempo y voluntad, esas señales propias del Reino de Dios.

En cuanto al uso de esa escuela de ese varón llamado Tirano, algunos han tratado deliberadamente de celebrar sus reuniones en alguna escuela alquilada, pensando que al hacer lo mismo que hacía Pablo, tendrían el mismo efecto que con él!

Por supuesto que hay también los que usan los salones de alguna escuela, sencillamente por resultarles más conveniente o económicamente viable – desde luego, no nos estamos refiriendo a casos como esos.

Lo mismo también puede ser en cuanto a enfermos, necesitados y afectados por demonios, valiéndose de pañuelos, delantales y demás prendas de vestir.

Lo que hay que comprender es que el secreto no está en el método que se emplea, sino en el poder del Espíritu Santo. Usar los sistemas o medios que otros han usado con buenos resultados, no garantiza de modo alguno que quienes lo hagan obtengan los mismos logros.

Lo esencial y fundamental es ser dirigidos por el Espíritu de la forma que debemos acometer nuestro servicio, sabiendo que si Él está presente en el método en que procedamos, el mismo ha de prosperar. Por otra parte, aunque apliquemos lo que consideramos el mejor método de encauzar las cosas, si el Espíritu divino con Su soplo vivificante no está presente, de poco o nada nos valdrá.

Sin dejar de valorar toda la bendición y el poderoso impacto de los dos viajes misioneros anteriores, estimamos que lo acontecido en Éfeso, y casi toda la región del Asia de ese entonces, durante los tres años que Pablo estuvo allí, lo sobrepasa de manera harto evidente.

Es normal y lógico que así haya sido. Su persona y estatura espiritual en Cristo, a esa altura estaba en un nivel superlativo de experiencia y maduración, y en consonancia con ello, los frutos de su ministerio guardaban una estrecha relación.

Detallamos someramente los puntos principales de la manifestación de la obra de Dios en Éfeso en ese entonces.

1) Conversión al Señor y el mensaje del evangelio de un número considerable de personas. Aclaramos, entre paréntesis, que no estamos hablando de miles de personas que hicieron profesión de fe, alzando la mano, rellenando una tarjeta o de otra forma externa, pero que más tarde, el resultado en términos de verdaderos creyentes que perseveraban en la fe fue prácticamente cero.

Por lo contrario, estamos hablando de conversiones auténticas de gente realmente transformada, y que continuaban perseverando en el nuevo camino de la fe que habían emprendido.

2) Convicción profunda de pecado por muchos que habían creído, y que sentían la gran necesidad de venir a desahogarse, viniendo a confesar sus pecados y dar cuenta de sus turbios caminos anteriores. (19: 18)

3) Esto incluía el traer libros de la magia, (y seguramente de otras ramas del ocultismo también) y quemarlas públicamente, como expresión de su abandono total de estas prácticas tan nefastas. (19:19)

4) Milagros de sanidad y liberación de malos espíritus. El hecho de que Lucas los califique de “milagros extraordinarios” denota claramente que eran manifestaciones sobresalientes y muy poderosas, que iban más allá de lo que sucede en el curso normal en la vida y el curso habitual de una iglesia.

5) El Espíritu Santo, impartido por la imposición de manos de Pablo, acompañado, en ese caso, por señales de lenguas y profecía.

6) El impacto contundente en la sociedad de casi toda la región, al dejar de lado la idolatría mucha gente. La misma proliferaba en gran manera en ese entonces, dando grandes ganancias a los plateros y artífices, quienes reaccionaron violentamente contra Pablo y “el camino” (19:23) al ver que sus ventas mermaban considerablemente.

7) Persecución por parte de los judíos que no creían, y como queda dicho, también de los plateros y artífices.

Para el logro de tales resultados, no hay constancia alguna de que Pablo y sus colaboradores, hayan empleado los medios y las tácticas de confrontar a los demonios, al hombre fuerte o la diosa pagana de la zona, etc., que están tan en boga en algunas partes en la actualidad.

En el versículo 20 del capítulo 19 se nos dice cuál era el arma principal.

Así crecía y prosperaba poderosamente la palabra del Señor.”

A esto indudablemente hay que agregar la oración. Aunque no se la mencione explícitamente, sabemos que la misma ocupaba un lugar absolutamente prioritario en la vida y el ministerio de Pablo.

También debemos añadir aquí algunas reflexiones sobre el hecho de que Pablo se detuvo en Éfeso por tres largos años, es decir, por más tiempo que en todos los puntos visitados con anterioridad.

