Volviendo a las Fuentes Primitivas

Introducción

Concluida nuestra obra anterior, ahora pasamos a otra, con el título que figura arriba, y que muy bien podría ser “Volviendo a las Fuentes Primitivas,” lo cual le daría quizá un sello de más distinción, en cuanto a su pureza inicial.

De todos modos, pasamos a señalar que la obra está dividida en tres partes, a saber, la Primera, la cual, en general, se centra en el libro de Los Hechos, la segunda en la persona y el ministerio del apóstol Pablo, protagonista principal del libro a partir del capítulo undécimo.

Por último, la tercera, en que se comentan las dos grandes oraciones de Pablo, contenidas en los capítulos 1 y 3 de su epístola a lo efesios.

Las dos primeras, no pretenden presentar un estudio completo y detallado, ni del libro de Los Hechos, ni de la vida de Pablo. Otros ya lo han hecho mucho y muy bien, tanto lo uno como lo otro.

En cambio, buscamos extraer y desgranar los principios y verdades cardinales que se encuentran en ambos, en cuanto a la vida cristiana a nivel individual y congregacional, y sobre todo, en cuanto al ministerio en general.

Creemos firmemente en que en ellos, como así también desde luego, en los evangelios y el resto del Nuevo Testamento, el Espíritu Santo nos ha presentado bases inamovibles, la cuales deben ser normativas para todo hijo y siervo de Dios, en esta dispensación de la gracia en que nos encontramos.

Esas bases inamovibles, como se comprenderá, constituyen el aspecto que podríamos denominar de fondo de todo esto.

El otro aspecto – el de forma – evidentemente podrá variar considerablemente, merced a diferencias culturales o circunstancias distintas, que imponen costumbres de actuar

y funcionar de la maneras más diversas, en diferentes países y a diferentes etapas de la historia.

Con todo, estas últimas – las de forma – deberán necesariamente tener su apoyo claro y firme en las primeras – las de fondo – sin contrariarlas en lo más mínimo, ni desviarse en absoluto de ellas, si es que se ha de edificar con solidez, y en busca de resultados positivos y duraderos.

Naturalmente, no suponemos que por la mera aplicación de estas bases y principios que hemos de considerar, se han de lograr los mismos resultados, ya sea en cuanto al crecimiento de la iglesia primitiva, o en el orden numérico, o a los prodigios y milagros que se experimentaron en aquel entonces.

¿Qué utilidad o provecho podrá tener este estudio entonces?

En primer lugar – el de presentar normas claras y bíblicas para el cultivo y desarrollo de la vida, tanto a nivel personal y colectivo, ya sea para siervos de Dios que se inician, o ya están involucrados en el ministerio – presentar, según decimos – lo que es sin lugar a dudas el modelo que Dios nos ha dado, tanto para lo uno como para lo otro. Esto, a la vez, al haberlo comprendido y absorbido correctamente, les permitirá desechar normas extrañas o antibíblicas, lo que les evitará los quebrantos y desengaños que a la postre las mismas acarrean.

En segundo lugar, aplicando esas verdades y principios, podrán con buena base buscar la bendición de lo alto, a fin de que ese soplo vivificante y esa unción santa y sagrada del Espíritu Santo, les confiera virtud divina, y así prosperen y rindan fruto y maduración efectiva.

Ese fruto y maduración no coincidirá ni con lo experimentado por la iglesia del primer siglo, ni probablemente con lo que otros han visto y oído en el pasado posterior al mismo.

En cambio, tanto el fruto como la maduración, traerán resultados que responden al propósito particular de Dios para cada situación o ministerio en particular.

El soplo y la inspiración del Espíritu Santo son totalmente indispensables, y desde luego que no nos hacemos ninguna ilusión – sin ellos, estos principios y verdades serán una mera teoría, correcta y bíblica, pero falta de la vida y vitalidad que sólo puede acordar el Espíritu de vida en Cristo Jesús.

En cuanto a la tercera parte, en ella nuestra consideración de esas dos grandes oraciones de Pablo, ha de ser más minuciosa y detallada.

Las mismas contienen un vasto caudal que nos abre horizontes muy vastos, y también nos presenta pautas, no sólo en cuanto a la oración, sino también a muchos otros aspectos de la inagotable gama del pleno consejo de Dios.

Confiamos que tanto las dos primeras partes, como esta tercera, puedan resultar un aporte útil y provechoso para el lector u oyente, para aclarar conceptos, vislumbrar correctamente las directrices que se han de seguir, y al mismo tiempo, ampliar su visión y agudizar su discernimiento en cuanto a lo auténtico y genuino y lo que no lo es.

Al acometer este trabajo lo hacemos con una doble oración.

Por una parte, que el Señor nos conceda en cuanto escribamos, luz y claridad para no poner nada que no sea trigo limpio, o que tenga carácter dudoso, antes bien, que esté en real consonancia con la verdad bíblica, acompañada del hálito y la inspiración divina.

Por la otra, que nuestra obra, por la providencia celestial, caiga en manos de lectores sinceros y ávidos, que sean tierra fértil en la cual la semilla de las verdades y principios que encontrará en sus diversos capítulos, germine favorablemente y dé un fruto valioso y duradero.

De ser así, aun cuando de mucho de ello no nos lleguemos a enterar hasta el más allá, igualmente nos sentiremos plenamente recompensados por nuestro privilegiado esfuerzo de escribir sobre este tema tan saturado de verdades celestiales.

F IN