En su espíritu le bullía desde un principio, una profunda fervorosa y profunda inquietud por alcanzar las almas perdidas, y esto sin duda le impulsaba a avanzar con urgencia a otros lugares no evangelizados.

Así notamos que en su primer viaje, acompañado por Bernabé, estuvo en Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe entre otras ciudades. Aunque no se nos dice exactamente cuanto tiempo estuvo en cada lugar, ( a excepción de Iconio, donde se quedaron un buen tiempo,) el panorama que tenemos es el de una urgencia que casi diríamos rayaba en prisa, y en el viaje de regreso constituyeron ancianos en cada lugar.

No obstante, haciendo a esta altura un análisis retrospectivo, pesaría en su espíritu que algunas iglesias – las de Corinto y Galacia, por ejemplo – no habían mostrado la solidez y consistencia que cabría esperar.

El hecho de que en el tercer viaje se detuvo en Éfeso por tres largos años, donde el Señor le había abierto una puerta grande y eficaz, nos da que pensar.

Aunque se trata de una conjetura nuestra, creemos que muy posible y probablemente, tras ese análisis retrospectivo había llegado a la conclusión de que debía templar en algo esa urgencia de llegar a puntos no evangelizados, y equilibrarlo con la necesidad de fortalecer y cimentar las iglesias con mayor solidez.

De hecho, esto yo pulsaba en su ánimo al principio de su segundo viaje (Los Hechos 15:41 y 16:5 y también el del tercer viaje. (18:23b)

Sin embargo, leyendo sus palabras de despedida a lo ancianos de Éfeso en la Isla de Mileto, vemos cómo en Éfeso extremó al máximo sus esfuerzo por fortalecerlos y confirmarlos.

Sintetizando, entresacamos del pasaje de Los Hechos 20: 17-38 las partes más destacadas en este aspecto particular.

1) No retuvo nada que fuese provechoso para ellos, mostrando y enseñando públicamente y en las casas de cada uno. (20: 20)

2) No rehuyó darles “todo el consejo de Dios”, con toda la vasta gama que encierra. (20:27)

3) Por el espacio de tres años no cesó de amonestar y alertar a cada uno de día y de noche con lágrimas. (20: 31)

4) Les instó a velar y tener mucho cuidado, advirtiéndoles que después de su partida vendrían algunos como lobos rapaces buscando atacar y destruir la grey. (20:29)

5) Los encomendó al Señor y a la palabra de Su gracia, la cual los podía edificar y dar herencia eterna junto a todos los santificados. (20: 32)

Además de todo esto, agregamos algunas medidas que tomó posteriormente para reforzar todo lo anterior.

6) Encomendó a Timoteo que se quedase en Éfeso para cuidar que no se enseñase doctrina diferente, y dándole directivas de cómo debía conducirse en la iglesia, velando por el buen orden, la disciplina, la santidad, etc.(1a. Timoteo 1:3) y en general todo el resto de la epístola.

7) Escribió desde la cárcel en Roma la maravillosa carta dirigida a ellos, la cual es, sin duda, una fuente riquísima de verdades, principios y consejos prácticos en todos los niveles.

8) Oraba sin cesar por ellos. (Efesios 1;16)

Ahora bien, entre 35 y 40 años más tarde, habiendo partido el apóstol Pablo a la presencia del Señor, Jesús le escribe al ángel de la iglesia en Éfeso.

Verdad es que le amonesta y reprende por haber dejado su primer amor, (Apocalipsis 2: 4-5) No obstante, veamos lo que les dice en el resto de la carta.

Yo conozco tus obras y trabajo y paciencia, y que no puedes soportar a los malos, y haz probado a los que se dicen seer apóstoles y no lo son, y los has hallado mentirosos, y has sufrido y tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado,”

Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco…” (Apocalipsis 2: 2 y 6)

Creemos que cualquier pastor, o grupo colectivo de liderazgo, se daría por muy satisfecho y favorecido si después de un buen tiempo de pastoreo, pudiese contar con una iglesia que reuniese semejantes cualidades y virtudes.

O planteándolo de otra manera, después de haber trabajado cualquiera de nosotros en un lugar determinado, por un tiempo, levantando por la gracia de Dios una iglesia con nuestros mejores esfuerzos y recursos: ¿cómo esperaríamos encontrarla después de 35 40 años?

Verdad que es una pregunta muy punzante, que nos lleva a reconocer y admirar la prodigiosa y fructífera labor de Pablo en Éfeso.

Volvemos a lo dicho anteriormente: fue la obra magna de todo su fecundo y ejemplar trabajo misionero.

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